Molloy como novela escatologica

Ensayo

Molloy como novela escatológica

Emiliano Páez Ponce

Número revista:

1

Molloy surge en el decadente e increíble periodo de posguerras; momento crucial en el pensamiento occidental donde los ejes axiológicos de nuestra civilización: la razón y el lenguaje, se ven totalmente cuestionados al extremo. Producto del sentimiento de un mundo desmoronándose, donde lo que considerábamos como verdad y realidad se vuelven absurdos, nace la novela de Beckett. Ese desmoronamiento de paradigmas, ese fin de una cosmovisión permiten exponer el concepto de escatología utilizando, de manera didáctica, la particularidad de la doble significación de ese término en el español, y así poder esbozar una planteamiento en el que lo escatológico sea una demostración física y metafísica del absurdo en la novela del irlandés.


Para suerte del presente trabajo, en el idioma español el término escatológico ha sido traducido de dos maneras distintas, por lo que se cuenta con dos acepciones de la palabra. La primera es la que viene del griego éskhatos que significa último, y logía que significa estudio. Este es un concepto teológico que alude a las consideraciones metafísicas propias de una religión con respecto al fin del mundo, a la vida después de la muerte, y a las fuerzas primigenias e implacables del bien y del mal. El término también suscita una reflexión en torno a la justicia final para los buenos y al castigo eterno para con los pecadores de acuerdo a su comportamiento en vida (y de acuerdo a nuestra tradición judeocristiana). Lo escatológico es la forma en que la muerte no supone un final sino un inicio para otras prácticas: formas de vivir, premios o castigos. El hablar de lo que viene después de la muerte requiere de inquisiciones en torno al destino humano. Ya que las consecuencias en la muerte se dan por lo obrado en vida, dependiendo o no de un destino o causalidad divina que toma decisiones o actúa, se producen inquisiciones sobre lo valioso o lo nefasto que puede ser ese proceso de justicia, y los fundamentos de sus conclusiones eternas. Además, lo escatológico ofrece también ciertas pautas éticas: propone una reflexión sobre la noción de cumplir o no un objetivo trascendente; propone encontrar algún precepto, idea o, mantra par sobrellevar la existencia, el cual podamos usar de guía o fundamento para concluir y dilucidar si algo es bueno o malo.


El hablar de los procesos espirituales y morales de la muerte, es también hablar de los procesos físicos de la podredumbre y del desecho, es decir, de la muerte física y del ciclo de la vida. En este caso, la palabra deriva del griego skatos o skor que significa excrementos. Este término alude a los deshechos corporales, a las excreciones y a las formas en el que el cuerpo cumple el ciclo de la vida. Este sentido se asemeja al anterior en cuanto a la relación con la muerte, con el final. El ciclo vital termina en excremento para dar nueva vida; es una ley natural implacable que contrasta y resalta con cualquier consideración metafísica con respecto a la muerte.


El sentido de escatología provee de un atisbo del absurdo que Beckett explotará con Molloy. La muerte y los excrementos son una verdad implacable de la que no se puede huir, es una de las pocas certezas en cuanto al entorno y podría ser una forma de organizar la sociedad al ser una cuestión inevitable; no obstante, en nuestra cultura lo escatológico es algo punible, mal visto y vergonzoso. Las leyes humanas racionales relegan lo escatológico al misterio y al asco. Pese a ser implacable y verdadero, es una especie de tabú y de silencio en las reflexiones de la sociedad. No existe una filosofía o una sociología de lo escatológico (y si existe es secreta); parece ser que se ha relegado su discusión a lo pueril o a la metafísica medieval, ya que la ciencia parece aclarar, con total certeza, cualquier duda escatológica. Lo absurdo surge en la negación de la realidad, de lo implacable del cuerpo y de la muerte hecha sinécdoque en el excremento. Las relaciones y leyes sociales humanas ven con vergüenza esta absoluta ley natural y realidad universal. La descomposición, la muerte y la excreción están relegadas al silencio en nuestra cultura occidental, la que Molloy padece.


