Prepoemas en postespanol de Jorgenrique Adoum

Ensayo

Prepoemas en postespañol de Jorgenrique Adoum: el desmontaje de la lírica, la producción de una nueva épica

María Auxiliadora Balladares

Número revista:

3

Tema libre

En el contexto de la lucha armada de la izquierda revolucionaria en América Latina en los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado, surge una producción poética que piensa lo nacional como lugar de enunciación y para la cual se vuelve inminente una resemantización de lo nacional, precisamente, desde una sensibilidad atravesada por la militancia y una lectura cabal de la teoría marxista. Se trata de añadir a ese concepto abstracto un pensamiento, una sabiduría e incluso un habla que traspasen las fronteras impuestas desde las prácticas y lógicas colonizadoras. El lugar de enunciación del poeta que se arriesga por esos caminos se sostiene, en buena medida, en la fuerza que ese proyecto de la izquierda tuvo en la segunda mitad del siglo XX. Con la muerte y represión generadas por las dictaduras militares que empiezan a hacerse del poder en diferentes países del continente en esos años, se abre paso a las nuevas formas de la poesía comprometida. Ahí está, verbigracia, la obra de Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Juan Gelman y, en nuestro país, Jorgenrique Adoum.


En el caso de Prepoemas en postespañol de Jorgenrique Adoum, la figura del hombre comprometido deviene central en tanto la suya es la voz cantante en el poema. Si este hablante poético muestra su intimidad ante lxs lectorxs, canta al sentimiento amoroso y muchas de las veces privilegia un tono elegíaco, se podría concluir que nos encontramos ante una obra de carácter lírico. Aunque todo lo mencionado ocurre en Prepoemas, resulta apresurado e impreciso pensar este poemario en esos términos exclusivamente. El compromiso del yo poético permea cada uno de los textos que componen el libro, complicando su clasificación genérica. ¿Es posible pensar en términos de lo lírico una producción poética que pasa por el compromiso político? ¿Es posible asumir una postura crítica de la política y la sociedad en un poema de amor? La radicalización del lenguaje y la autonomía de cada uno de los textos que conforman el libro provocan al menos dos efectos claramente identificables. Por un lado, establece una distancia crítica con respecto a los discursos nacionalistas de derecha y una autocrítica de la izquierda en ese mismo sentido. Por otro lado, esa radicalización responde al impulso de preparar un lenguaje que nombre lo que antes no había sido necesario o no se había podido nombrar o, en su defecto, se había nombrado incompleta y problemáticamente.


Prepoemas se publicó en su versión original en Madrid en marzo de 1973, como parte de Informe personal de la situación. En 1979, se publicó en Barcelona la versión final del poemario. Esta incluye diez nuevos poemas, algunos de los cuales hacen alusiones directas al golpe de Estado en Chile (que acontece meses después de la primera publicación), como por ejemplo: “a besarte la misma boca con que mi insultas / cuando desvives a los niños de los otros / a pinochetazo puro no me dejas / sino nombres ya sin nadie en mi libreta”.[1] El poemario podría remitirnos, sin embargo, a cualquier nación latinoamericana en época de dictadura. Con respecto al manejo del espacio, los cuerpos enfrentados al estado de sitio se exponen a un encierro que los desgasta físicamente y que revela la apatía a estar con unx mismx en soledad. Esta propiciaría para el ser humano la reflexión sobre la sociedad o sobre la condición del propio universo psíquico. El poema que abre el libro, “Coinciobediencia”, reza: “pero mis otros yos me aburren tanto / que siempre vale más estar solo que mal acompañado / y así volvemos otra vez a fojas uno / y de paso no violo las disposiciones / del estado de sitio en que vivimos”.[2] Si bien el poema de Adoum nos remite a una fase existencial del yo poético, este trasciende esa coyuntura para abrirse y mostrar el riesgo que implica dejar de pensar en el contexto de un estado totalitario. A esto se refirió Hannah Arendt in exteso: se banaliza el mal y, en esas circunstancias, la dignidad humana no tiene cabida.


