El cuerpo de la comunidad

Ensayo

El cuerpo de la comunidad

Paúl Peñaherrera C.

Número revista:

6

Tema dossier

Uno de los grandes paradigmas de la modernidad fue consolidar el proyecto de privatización. Para esto, se construyó un mega relato que sustentó la narrativa del hombre blanco como dominador hegemónico de la naturaleza. Dentro de la idea de poder y sometimiento del entorno se encontraba el cuerpo femenino y de las comunidades subalternizadas. Con el objetivo en mente de poseer y ser los dueños del cuerpo, concibiéndolo como propiedad privada, se inició un proceso pedagógico; es decir, una educación que imponga en el imaginario social un pensamiento único para disociar la relación complementaria que existía entre el cuerpo y la comunidad.


El modelo hegemónico necesitaba de tres ejes fundamentales para su consolidación. Estos fueron: la familia adoctrinando al cuerpo femenino como propiedad privada del padre, en primer lugar, y luego del esposo; el Estado creando leyes para que el cuerpo de hombres y mujeres de comunidades ancestrales y afrodescendientes le pertenezca al patrón; y, la iglesia, imponiendo la idea de pecado para someter la sexualidad y fortalecer un pensamiento patriarcal y dominante. En Latinoamérica y en Ecuador, la literatura fue un medio esencial, en algunos casos para adoctrinar y apoyar el proyecto de privatización corporal. De esta manera, la familia, el Estado y la iglesia utilizaron el arte como un elemento moralizador de la sociedad; y en otros, para hacer visible este proyecto, denunciar y resistir al modelo construido desde una élite colonial.


La palabra se convirtió en el arma para construir en el imaginario social la concepción binaria de que el cuerpo es malo y el alma es buena; al mismo tiempo, la palabra fue resistencia ante el proyecto privatizador de la modernidad. Deconstruir el concepto de arte, bajo el paradigma de la transgresión a las normas establecidas por la estética y la ética, se convirtió, a inicios del siglo XX, en una vía alternativa para combatir a la homogeneidad y hegemonía impuesta. La vanguardia rompe con el modernismo y concibe realidades otras que influyen hasta ahora.


La Familia


El cuerpo de la mujer fue sometido al espacio privado del hogar, dentro de este espacio, las normas de conductas eran dictadas por el padre o el esposo; en este sentido, se legalizó la privatización corporal femenina. La posesión efectiva, término violento, se daba como una transacción similar a la apropiación de la tierra, sea heredada, adquirida o arrebatada. El concepto que primaba en el consciente social era de un intercambio justo de bienes.


Mientras el hombre tomaba el cuerpo de la mujer y lo hacía suyo, dentro del hogar se producía un efecto empático que promovía un cuerpo de comunidad; las mujeres se sostenían, se acompañaban y se consolaban. El cuerpo de una mujer violada, embarazada o que abortara parecía como si se somatizara en el de todas. La menstruación, el dar de lactar y el parto no eran elementos individuales sino de la comunidad femenina formada, y que rompía el paradigma principal de la privatización.


En la literatura latinoamericana los ejemplos de estos dos espacios sobran. La violación en un momento determinado fue el leitmotiv de las tramas de novelas realistas. Salvador Izquierdo, en El nuevo Zaldumbide (2019), lo ejemplifica de forma sublime y critica esa literatura que normalizó el estupro a inicios del siglo XX. Las imágenes que presentan estos escritores se referían a violaciones perpetradas por los esposos a sus conyugues o a mujeres que formaban parte del espacio privado concebido como hogar, bajo el paradigma de la impunidad y de la hombría.


Por el otro lado, la literatura también rompió el ideal de mujer sumisa. Visibilizó a un cuerpo que formaba parte de una comunidad y resistía al proyecto de privatización de la modernidad. Tal es el caso de ‘El Cholo de la Atacosa’, cuento de Demetrio Aguilera Malta, publicado en Los que se van (1930). La concepción de pertenencia y de valor que se le otorga al cuerpo, en el relato, se relaciona con una noción de propiedad.


