Monica Ojeda La libertad del hibridismo

Ensayo

Mónica Ojeda: La libertad del hibridismo

Aitana Samaniego

Número revista:

2

Tema libre

La estética, en prosa y poema, dispuesta en las obras de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda gesta una hibridación entre la escritura poética y la narrativa, pues el latido del poema resuena en la prosa, lo que desemboca en la posibilidad de una nueva escritura. Esta persistente transgresión de los límites lleva a la creación de un nuevo espacio escritural, donde se encuentran entrelazados situaciones y personajes fantásticos, sumidos en un movimiento pendular que va del poema al relato. En novelas como Mandíbula y poemarios como Historia de la Leche la escritura emprende una búsqueda que la impulsa a experimentar una transformación que no concluye.


La infancia termina con la creación de un monstruo que se arrastra por las noches: un cuerpo desagradable que no puede ser educado. La pubertad nos hace hombres y mujeres lobo, o hiena, o reptil y, cuando hay luna llena, vemos como nos perdemos a nosotros mismos (sea lo que sea que seamos) (Ojeda, 2018, p. 75).


Mandíbula se constituye como una novela que explora las zonas más oscuras de la maternidad, la adolescencia y las relaciones entre mujeres.  A medida que la trama avanza, se produce un acercamiento a la psicología femenina llevada al límite, en el cual se opera la transición de lo blanco a lo turbio y deforme. Es un libro que excede los linderos entre lo humano y lo monstruoso, la violencia y el amor, la tortura y el placer, presentándolos como símbolos de lo cotidiano. 


“Estar dentro de la boca de un cocodrilo: eso es la madre”. La metamorfosis de la imagen del reptil en figura materna pone en juego el proceso de hibridación, la vulneración de las fronteras entre animal y mujer, lo que torna porosa la frontera que separa al pensamiento de la corporeidad; desencadenando así el devenir animal de la mujer.  Asimismo, la arquitectura de la novela se destaca por un cruce entre géneros, lo que configura un estilo en el cual las dos caras de una misma moneda se confunden de manera inquietante.


La novela posee un registro que juega con la constante exploración del lenguaje: “La poesía es un intento de crear la experiencia de lo que no puede decirse [...] La afirmación de lo humano en la bruma mientras, al otro lado, los animales cazan”. Para la autora, si la literatura  tuviese que comunicar algo, sería por medio de la confrontación del lenguaje a sus propios límites. Nos encontramos ante una forma de expresión que muestra un amplio repertorio literario junto a una jovial personalidad, ávida de experimentación. Este vasto camino, lleno de experiencias estético-poéticas, desemboca en la creación del poemario Historia de la leche.


“Una madre se alimenta de sus hijos

muerde de sus arterias y hace gárgaras con sus ríos:

mansos presagios

de la carroña de Dios”.


La escritura poética de Mónica Ojeda se inscribe en una amplia tradición literaria cuyo fin es reescribir, de diversas maneras, los grandes mitos de la civilización. Así, en Historia de la leche, se reinventa el mito de Caín y Abel, en el cual el cuerpo femenino deviene en discurso, en fuerza motora, creativa. La gran variedad de referentes literarios hace de este libro una mezcla de diálogos, monólogos, aforismos, relatos, entre otros tantos elementos. Como lectores nos encontramos ante una riqueza de formas y recursos que moldean el libro desde la concepción del mito hasta la revelación de la violencia como vínculo de la historia familiar.


“Tu madre es dios,

la horca,

la incandescencia del origen violado por el músculo húmedo de su luz”.


Con igual fuerza visionaria que en Mandíbula, la autora presenta la figura de la madre como un  término ligado a lo carnívoro, pero esta vez se añade como característica definitoria a la divinidad. Historia de la leche plantea a este líquido como alimento que une a la madre y a la creación en general. Mientras el lazo se va reforzando, la leche empieza a pudrirse hasta formar una dependencia total con lo monstruoso.


En cuanto a su estructura, el poemario se compone de seis partes en las cuales la poesía se relaciona con la prosa, manteniendo así una condición de intervalo literario. El texto se encuentra sujeto a un encadenamiento lírico y, al mismo tiempo, es producto de un relato que se construye. 


Las técnicas utilizadas por la escritora comprometen el concepto tradicional de los géneros poético y narrativo e introducen una nueva forma de narrar. Esta construcción del lenguaje le permite dialogar de manera directa con la noción de lo paradójico. Así, además de inocular elementos provenientes del discurso narrativo a sus poemas, suscita la creación de imágenes plurisignificativas que reflejan la búsqueda de una escritura con un mayor grado de libertad.