El poema “Las vidas comunicantes” reza: “fue a trabajar con sabor a malanoche / el jefe lo trató como a comunista y negro / se comió un sándwich de jamón flaquísimo / volvió a la oficina cárcel o perrera / hablabló de qué para qué con quiénes / escribió las mismas cartas de ayer para algún día / fue al banco a mendigar un saco dos meses medicinas / lo maltrataron en los transportes públicos / y avanzó a pie bajo la lluvia espesa”.[3] Ese andar de hombre gris, en el que el trabajo no es espacio apto para crear e inventar, sino para repetir cada día la misma acción cual autómata, elimina toda humanidad del burócrata o del obrero, y genera en ellos, como señala Simone Weil, un estado de hastío y cansancio perpetuos: “Los antiguos decían que el día en el que a un hombre le habían hecho esclavo, le habían arrebatado la mitad de su alma”.[4] El poder detrás de ese trabajo al que se refiere la voz poética elimina su singularidad porque es más fácil gobernar sobre un reino de fantasmas. Kojin Karatani, filósofo marxista japonés, hace una reflexión muy similar a la que nos ha llevado el poema de Adoum:


«Siguiendo a Kant, se podría decir que la particularidad tiene un precio y que la singularidad tiene dignidad. La singularidad de cada persona no posee valor de cambio. Esto no proviene de una cualidad especial o de una individualidad única de cada persona. Esas cualidades, de hecho, tienen precio y son intercambiables. La singularidad, que toda persona normal tiene es algo no intercambiable. Esa es la dignidad. En otras palabras, la dignidad es libertad o subjetividad voluntaria. Kant encontró el principio moral en tratar a los otros no solo como medios, sino también como fines. Tratar a los otros como fines es tratarlos como sujetos con voluntad. Kant llama “el reino de los fines” a la sociedad donde las personas se tratan unas a otras como fines […] el comunismo de Marx es típicamente conceptualizado solo en el nivel de lo económico, y es totalmente olvidado que este comunismo no es nada más que el “reino de los fines” de Kant. Lo que merece ser llamado comunismo es algo que asegure la dignidad humana».[5]


El color del poemario que resulta más atractivo por su potencia es justamente el que nos remite una y otra vez a la necesidad de asegurar la dignidad humana. Las formas que asumió el comunismo real se agotaron prontamente. El lenguaje del poemario de Adoum refleja, como a través de una sinécdoque, la necesidad de nuevas formas que no se agoten en ellas mismas, que aseguren la posibilidad de la reinvención, de una lucha constante contra el agotamiento en la política y en el amor: “madrúgame mañana para reamarnos / y rehacernos emparejado el cuerpo / antes de que el día nos desdoble / y te unte el reloj el coñac de tus medias / y endurezca en tus abras la cera de la víspera / y me cierre tus zaguanes donde arde la noche / y te lave las manos que de haberme tan tocado / siempre amanecen oliendo a mi exduelos”.[6] El motivo que deviene catalizador del postespañol, que produce en el yo poético la necesidad de generar un idioma nuevo, en buena medida, es el amor. Cargar de cotidianidad la lengua, renovarla o regenerarla requiere al menos de una operación: provocar la existencia de un sustrato en el que se pueda compartir ese nuevo lenguaje. La vida de la pareja militante recreada en estos poemas es el marco en el cual se evidencia la posibilidad de ese compartir, del diálogo. Si la conciencia misma del militante sobre su momento histórico es el catalizador del postespañol, es en la presencia de la otra amada que su invención cobra real sentido. El anhelo de renovación social que acompañó a la lucha armada encuentra un camino viable en el lenguaje poético de Adoum y en la conciencia dialógica de sus sujetos de la enunciación.


En Prepoemas en postespañol, la lengua nueva se corresponde con el surgimiento de un nuevo sujeto crítico respecto de la situación de colonialidad que detecta y diagnostica en su propio espacio-tiempo. Cuando Teodoro Adorno se refiere a la fuerza de la poesía lírica de la Alemania guillermina, nos remite al ejercicio ascético de “evitar todo lo que pudiera disminuir la distancia respecto al lenguaje envilecido por el comercio”.[7]No es ya el producto que llamamos “poema lírico” lo que reproduce Adoum propiamente, sino la estrategia subversiva del poeta lírico. Si después de la Primera Revolución Industrial el rol del poeta romántico va a ser resistir –a través de una vuelta a la relación perdida entre humano y naturaleza– a las lógicas mercantilistas impuestas a partir de finales del XVIII e inicios del XIX, ¿cuál sería la actividad subversiva en los prepoemas de Adoum? Hasta entrada la década de 1950, la poesía del ambateño se corresponde con un proyecto americano o andino que recupera la figura del indio como instancia primera del nuevo nacionalismo. Es en la década de los sesenta cuando el proyecto escriturario de Adoum da una vuelta de tuerca. Su trabajo radical con el lenguaje se vuelve evidente. Lo indígena pasa de ser objeto poético, a atravesar la sensibilidad del hablante que crea el postespañol como instancia de resistencia contra el colonialismo enquistado en la vida social y política del Ecuador: “para los pobres de ese país parado a medianoche / (hace un mundo de tiempo ya que dio las once / pero cuándo también irá a sonar la una) / tampoco cambia nada ni el nombre de patrón presidente”.[8]El “patrón presidente”, dice Adoum: el epíteto abarca una imagen doble y demasiado cercana en términos históricos como para que lxs lectores, al menos lxs ecuatorianxs, no se sientan aludidxs por ella: el patrón de la hacienda y el presidente de la república son las dos caras de la misma moneda: son los rostros visibles cuyo polémico e infame ejercicio del poder activa los procesos de degradación que padece buena parte de los habitantes de este país.