Para entender el enfrentamiento que existe en el uso de estos conceptos de propiedad, objeto y mercancía es fundamental reflexionar sobre el cuerpo de la mujer como un territorio de posesión masculina, legalizado por el patriarcado. La mujer (como el campesino o las comunidades originarias que trabajan en la hacienda) y su espacio de vida sufren un proceso de apropiación y se convierten en mercancía.


A partir de esos cambios, el cuerpo de la mujer entra en la lógica del mercado y el capital que se fundamenta en relaciones desiguales. En la modernidad la tierra deja de ser espacio de vida y se transforma en propiedad productiva. Esto implica que sus habitantes pasen por procesos de desarraigo y de aniquilación de sus saberes culturales y económicos.


La Atacosa se mueve en una paradoja. Acepta ser parte de ese mundo mercantilista, ofreciendo su cuerpo como mercadería, pero se resiste a la lógica de pertenecer a un solo hombre, como mandan las buenas costumbres; por el contrario, el hombre le pertenece a ella, según indica el título del cuento.  La resistencia viene de adentro, pues ser prostituta es su decisión, encuentra en este oficio una forma alternativa de libertad y comunidad ante una sociedad construida y constituida desde lo masculino.


De esta manera, la prostitución se de-construye en el texto, rompe la carga que la juzga bajo parámetros morales y culturales y adquiere un nuevo significado, basado en la libertad de elección de decisiones de una comunidad femenina. Al romper la lógica del capital, que enmarca a la prostitución como un servicio de intercambio de sexo y placer por dinero, se vuelve relevante el pensamiento de saberes diversos; ya que el dinero no define al ser humano.


La familia y sus roles fueron criticados y se deconstruyó bajo nuevos paradigmas.


El Estado


La palabra es ley y el privatizador de la palabra fue el poder, encarnado en la idea de la Nación moderna constituida por héroes hombres blancos mestizos, criollos y dirigida por caudillos mesiánicos. Esas leyes les dieron atribuciones sobre la tierra y la naturaleza y todo lo que habitaba en ella. Las comunidades ancestrales y los afrodescendientes, dejaron de tener poder sobre su cuerpo y se constituyeron en propiedad privada, mercancía del dueño de hacienda o del Estado.


La literatura ecuatoriana recoge este evento de posesión efectiva sobre una comunidad, en la novela de Alfredo Pareja Diezcanseco La hoguera bárbara (1943); cuando el caudillo, Eloy Alfaro, busca construir esa obra monumental del tren, como parte de ese proyecto de modernización del Estado Nación. Los hacendados, cansados de la muerte de indígenas en la construcción, deciden no “prestar más mano de obra”; por esta razón se contrató, o más bien, se compró a más de 4 mil afrodescendientes jamaiquinos que llegaron como carne de cañón a morir en la sierra ecuatoriana. El Estado legalizó y expropió los cuerpos de la comunidad para privatizarlos; como concluye Kim Clark (2001) en su estudio sobre la construcción del tren en el Ecuador.


La historia que se refiere a la edificación del tren más difícil de la Tierra, reflexiona, igualmente, sobre el poder de resistencia de las comunidades involucradas en su construcción. La lucha por la libertad, no desde la perspectiva del individualismo, sino desde la necesidad de conformar comunidades fuertes. Esta reflexión sustenta la idea de los primeros sindicatos y uniones campesinas, con la aspiración de impedir el proceso privatizador que les convertía en seres individuales que pertenecían a los terratenientes. Este pensamiento logró consolidar el gran cambio de la historia del siglo XX que se visibiliza con el levantamiento indígena campesino de la década de los 90. El cuerpo se configura en una comunidad unidad que lucha.


La resistencia del cuerpo de la comunidad ancestral campesina, creada por medio de sindicatos y uniones, se consolida en la huelga de 1922; hecho que se describe en el texto de Joaquín Gallegos Lara, Las Cruces sobre el agua (1946) y la poesía de vanguardia de Hugo Mayo, textos que rompen el imaginario de libertad que se construía desde lo privado. Muestran un mundo injusto, violento donde el trabajo se corrompe y pocos se hacen millonarios, mientras el resto muere de hambre.


El proyecto de privatización de la modernidad se pone en duda, cuando el cuerpo regresa a ser parte de una comunidad.


