La poetica de Ana Blandiana

Ensayo

La poética de Ana Blandiana

Viorica Patea

Número revista:

9

Tema entrevista

En el epígrafe de su libro de poemas Réquiem, Ana Ajmátova confesaba:


… he pasado 17 meses haciendo colas ante las cárceles de Leningrado. Un día, alguien me reconoció. Entonces, una mujer, cuyos labios eran casi azules y que estaba detrás de mí y para quien mi nombre no significaba nada, rompió el letargo habitual y me preguntó en voz baja (allí todo el mundo hablaba en voz baja): “Puedes describir todo esto?”. Le contesté “Sí, puedo”. Entonces, algo parecido a la sombra de una sonrisa se deslizó por lo que antes fue su rostro”.


Ajmátova compuso y memorizó esta elegía en secreto durante los años de Terror de la época de Stalin (1935-1940) y solo se atrevió a trasladarla sobre papel en 1957. El libro se publicaría seis años más tarde en Munich y póstumamente en la URSS en 1987. Réquiem nace a raíz del encarcelamiento de su hijo en el Gulag –sus dos maridos, otros familiares y muchos amigos, entre ellos el poeta Ossip Mandelstam, fueron ejecutados o exiliados en los campos de concentración– durante una época en la que hacía cola delante de la cárcel de Lubianka con la esperanza de poder enviar una carta, un paquete o un mensaje. El poema da testimonio de las tribulaciones y el destino compartido por muchas mujeres.


Ana Ajmátova define en estas líneas la función del poeta como testigo de la historia y de la fuerza de la palabra poética para superar las injusticias, el sufrimiento y la impotencia ante las arbitrariedades del poder. La literatura de testimonio constituye un nuevo género literario en el que los escritores del Holocausto o del Gulag desafían la mentira totalitaria y la falsificación de la historia. Como bien observa Cornelia Comorovski en La littérature du témoignage, de la misma manera que, tras su liberación, Bruno Bettelheim se veía obligado a dejar testimonio de las atrocidades del Holocausto nazi en memoria y solidaridad con las víctimas, el escritor de los países del Este siente la misma necesidad de dar a conocer su experiencia en nombre de los que ya no están o de aquellos que siguen sufriendo bajo otra forma de totalitarismo[1]. La mayoría de estos autores son conscientes de su condición de testigos y de la necesidad de explorar los agujeros negros de la historia, aquellas verdades prohibidas que las autoridades quieren borrar de la memoria colectiva, pero sin cuyo conocimiento la vida no podría continuar con normalidad.[2]La escritura testimonial se perfila como la expresión de una actitud ética ante el mundo.


El lugar que Ana Blandiana ocupa en la cultura rumana es comparable al de Ana Ajmátova o de Václav Havel en la literatura rusa o checa. Encarna el arquetipo del escritor cuya obra y vida asumen el destino colectivo. Al igual que ellos, Blandiana es un símbolo de una conciencia que no se deja doblegar por el poder totalitario, una figura que, ante los que detentan “la razón de la fuerza”, responde con “la fuerza de la razón” unamuniana. Ana Blandiana forma parte de aquellos escritores que concibieron la función del escritor como la de ser testigo de su tiempo y la literatura como una forma de resistencia ante “el terror de la historia”, para utilizar el paradigma de Eliade. Václav Havel recordaba el deber del escritor de dejar testimonio de la época que le ha tocado vivir, “el deber de decir la verdad sobre el mundo en el que vive, de hablar de sus horrores y de sus miserias”[3], para que “los eslóganes y el fanatismo de la abstracción no sustituyan el respeto a la vida y al individuo”[4]. De la misma manera, Blandiana afirma su determinación de no renunciar “a aquellos valores que las autoridades quieren destruir para vencer”[5]. En su opinión, “existimos solo en la medida en que somos testigos de la historia, de una historia que, a su vez, existe solo en la medida en que somos sus testigos"[6].