Este libro constituye una suerte de culminación de un proyecto escriturario en el que el poeta, desde una obvia conciencia de la situación social y política en el Ecuador y en el resto de América Latina, procura devolver la poesía a lo cotidiano a partir de una reconfiguración de lo coloquial. Señala Saúl Yurkievich a propósito:


«La lengua coloquial da a esta poesía su módulo idiomático. El coloquialismo implica optar por la lengua viva, popular, provoca la pérdida de la neutralidad verbal, es un puente de cotidiana familiaridad, de fraternización con el lector. Adoum utiliza eficazmente las coloraturas, el sabor expresivo, la capacidad gráfica de lo coloquial, pero desautomatizándolo, reelaborado con una conciencia vigilante que atenúa lo regional y lo enriquece mediante sagaces mutaciones. La lengua conversacional da la base operativa, el canon elocutivo; Adoum la modula y la densa semánticamente».[9]


Son varias las implicaciones que el prefijo “post-” de “postespañol” conlleva. Aquí quiero referirme a una temporal y una espacial. En el primer caso, el prefijo marca el paso definitivo, en su propia carrera, a una poesía en donde se figura un profundo interés por las hablas en el Ecuador. En sus poemarios anteriores, si bien el lenguaje poético siempre fue distendido, no alcanza la radicalidad del libro al que aquí nos referimos. Esta preocupación se corresponde con la labor que fue central en la producción de la literatura del realismo social en la década de los treinta del siglo pasado en el país: esos escritores fueron los encargados de generar una suerte de archivo idiomático sobre el cual se asienta, en palabras de Agustín Cueva, “una literatura y un arte propiamente nacionales”.[10]La poesía de Adoum viene a enriquecer ese archivo y deviene, tal como en su momento la narrativa de los treinta devino, el espacio en el cual es posible el encuentro –o el desencuentro de la nación–. Parto de la premisa de que ese encuentro, en el poema, se multiplica en diversos posibles, no en uno solo uniformador y eliminador de las diferencias. El prefijo “pre-” de “prepoemas” nos remite, por su lado, a la existencia de una forma del discurso que tiene poco que ver con el poema puro y que, más bien, se reactiva en la oralidad; todo esto para volver a hablar de la nación; ya no a través del discurso romántico que piensa al criollo como héroe que libera a estos territorios del yugo imperial, sino a través de un nuevo género, de un poema que desmonta la lírica, produciendo, en ese mismo movimiento, una nueva épica.


En un poema de Cuadernos de la tierra. III. Dios trajo la sombra (1959), el motivo de la memoria histórica encarnada en el yo lírico se trabaja en estos términos: “Mas he aquí que este viaje de regreso ya es funeral precipitado. / Y yo soy el difunto: las señales se cumplen / y no hay armas contra el vaticinio. / Yo soy la tarde, declina aquí mi dinastía”.[11]El mismo motivo en Prepoemas: “indiamente estoy co- / mo desterrado descielado también / acostumbrándome a este mal malo / de la tos de la memoria / mismamente sin por qué / yéndome / como quien no quiere la cosa”.[12] En cada caso, el lugar de enunciación es distinto. En el primero, nos remite a la figura del indio propiamente; en el segundo, a la del mestizo consciente de su indianidad. En el primer poema, el lenguaje es formal, apegado a la normativa e incluso echa mano de construcciones lingüísticas formulaicas, típicamente poéticas: “Mas he aquí”; así como estrategias retóricas tradicionales: la estructura anafórica en la que se repite la conjunción “y”. En el segundo poema, la invención de palabras –a través de diferentes estrategias como juntar prefijos y raíces o la adjetivación de sustantivos– radicaliza el lenguaje poético. Además, este ya no adscribe a la formalidad de la tradición poética como el poema de Cuadernos, sino que se libera de ella para favorecer el habla popular: “como quien no quiere la cosa”.