La Iglesia


El pecado original, la manzana, la serpiente, el sexo; todos estos temas son parte de una gran narrativa que busca infundir el temor en la gente, dominar y facilitar el ingreso al sistema de privatización de la modernidad. El paradigma de sufrir en la Tierra, para tener vida eterna, conforma un imaginario que romantiza la pobreza y justifica la esclavitud del cuerpo y el sometimiento de la carne.


Estos mega relatos posicionan en el imaginario el cuerpo de la santa que le pertenece a Dios y a la Iglesia. En Ecuador, el caso de Marianita de Jesús, retratada en un sin número de obras literarias y configurada, desde lo oral, demuestra esa privatización del cuerpo en torno a la iglesia. Además de apropiarse, la Iglesia sirve como aparato de represión. La educación sexual, la obligación de que existan matrimonios dentro de las comunidades ancestrales, la imposición de la monogamia, son constructos sociales de dominio.


La sociedad latinoamericana y la ecuatoriana, constituidas bajo una lógica colonial, interpretaron y establecieron lo bueno y lo malo, lo legal y lo ético. Estas normas promulgadas desde el proyecto de privatización de la modernidad, no fueron producto del consenso; la violencia física y simbólica fue utilizada para que se aceptara una única forma de entender el mundo, el espacio y los seres que habitan en él, a las que recurrieron familia, Estado e Iglesia para imponer su visión. De esta manera, se reprodujo la conquista y la colonización de las comunidades y, simultáneamente, germinó la resistencia como alternativa para preservar una cosmovisión propia, con métodos violentos, desde la palabra. En este choque, tanto la cultura dominante como la cultura sometida se influencian y dan paso a formas alternativas de entendimiento.


Los textos de José de la Cuadra desde Los Sangurimas (1934) hasta El montuvio ecuatoriano (1930), por nombrar dos, son una forma de resistir a la homogeneidad.  Constituye y promueve un levantamiento epistémico contra esa tradición y es parte fundacional del proyecto de descolonización, en el cual se encuentra América del Sur, proceso que se pone de manifiesto, en los más de 500 años de resistencia de las comunidades subalternizadas. Sus textos violentan a los saberes morales impuestos, tanto desde el Estado, desde la familia, como desde la Iglesia. De-construyen la noción de moral y la relativizan, accediendo a formas de vida diversas y a visiones alternativas y múltiples.


A modo de conclusión, el cuerpo de la comunidad es una noción alternativa que resiste al saber hegemónico impuesto a partir de la concepción de privatización creada en la modernidad. Deconstruir el saber del cuerpo y mostrar que existen otros saberes que entiende la relación complementaria entre el cuerpo y la naturaleza fue parte de un proyecto literario en Ecuador y en América Latina.


Este trabajo concibe a la literatura como parte de una paradoja que, simultáneamente, genera un proceso de transgresión, desde la ficción a la tradición ética y estética impuesta en la modernidad. Al mismo tiempo construye un imaginario que crea un Estado Nación bajo el ideal de la modernización. En esta perspectiva, la literatura forja realidades alternativas que visibilizan a la nación a partir de lo hegemónico y de la diversidad, permitiendo la comprensión de la convivencia de comunidades, desde lo heterogéneo en continua crisis con la homogeneidad blanca-mestiza.

Obras nombradas:

Aguilera, M. D., Gallegos, L. J., & Gil, G. E. (2009). Los que se van. Quito: Clásicos Ariel.
Clark, A. K. (2001). The redemptive work: Railway and nation in Ecuador : 1895-1930. Wilmington: SR Books.
Cuadra, J. ., & Robles, H. E. (1996). El montuvio ecuatoriano: (ensayo presentación). Quito: Libresa.
Cuadra, J. . (1986). Los Sangurimas. Quito: La Oveja Negra.
Gallegos, L. J. (1977). Las cruces sobre el agua. S.l.: Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Guayas.
Izquierdo, S. (2019). El nuevo Zaldumbide. Quito, Ecuador: Editorial Festina Lente.
Mayo, H. (2005). Hugo Mayo. Quito, Ecuador: Casa de la Cultura Ecuatoriana "Benjamín Carrión".
Pareja, . D. C. A. (2018). La hoguera bárbara.