Al igual que Ana Ajmátova, Nadejda Mandelstam, Iván Chmeliov, Alexander Soljenitsyn o Václav Havel, Blandiana es consciente de su deber para con el presente y de que su testimonio la convierte en la depositaria de un legado para las generaciones futuras. Su escritura es una forma de resistencia ante el sinsentido del mundo que la rodea y ante aquellas fuerzas que aniquilan sistemáticamente al individuo. Aunque inició su carrera con un volumen de versos que celebran la sensualidad y la exuberancia de los sentidos, su título, Primera persona plural(1964), iba a resultar premonitorio de su destino como poeta. Anunciaba los términos en los que iba a concebir su vocación de escritora, validada más tarde por un primer libro de ensayo, La calidad de ser testigo (1972). Su oposición a la dictadura obtuvo un gran eco internacional. Tanto su prosa fantástica como sus poemas tienen el valor de un manifiesto que pertenece hoy en día a la memoria colectiva de nuestro tiempo. Ningún otro escritor de su generación invita a una lectura tan subversiva y provocadora como ella.


Autora de 17 libros de poesía, 2 volúmenes de relatos fantásticos, 11 de ensayos y una novela, por los que ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales, Blandiana es en la actualidad la poeta rumana más internacional, además de candidata al Premio Nobel. Debido a ello sus libros de poemas, prosa y ensayo se han traducido a 25 idiomas, en un total de 98 volúmenes diferentes.


Nacida en 1942 en la ciudad de Timisoara, lugar que iba a ser más tarde epicentro de la revolución de 1989, Ana Blandiana es una figura legendaria en el panorama actual de la literatura rumana. Su ejemplar trayectoria vital y la profundidad de su mensaje artístico convierten ya a esta gran poetisa en un icono que algunos críticos comparan con una mítica Hécuba que discurre entre las ruinas del presente[7]. Blandiana pertenece a la mitología de la revolución y encarna el mito de la resistencia espiritual ante el rigor implacable de la maquinaria de represión del estado totalitario. Valiente opositora a la dictadura de Ceauşescu, su integridad moral la convierte en una de las figuras más nobles de la historia contemporánea. En un panorama político cada vez más esperpéntico, ella emite una imagen de pureza y luz que inspira confianza, ya que no hay ninguna discrepancia entre sus palabras y su vida. Su figura se inscribe en los ideales de nobleza, integridad moral y belleza poética.


En 1906, a los diecisiete años, Ajmátova eligió un pseudónimo para responder al deseo de su padre de no mancillar el nombre de la familia con su poesía “decadentista”[8]. A la misma edad que ella, pero casi medio siglo más tarde, Blandiana eligió este nombre artístico en 1959, para poder publicar su primer poema “Originalidad” en una revista de Transilvania. Intentaba ocultar su verdadera identidad a los ojos vigilantes de la policía secreta, ya que su padre, sacerdote ortodoxo, era en aquella época un preso político acusado de “conspiración contra el Estado”. No le sirvió de mucho, ya que a los pocos días una circular gubernamental informaba a todas las publicaciones del país que, bajo este nombre, se escondía la “hija de un enemigo del pueblo”, a la cual se le retiraba el derecho a publicar. A esto se añadía la privación del derecho a cursar estudios universitarios, una prohibición que se prolongaría cuatro años. La carrera literaria de Ana Blandiana iba a estar marcada por una larga serie de represalias por parte de las autoridades comunistas. Ostenta el record de las prohibiciones bajo dos dictaduras: primero la de Gheorghe Gheorghiu Dej (1947-1964), cuando todavía era adolescente, y durante la época de Ceauşescu (1964-1989) en 1985 y luego en 1988 hasta la revolución de 1989.