Beckett viaja a Londres para psicoanalizarse y conoce a Jung. El encuentro de estos dos monstruos permite un diagnóstico profundo de la cultura, del que Beckett extrae la noción del segundo nacimiento. Este concepto se personifica en Jesús y en Cristo, el nombre y el nacimiento humano y el nombre y el renacimiento espiritual  de la divinidad. Se supone que al llegar a un estado espiritual importante y al acceder a una nueva forma de percibir la realidad, es que se da el segundo nacimiento, ya no el del cuerpo sino el del alma. Cristo representa el segundo nacimiento de Jesús, es la confirmación de la divinidad, por lo que otro nombre es pertinente. El segundo nacimiento es el verdadero y el que confiere la verdad o la realidad más completa. Ahí lo escatológico supone un renacer y un premio al desarrollo y elevación del espíritu. Una armonía entre lo divino y la muerte que se torna en una nueva vida, más verdadera y pura. En Molloy ese segundo nacimiento es una degradación:


Sí, seguramente mi espíritu sentía este sedimento, moviéndose imperceptiblemente como granitos de arena en el fondo de  un charco, mientras en mi cara y mi gran nuez pesaban el cielo soberano y  el aire  estival. Y de pronto recordé mi nombre: Molloy (Beckett; 1951; pág.11).


El nuevo nacimiento está impregnado de locura, de incomunicación y de excremento a montones. El despertar y reconocimiento de Molloy en su segundo nacimiento es, metafísicamente y simbólicamente hablando, una segunda vida después de la muerte; una escatología totalmente inmunda y visceral. Ahí es cuando la vida se vuelve lúcida pero a la vez abyecta y, sobretodo, absurda. La incomunicación de la novela a nivel más estilístico viene dada por la negación de una presentación realista del acontecimiento. En la novela el acontecimiento es aludido tan solo por las interminables e inconexas reflexiones y delirios de Molloy. El monólogo del personaje está totalmente plagado de prospecciones, retrospecciones, paréntesis, imaginaciones y pensamientos rara vez matizados por un acontecimiento o alguna acción. Las acciones que retornan al acontecimiento son totalmente por lo excremencial. El absurdo florece cuando la vida de Molloy se guía por lo escatológico, sucede en la escatologico y padece la escatología.


Molloy actúa de forma absurda pero totalmente lúcida, me atrevería a decir, lúcida con respecto al implacable absurdo del que es consciente: “Y si bien es verdad que me he comportado  siempre como un cerdo, no hay  que achacármelo a mi, sino a mis superiores, que me corregían únicamente en pequeños detalles en vez de mostrarme lo esencial del sistema” (Beckett; 1951; pág. 14). Molloy se guía por las leyes naturales del deseo, de la emoción y desprecia las convenciones sociales punitivas con respecto al cuerpo y ciegamente racionales: las leyes humanas, las leyes absurdas. La novela muestra un realismo crudo en el sentido en que la realidad es la escatología y las leyes humanas se contraponen a la ínfima verdad del lúcido Molloy: “y aunque a veces  paso horas son oír nada se debe a razones que ignoro, o porque  quizá todo lo que me rodea se sume verdaderamente en el silencio, de vez en cuando, mientras que  para los justos nunca  cesa el mundanal ruido” (Beckett; 1951; pág. 15). El silencio es otra forma de demostrar esa lucidez del absurdo, esa lucidez escatológica, pues la verborrea de Molloy, lo inconexo, lo ilógico y el parloteo que no lleva a ninguna parte, implica el darse cuenta de lo valioso del silencio; de lo absurdo del lenguaje. La posibilidad de comunicarnos y edificar leyes, convenciones y naturalizaciones de comportamientos, es un castillo artificial inmenso pero, artificial a fin y al cabo; es un sistema lógico-racional complejísimo pero abrumadoramente absurdo que, Molloy, con una extrema lucidez, percata y logra combatir al hablar de forma escatológica, inmediata e incomunicable. La ilusión de la comunicación es uno de los puntos que se destacan en el universo de Molloy: se ataca este aspecto fundamental de la humanidad al animalizar al antihéroe principal y reducir todo intento comunicativo al absurdo.


Lo escatológico, ya sea como noción sobre la vida después de la muerte, sobre las leyes de justicia, del bien y el mal; o, como consideración con respecto a la excreción o a la muerte, es pieza fundamental de la propuesta ética y estética de la novela en cuanto al planteamiento de un mundo artificial, ilusorio y absurdo (la cultura que habitamos), presentando a ese personaje loco que es un síntoma de lo expresado anteriormente. La noción de silencio como verdad del lenguaje, como fundamento de la realidad y no del artificio absurdo frente a la ilusión comunicativa, plantea un desmoronamiento de las bases de la lógica y la razón occidental. Beckett logra esto al presentarnos un universo escatológico, pero totalmente lúcido, que ataca a la cultura absurda en la que vivimos.