El interior y exterior en la construccion

Ensayo

El interior y exterior en la construcción

Josué López

Número revista:

1

El cuento La construcción de Kafka culmina como la mayoría de sus obras, es decir, sin un final claro. Se comprende que el protagonista queda tendido en la plaza fuerte y el sonido del animal enemigo se desvanece, mientras él queda en la agonía de saber si podrá regresar. El topo (como se podría definir al animal que narra su historia) se encuentra en su construcción; pero, ¿se podría decir que se encuentra “adentro”, después de que aquel lugar se convirtió en su martirio? Y, ¿se podría decir que se quedó “afuera”, aun cuando se sabe que tras la madriguera hay un mundo más grande?


El relato comienza cuando el protagonista cuenta acerca de su gran obra y lo tan vasta y grande que es; sus diferentes galerías, las provisiones en la plaza fuerte y la cautelosa salida hacen que sea una construcción formidable. Sin embargo, esto cambia cuando el personaje decide salir de su construcción y, por un momento, vivir en el exterior. Este lapso es muy largo y, en momentos, el personaje encuentra una comodidad en el exterior que no la encontrará nunca dentro de su fortaleza. Existe una metamorfosis en los términos de adentro y afuera, pues el animal llega a adaptarse al exterior, a tal punto que éste llega a ser su hogar; sin embargo debe volver a la construcción, no por necesidad, sino por obligación. Es allí cuando la construcción se convierte en el agente externo y la naturaleza, el bosque, se vuelve su morada.


Al volver a su madriguera, vuelve a sentirse como en casa y la metamorfosis se presenta otra vez; recorre cada galería y túnel como si fueran viejos amigos y cada paso que da le resulta muy familiar. Ha vuelto a su casa y el exterior ahora es un mundo nuevamente desconocido para él. No obstante, esto no queda allí, pues pronto se ve asediado por los ruidos en las paredes, y la protección de sus galerías o de la plaza fuerte no son lo suficientemente seguras como para quedarse allí; por lo que decide quedarse en el túnel de salida, abajo del musgo. Encuentra en aquel lugar una salvación y tranquilidad que no está presente en ninguna galería, plaza o árbol. Todo aquello que no pertenezca a aquel escondite se convierte en el exterior, el afuera.


El roedor, no contento con el interior de su madriguera o el afuera del bosque, cambia constantemente de sitio en busca de un lugar seguro para él. Nunca logra entrar o salir del todo; la incertidumbre radical que lo gobierna nihiliza todo espacio, anula cualquier posibilidad de refugio y todo lo que habita deviene en umbral cercado por una amenaza infinita.