El pseudónimo Ana Blandiana es un nombre envuelto en una aureola de magia y de ecos mitológicos. Blandiana evoca el hermoso pueblo de Transilvania en la ribera del río Mureş donde nació su madre. Antes de conocerla personalmente, Geo Bogza, el consagrado escritor vanguardista de entreguerras, le envió a Blandiana una bella libélula y le deseó “llegar a ser tan famosa como Ana Karenina pero con otro destino”, unas líneas que la autora interpretó como un mensaje llegado a través del tiempo de la historia de la literatura. En la cultura rumana, Ana es el nombre de la heroína de una de las baladas populares más bellas, “El maestro Manole”, que ilustra la idea de que todo acto de creación se basa en un sacrificio. En el poema, Manole, el artista encargado de la construcción del monasterio de Argeş, puede vencer la maldición que hace que el edificio se derrumbe todas las noches, solo si se compromete a ofrecer un sacrificio que, por ironía del destino, resulta ser la persona que más ama, su esposa Ana, a la que se ve obligado a emparedar entre los muros de la iglesia. Él se suicida después de la finalización del santuario. Al elegir este nombre simbólico, sin darse cuenta, la joven Blandiana asumió el destino sacrificial de la heroína legendaria que ella misma iba a revivir en una tragedia postmoderna durante las décadas tenebrosas de la dictadura. Una realidad que ella misma reconocería en “Balada” (1989). Su nombre lleno de magia llegó a ser la expresión de su ser:


No tengo otra Ana

Me emparedo a mí misma

Pero quién sabe si es suficiente ––

El muro no se derrumba por sí solo

Cae empujado por el capricho de un sonámbulo buldózer

Que avanza a la deriva en una pesadilla

No tengo otra Ana

Incluso a mí misma

Me tengo cada vez menos.


En 1960, a la edad de dieciocho años, Blandiana se casó con el también escritor e historiador, Romulus Rusan, cuando finalmente consiguió la autorización gubernamental de cursar estudios universitarios y matricularse en la Facultad de Filología de la Universidad de Cluj. Inició su carrera literaria, por segunda vez, en 1964 en las páginas de la revista Contemporanul. En 1967 la pareja se estableció en Bucarest y Blandiana trabajó como bibliotecaria en el Instituto de Bellas Artes. Desde 1974 a 1988 colaboró con regularidad en la revista România literară y fue la editora de Viaţa studenţească y Amfiteatru, en la que años más tarde publicaría poemas incendiarios de protesta.


Ana Blandiana pertenece al Neomodernismo, el grupo de poetas que debutaron a mitad de los años sesenta y que gozaron de un relativo “deshielo” de la política cultural. Este movimiento, al que pertenecen también Nichita Stănescu, Marin Sorescu, Ioan Alexandru e Ileana Mălăncioiu, sigue siendo uno de los más representativos de las últimas décadas del siglo pasado. Después de la aridez del dogmatismo militante del realismo socialista, que duró casi quince años, estos poetas irrumpen con una verdadera explosión lírica, al tiempo que reanudan el diálogo interrumpido con los poetas modernistas de entreguerras, como George Bacovia, Lucian Blaga, Tudor Arghezi y Ion Barbu. Cultivan un lenguaje metafórico, subjetivo e intimista, recurren a la reflexión filosófica con inflexiones metafísicas o herméticas, y regresan a los principios de la poesía pura.


A lo largo de los años, Blandiana escribió varios libros de poemas –El talón vulnerable (1966), El tercer misterio (1969), Octubre, noviembre, diciembre (1972), El sueño dentro del sueño (1977), El ojo del grillo (1981), Estrella predadora (1985)– que la consagraron como la figura más destacada por la Unión de Escritores y la Academia Rumana. En 1982 fue la poetisa más joven galardonada con el Premio Gottfried Herder. La Academia austríaca subrayó la dimensión “supratemporal que confieren a su poesía temas como la pureza, la caída en el pecado, la muerte y la supervivencia, el amor como anhelo de lo absoluto y evasión de lo material”. El jurado le otorgó el premio en “reconocimiento de su obra poética y ensayística que representa una meditación profunda sobre la creación y el ser humano y que consagra la poesía como un mito creador sin caer en la biografía fácil y la artificiosidad”.


