Los anos novela sin argumento

Ensayo

Los años: novela sin argumento

Alejandra Rivadeneira

Número revista:

1

Publicada en el año de 1937, la última obra de Virginia Woolf, Los Años, demuestra claramente ser una novela sin argumento. El texto propone la historia de la  familia Partiger a lo largo de cincuenta años, aproximadamente; sin embargo, no se trata de ninguna manera de una obra épica. A lo largo del texto no sucede nada; o claro que suceden cosas, pero la autora prefiere no contarlas para concentrarse en los detalles de la vida íntima de los personajes. Woolf se centra en lo que pasa con los personajes mientras su vida está en pausa; incluso se detiene mucho más en lo que no pasa o en lo que pudo llegar a pasar.  Los Años va sobre lo que sucede mientras alguien muere, mas no sobre el estar muerto. Esto se escenifica desde el primer capítulo de la novela, mientras corre el año de 1880, cuando se presenta la agonía de la madre de la familia Partiger; o, más bien, se espera a que esta muera. El capítulo se resume en una escena familiar en la casa de Abercorn Terrace, mientras los hijos esperan, o algunos ansían, que su madre termine de morir. Esta tensión se mantiene a lo largo de la novela; se narran las intimidades de los personajes mientras pasa el tiempo hasta llegar a “Los Días Presentes”. Este es el único capítulo que, a diferencia de los anteriores, no tiene como título el año de los sucesos, esto permite recalcar que no importa el tiempo de los hechos, pues estos son siempre los mismos; los personajes no están muertos pero siguen muriendo y nada ha cambiado desde 1880. La división de los capítulos por años le permite a Woolf ocultar tramos del tiempo que quedan fuera del relato; deja hilos sueltos dentro de los sucesos para retomarlos de manera incompleta, en la mayoría de casos, años después.


La narración de sucesos sin importancia se nota claramente en uno de los personajes principales de la novela: Eleanor, una de las hermanas de la familia Partiger.  Ella se dedica a cuidar de su padre hasta que este muere; posteriormente, vende la casa en la que crecieron ella y sus hermanos; nunca se casa y su vida se vierte en la nostalgia de lo que hubiese podido pasar. La historia deja sueltos varios hilos, tales como su viaje a la India, su relación con sus hermanos y su pseudo enamoramiento hacia William. Más bien se detallan sus intimidades, como la relación con sus hermanos, sobre todo con Morris; como ella envejece, su cabello blanco y su piel quemada por el sol; su gusto por el olor a cigarrillo o, como se queda dormida en las fiestas cuando ya ha entrado en edad. Es, de todos los hermanos de la familia Partiger, quien menos llama la atención al comienzo de la novela, a quién menos cosas le suceden, pero es sobre quien más se profundiza. Además, al finalizar la novela, es ella quien hace conciencia del morir antes que del estar muerto, por tal, se sume en la idea del presente.


En cuanto a los otros personajes principales, los más cercanos a Eleanor, ocurre algo similar, pues la autora cuenta más los detalles vinculados a determinadas situaciones de su vida íntima que los procesos constitutivos de una historia. La autora deja muchos sucesos sin contar, que solo son accesibles al lector mediante comentarios sueltos de los demás personajes. La autora solo deja rastros de lo que sucede con sus vidas, pero nunca cuenta las historias completas.

En lo que concierne a los personajes secundarios, el relato deja muchos más espacios en blanco o elipsis. Pasan los años y los personajes tienen hijos, se retiran; los hijos se convierten en doctores o han vivido en África por diez años o, simplemente, han muerto. Pero lo que se cuenta al volver es como estos reparten las cucharas entre los invitados, los almuerzos a los que asisten y un montón de nimiedades que, dentro de una novela de acción, pasarían desapercibidos. La novela está repleta de escenas que incluso se alejan de los personajes; escenas tan aleatorias e irrelevantes en cuanto a la historia, que es imposible no preguntarse el por qué de su presencia. Escenas de un vendedor de violetas marchitas, de la estafa de dos peniques por parte de un mesero o de algún vecino tomando un baño en la tina compartida.


Pero el hecho de que no pase nada, o que se cuente solo lo que hacen los personajes cuando no están ocupados viviendo, hace que estos rememoren siempre los mismos detalles. Es como un eterno retorno. De hecho, ese es el final de la novela; a lo largo de “Los Días Presentes”, Eleanor y sus hermanos, en una fiesta, se dedican a recordar cómo era cuando vivían en la casa de Abercorn Terrace. Personajes, que han pasado desapercibidos a lo largo de la novela o de los cuales se narró con mucha intensidad al comienzo, pasan a ser un simple comentario de los otros. Al final todos se reúnen y piensan que no se han quedado en una fiesta hasta las cinco de la mañana en muchos años o que la relación entre hermanos sigue siendo la misma y que lo único que ha cambiado desde 1880 es que la familia es más amplia y que todos ahora son ancianos. Pero el eterno retorno no consiste solamente en eso, sino también en las repeticiones que usa la autora constantemente. La escena aleatoria del vendedor de violetas reaparece en algunas ocasiones; el zureo de los pájaros es una referencia constante, y la narradora siempre vuelve a mencionar las relaciones pasadas, sobre todo las que no se dieron, como es el caso de Kitty y Edward o de Eleanor y William. Al final de la novela se vuelve al comienzo cuando se evoca la relación del padre de los Partiger con su amante y de la necesidad que esta tenía de que le reparen el techo. Estar atrapados en los momentos en que no sucede nada, en los momentos donde alguien se muere pero no está muerto, no les deja otra opción a los personajes que quedarse en el eterno retorno de sus intimidades.


Podemos concluir que la autora se concentra en ciertos detalles y en algunos sucesos de la vida de sus personajes, que tienen lugar en el lapso de cincuenta años, y para acentuar, aún más, el carácter fragmentado del relato en el último capítulo ya ni siquiera se especifica el año en el que transcurren los eventos. Con respecto a los personajes, solo se nos cuentan sus intimidades, remitiéndose a ciertos episodios de sus vidas; en algunos casos se deja hilos sueltos sobre las historias de los personajes, solo se nos permite saber lo que sus familiares dicen (si es que algo dicen) sobre ellos. Y finalmente, se repiten las mismas cuestiones una y otra vez; el relato nos envuelve en un eterno retorno de instantes o de situaciones que son como planos congelados en el tiempo. La novela está rodeada de muerte, pero como se nos deja en claro durante las primeras páginas, el libro no trata del instante en que los personajes mueren, sino de lo que pasa mientras están muriendo.