Historia de una cita

Ensayo

Historia de una cita

Marcos Rivadeneira

Número revista:

9

Tema libre

Seguir adelante frente al desasosiego es continuar el camino después de las caídas; poner el pecho frente a las más cálidas angustias que produce entrar en ciertas décadas demanda esfuerzos no contemplados. Los más grandes pensadores han sufrido con la posibilidad de ir dejando detrás de sí la vida. La finitud que encarna la existencia humana ya fue enfrentada por los griegos, pero ampliamente desarrollada en el siglo XIX y la primera mitad del XX por los existencialistas. Ahora claro, en el momento actual, la sociedad urbana occidental vive inmersa en un vértigo por funcionar, en el que el tiempo se ha convertido en inversión para cumplir tareas laborales de tipo económico. No hay momento ni espacio para la reflexión, solo para la acción encaminada a lograr el sustento diario: sobrevivir. En este contexto, el cuestionamiento sobre el sentido de la vida queda reducido a los ámbitos académicos e intelectuales.


Frente a todo este cuestionamiento, un día por la mañana me vino a la cabeza la idea de que debía buscarme una novia. Había pasado cerca de veinte años soltero, y finalmente esa mañana comprendí que, ya cerca de la sextena de años, las relaciones personales se habían vuelto complicadas pero necesarias. Entonces hice una revisión mental de las personas que me gustaría que estuvieran en mi vida. No había muchas opciones. A pesar de que en años pasados había dejado de lado la idea y algunas chicas habían sufrido con mi indiferencia, ahora no tenía claro por dónde empezar. Pensé que los existencialistas tendían a inclinarse hacia el lado del pesimismo, pero mi tendencia se identificaba más con el discípulo de Heidegger: Ortega y Gasset. En una de sus posturas habla sobre la intuición como una manera de dilucidar. La intuición, dice, no es nada misterioso, sino un tipo de conocimiento, un conocimiento inconsciente que nos da la experiencia.


Parqueado con mi auto en la calle, a la sombra de un álamo, analizo las posturas del filósofo: si pensamos en el color naranja, por ejemplo, quizás empecemos a ver objetos de color naranja que antes no habíamos percibido. Hago el ejercicio en la calle desde el interior del auto y pienso en el color verde. Todos los árboles de los parterres empiezan a hacerse visibles, igualmente dos puertas de garaje del mismo color y una ventana de madera en la que no había caído en cuenta, detrás de la cual, una ama de casa lava los platos. Es decir, existe un conocimiento escondido en nuestra mente, pero los conceptos que debemos formarnos de las cosas tienen que descansar en evidencias, y la intuición es la experiencia en la que está presente la certeza.


Ortega, siguiendo a Husserl, reconoce el mérito del positivismo: el positivismo estaba en lo cierto al exigir que solo sea aceptable aquello que se presente en nuestra experiencia, al rechazar toda especulación que descanse en meros conceptos y esté construida en el aire. Así, pienso en una amiga de años, una hermosa mujer con un perfil académico, independiente económicamente, escritora, una maestría en España; su conversación risueña es fluida y nada pretenciosa. Sus años le han dado un viso que la embellece. Pienso en ella como una primera opción y, casi con seguridad, acepto que mi análisis empírico tiene algo de certeza en su interior.


Siempre he considerado que el perspectivismo es una forma real de acceder al conocimiento. Dejé de lado la idea como mediación entre el racionalismo y el relativismo, como el bosque visto desde lejos, sin conocer su interior. Pero la convicción de la realidad desde el perspectivismo deja a la conciencia el encuentro con el azar, y como dijo Camus: “el azar nunca ha tenido compasión por nadie”. Nunca sabremos si dentro de este bosque vive la bruja del cuento o se descubre en su interior el jardín de las delicias.


Entonces empecé un acercamiento lento y respetuoso, que demuestre que soy un hombre paciente y con experiencia; quizás algunas formas puedan demostrar que mi cercanía podría ser ventajosa. No existen absolutos éticos, solo una constante evaluación de los hechos, nada cuantificables en el mundo del flirteo.


La filosofía no se puede construir a partir de meros conceptos; no es, no debe ser, un conocimiento basado en la deducción a partir de la comprensión de los significados de aquellas ideas. La filosofía tiene que plegarse a los datos que nos ofrece la experiencia, debe descansar intuiciones y, a través de ellas, llegar al conocimiento. Por lo tanto, la intuición se convierte en el paso a la evidencia. El radicalismo de la filosofía no le permite aceptar otro modo de verdad que el de total evidencia, fundado en intuiciones adecuadas.


Hice mi primera jugada y envié un mensaje por WhatsApp con la intención de llamar su atención: un mensaje delicado y quizás con algo de humor; aunque los que me conocen saben que mis chistes son un poco incomprensibles porque los hago sobre la marcha de acuerdo al contexto. Son esos chistes que llevan en su interior algo de ironía y de burla de la realidad: “si quieres podemos ser amigos de esos que no se ven nunca” (Tute).  Afortunadamente mi mensaje fue contestado con una gran sonrisa. Inmediatamente envié un corazón como respuesta. Esta fue quizás la primera evidencia cuantificable. Sin embargo, es muy difícil en este momento evaluar el axioma imparcialmente.


El primer mensaje estaba claro y ella sabría de inmediato mis intenciones, sin ser vulgar ni pretencioso. Durante algunas semanas mantuvimos conversaciones cortas y mensajes de recuerdo. Hoy día hemos acordado una cita para vernos. Tomaremos café en una hermosa cafetería y librería. Hablaremos de libros y otros temas que nos interesan. Lo único que espero es que la enseñanza del filósofo sea lo suficientemente real como para que las próximas experiencias se concreten positivamente.


San Ortega y Gasset, ilumina mi discernimiento, porque en media hora estaré perfumado y listo para lanzarme al ruedo.




Marcos Rivadeneira Silva (Quito, Ecuador, 1963)

Egresado del Máster de Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Estudió Restauración y Museografía  y realizó estudios de especialización en Italia, Chile, Brasil, España, y Japón. Ha publicado Hermano sol Hermana muerte (2013). Con el que recibió una mención de honor en el Salón de Nacional de Poesía Juegos Florales de la Casa de la Cultura del Ecuador 2012. En 2014 ganó el Premio Nacional de poesía  Paralelo Cero, con el libro La brazada final. En 2015 publicó Los días de la aldaba en la Colección Sur de La Habana - Cuba. En 2018 publicó FRAGMENTOS y Sombra sobre sombra en Buenos Aires. En 2020 publicó La silla turca. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y árabe, y publicados en las más importantes revistas internacionales.