El prestigio internacional obligó a las autoridades comunistas a publicar su colección subversiva de prosa fantástica, Proyectos de Pasado (1982), la continuación de Las Cuatro estaciones(1977), censurada por las tendencias “anti-sociales”. Proyectos de Pasado, en la actualidad el libro más traducido de Ana Blandiana, ofrece una crónica de la historia de Rumanía en la segunda mitad del siglo XX. Los relatos se inscriben dentro de la tradición fantástica de Poe, E.T.A. Hoffman y Kafka y prolongan las tendencias más modernas de Mijail Bulgakov o el realismo mágico de Borges y Cortázar. Memorialistas, poéticas y fantásticas, estas narraciones escritas en primera persona combinan las incursiones de la imaginación visionaria con las anotaciones confesionales y la evocación realista de un documental. Más que ficción, parecen las páginas de un diario, en el que la meditación y la lucidez alcanzan la intensidad del sueño revelador. Asimismo, Blandiana avanza en estos cuentos una aportación importante a la teoría de lo fantástico, que amplía las formulaciones de Pierre-Georges Castex, Roger Caillois, Louis Vax, Tzvetan Todorov, Jorge Luis Borges, o Julio Cortázar. En su opinión, “Lo fantástico no se opone a lo real, sino que constituye solo su representación más llena de significados, ya que, a fin de cuentas, imaginar significa recordar”[9]. Concibe lo fantástico no como una ruptura con lo real, sino como signo de unidad y continuidad de las dos categorías. En su obra, lo fantástico “está enamorado de lo real” [10].


A finales del mes de diciembre de 1984, aprovechando el relajamiento editorial de las vacaciones de fin de año, Blandiana consiguió burlar la censura y publicó un ciclo de cuatro poemas –“La cruzada de los niños”, “Yo Creo”, “Delimitaciones”, “Todo”– en la revista de vanguardia Amfiteatru. Las represalias fueron inmediatas: la revista fue retirada y el director despedido, mientras que Blandiana perdió el derecho a publicar y puso en peligro su propia vida. Los poemas fueron reconocidos instantáneamente como expresión de la desesperación colectiva. Adquirieron un eco extraordinario y se transformaron en un fenómeno popular. Circularon en samizdat, copiados a mano en miles de ejemplares y difundidos de manera clandestina. Los lectores vieron en estos poemas un manifiesto, un grito de protesta ante su propia existencia humillante. El escándalo provocado por la prohibición de estos poemas halló un eco en la prensa extranjera, especialmente en el diario británico The Independent, que les dedicó una página entera[11]. Las manifestaciones en apoyo internacional a Ana Blandiana por parte de intelectuales italianos y alemanes frenaron las represalias del dictador.


En 1988, en un momento de relajamiento temporal de la represión política, Blandiana publicó un poema para niños, “El Gato Arpagic”, en el que se parodiaba al dictador en la figura de un gato arrogante que toma posesión de su calle y se comporta como si fuera el amo del mundo. El poema le reportó una gran notoriedad a su autora y la previsible prohibición de publicar. Esta vez las repercusiones fueron más graves: todos los libros de Blandiana fueron retirados de las bibliotecas y se intentó eliminar cualquier mención a su nombre en la vida cultural del país. La prohibición alcanzaba no solamente al presente sino también al pasado. Desde ese momento Blandiana vivió bajo una continua vigilancia policial hasta la revolución de 1989, cuando, sin ser consultada, fue incluida, junto a otros opositores, en el Consejo del Frente de Salvación Nacional. Dimitió tres semanas más tarde, al darse cuenta de que su presencia era una simple operación propagandística destinada a legitimar un régimen continuista.


Muchos de los poemas que Blandiana escribió durante la década de los ochenta vieron la luz solamente después de la revolución de 1989, en La arquitectura de las olas (1990). Es también el caso de su novela El cajón de los aplausos (1992), que Blandiana compuso sin esperanza de que fuera publicada durante su vida, convicción que proyecta en el protagonista del libro, un escritor perseguido por la policía secreta.


Partiendo de la convicción de que los valores morales deben traducirse en la realidad política, Blandiana se implicó activamente en los movimientos en defensa de las libertades democráticas. Personalidad pública relevante, fundó y presidió la Alianza Cívica (1991-2001), un movimiento que luchó por la creación de una sociedad civil que hiciera posible la entrada de Rumanía en la Unión Europea. No obstante, Blandiana rechazó en repetidas ocasiones cualquier cargo político, desde presidencias a carteras ministeriales o nombramientos bien remunerados en organizaciones internacionales (como la UNESCO), que varios partidos políticos le ofrecieron para aprovecharse de su extraordinaria popularidad. Le hubiera sido muy fácil conseguir un lugar de primera fila en la vida política, pero ella prefirió ser ella misma y no añadir ningún otro título al de poetisa. Revivió la concepción ideal del poeta como una figura inmune a los juegos de poder. De hecho, sería falso decir que Blandiana es una poetisa que tiene un compromiso político. Su concepción de la política se corresponde con la noción que tenían los griegos de la Antigüedad, quienes la entendían como una responsabilidad cívica de cada individuo para con los asuntos de la polis. Blandiana sintió el deber de denunciar la manipulación de las ideas democráticas por el poder político reciclado después de 1989.


En 1990, Blandiana asumió la presidencia del PEN Club rumano –fundado en 1924, dirigido por los grandes escritores Liviu Rebreanu o Lucian Blaga, y prohibido por el gobierno comunista– de cuya reorganización se hizo cargo en 1990, lo que puede considerarse la primera reinserción de Rumanía en las estructuras del mundo occidental. Blandiana se entregó con un ascetismo casi místico a la escritura y a la memoria de las víctimas.


Bajo la égida del Consejo de Europa, Ana Blandiana ha dirigido junto con su marido, el también escritor y ensayista, Romulus Rusan, el “Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia”. Ubicado en la ciudad de Sighet en el norte de Rumanía, es considerado el tercer museo de la Conciencia Europea, después del memorial de Normandía y el museo de Auschwitz. El Memorial no es solo un museo en el que se rinde homenaje a las víctimas, sino que se compone de un centro que organiza una Escuela de Verano y de un Instituto de Investigación. El museo tiene como lema una frase de Ana Blandiana: “mientras la justicia no logre ser una forma de memoria, la memoria sola puede ser una forma de justicia”. El Memorial nace de la convicción de que, sin conocer la experiencia del totalitarismo y de la utopía de lo que supuso la ambición de crear “un hombre nuevo”, la democracia puede volverse ineficiente y peligrosa. En 2009, por su contribución a la cultura europea y su lucha contra la injusticia, Blandiana fue condecorada con la más alta distinción de la República Francesa, laLégion d’Honneur.


***


Esta valiente poetisa que se ha opuesto a la dictadura y a los juegos políticos detrás de las bambalinas durante y después de la revolución, que ha desenmascarado con lucidez la intriga y corrupción, inflexible en su actitud ética y convicciones morales e impermeable a la mística del poder, no tiene nada de la dureza de una revolucionaria. Todo lo contrario, es una mujer dulce, bella, soñadora, carismática, cuya voz guarda la inocencia y timidez de los niños.


Ana Blandiana es ante todo una poetisa onírica y visionaria que fundamenta su poética en la concepción de la existencia como misterio. En su poesía emprende la búsqueda de las esencias, el viaje hacia los estadios de la pre-existencia, que interroga los orígenes, los límites entre distintas categorías, la vida y la muerte. Sus versos se inscriben en la tradición meditativa y elegíaca de la lírica. Blandiana renueva la tradición poética con unos poemas aforísticos, a veces ensayísticos, que poetizan conceptos abstractos impregnados por la angustia y la inquietud postmoderna. La suya es una poesía de profundización filosófica, que consigue una síntesis entre el arte y la ética[12]. Se trata de un lirismo metafísico dominado por el motivo del sueño, de las antinomias del alma y del cuerpo, del yo y del otro, de lo inmaculado y lo mancillado. Su obra conjuga la ética con la estética y la profundidad de la observación filosófica[13]. Uno de sus temas centrales es la escisión ontológica entre el espíritu y la palabra. En los volúmenes más recientes, Blandiana adopta un lenguaje directo marcado por la resignación trágica de una Casandra cansada de hablar en vano y de denunciar los bastiones del mal.




[1] Cornelia Comorovski, La littérature du témoignage. Europe du Centre et de l’Est, Angers: Presses de l’Université d’Angers, 1992, 24; Bruno Bettelheim, Sobrevivir. El Holocausto una generación después, Barcelona: Crítica, 1981.

[2] Cornelia Comorovski, La littérature du témoignage, 23.

[3] Václav Havel, Interrogatoire à distance, París: Editions de l’Aube, 1989, 13.

[4] Havel Essais politiques, París: Calmann-Levy, 1990, 233.

[5] Ana Blandiana, “Rezistență prin cultură”, Spaima de literatură, Bucureşti: Humanitas, 2004, 106.

[6] Ana Blandiana, “Axioma”, Spaima de literatură, 32.

[7] Gheorghe Grigurcu, “Ana Blandiana”, Poezie română contemporană, Vol. I. Iaşi: Editura revistei Convorbiri literare, 2000, 129, Al. Cistelecan, “De la viziune la atitudine”, Contemporanul, Contemporanul. Ideea europeană, Nr. 4, 11 mai, 1990, 3.

[8] Lydia Tchoukovskaia, Entretiens avec Anna Akhmatova, Paris: Albin Michel, 1980, 76.

[9] Spaima de literatură, 118.

[10]Valeriu Cristea “Fantasticul îndrăgostit de real”, România Literară, XVII:1, January 16, 1983, 4. Véase también Iulian Boldea Ana Blandiana, Brașov: Editura Aula, 2000; Istoria didactică a poeziei românești, Brașov: Editura Aula, 2005, 530-542.

[11] Kevin Jackson, “Underground Notes”, The Independent, 18 de febrero de1989.

[12] Alex Stefănescu, “Ana Blandiana contemporanul nostru”, România Literară, 10, 26 martie, 1992.

[13] Cornel Ungureanu, “Mesaj de pe malul celălalt”, Orizont, 11 mai 1990, 10.




*Fragmentos del prefacio del libro Mi patria A4 (Valencia: Pre-textos, 2014).



Viorica Patea

Profesora Asociada en la Universidad de Salamanca (España), donde enseña Literatura Americana e Inglesa. Entre sus publicaciones están Entre el mito y la realidad: Aproximación a la obra poética de Sylvia Plath (Ediciones Universidad de Salamanca 1989), La apología de Whitman a favor de la épica de la modernidad (Ediciones Universidad de León, 1999), y la traducción de La tierra baldía (The Waste Land ), de T.S. Eliot (Cátedra: 2005). Ha editado varias colecciones de ensayo, como Critical Essays on the Myth of the American Adam (Ediciones Universidad de Salamanca, 2001) y Modernism Revisited: Transgressing Boundaries and Strategies of Renewal in American Poetry (Rodopi 2007), en colaboración con Paul Scott Derrick. También ha publicado la colección de ensayos Short Story Theories: A Twenty-First-Century Perspective (Rodopi 2012), que recibió el Javier Coy Research Award (2013), otorgado por la Spanish Association of American Studies. Su trabajo investigativo incluye estudios comparatistas de la literatura de Europa del Este. En colaboración con Fernando Sánchez Miret, tradujo del rumano al español la edición comentada de El diario de la felicidad, de Nicolae Steinhardt (Sígueme 2007), así como Proyectos de Pasado y Las Cuatro estaciones de Ana Blandiana (Periférica 2008, 2011). Ha traducido, junto con Paul Scott Derrick, la obra poética completa de Ana Blandiana al inglés.