En ambos poemas, el sujeto de la enunciación habla desde la primera persona del singular; sin embargo, la singularidad de ese yo se atenúa ya que está representando a la colectividad india y mestiza respectivamente, y porque en el enunciado da cuenta de su retirada. Hay una diferencia entre un poema y otro. El de Cuadernos no llega a ser influenciado por el habla del grupo humano a quien esa voz representa, mientras que, en Prepoemas, sí está atravesado por la oralidad quichua y por la oralidad mestiza. El prefijo “post” nos remite, entonces, a un lugar de enunciación en donde la lengua es transformada por la propia colectividad.


Alain Badiou ha hecho una reflexión en torno a la verdad que en alguna medida se corresponde con el proyecto de Adoum en este poemario. En su “Ensayo sobre la conciencia del mal”, el filósofo francés define dos conceptos que están fuertemente vinculados entre sí: el acontecimiento y la verdad. Un acontecimiento es algo que ha pasado, “algo irreductible a su inscripción ordinaria en lo que hay”.[13]El acontecimiento implica siempre una ruptura en el orden de las cosas. La verdad, por su lado, ocurre en la fidelidad al acontecimiento, a la ruptura. En los poemas de Adoum, la verdad o la ruptura se evidencian en la certeza de que el proyecto de la izquierda revolucionaria es una verdad que no vive crisis, sino que, como dice Badiou, la crisis la vive uno o la viven los varios “alguien” que entran en la composición de esa verdad. El hablante poético plantea la inminencia de la lucha revolucionaria, pero también las dudas que esta le genera en la incapacidad de algunos cuadros de generar un espacio en común para el diálogo y concretar el camino de la lucha:


«porque en este aguacero de muerte que viene desde arriba / no hay una demanda mayor de ataúdes ni de sepultureros / sino de víctimas (zurdos ambidextros o izquierdistas) / y quien sabe si no iremos a estar por vez primera juntos / más camaradas que qué aunque no lo queramos todavía / en la fosa común nuevo local de un único partido / en una sesión instalada para siempre / postsabiendo cuándo comenzamos a terminar en esto / si recién seguíamos discutiendo de principios».[14]


No es lírica la poesía de Adoum ya que no escoge desprenderse de su ser social, sino más bien nos remite al encuentro en el cual es posible toda “verdad”. El ejercicio poético de Adoum en Prepoemas, sin embargo y en un sentido, sí recupera el gesto por el cual surge la poesía lírica moderna. Así como esta surge en el contexto del clasicismo alemán que “en nombre de la humanidad, de la universalidad de lo humano, había emprendido la tarea de sustraer la emoción subjetiva a la contingencia que la amenaza[ba] en una sociedad en la que las relaciones entre los hombres ya no [eran] inmediatas, sino meramente mediadas por el mercado”[15]; en el contexto de la poesía ecuatoriana, los Prepoemas dan cuenta de la necesidad de encontrar un lenguaje que permita tomar distancia de un proyecto de modernidad que sustrajo del panorama social ecuatoriano, o al menos de sus postales costumbristas y de sus discursos prohispanistas, la figura del indio.


El poeta es incapaz de separar el ámbito de su militancia política del de su vida íntima: su vida de amante y de poeta. Esa es una de las formas más puras y bellas de fidelidad a un acontecimiento. El acontecimiento para Adoum, como se sabe, es el devenir de la sociedad comunista. Aunque esa sociedad no haya llegado, no llegue, ni llegará para instalarse hasta el fin de los tiempos, el planteamiento posible es que la comunidad espontáneamente ocurra una y otra vez, en los diversos encuentros entre los hombres, en sus pequeñas o grandes luchas. Incluso en su forma de aprehender el mundo y el lenguaje, tal como ocurre en la poesía de Adoum que ha plagado de humor e ironía sus textos. Lo que permite que la dignidad o la singularidad del yo poético persista, no decaiga ni siquiera en los estados de sitio.



[1] Jorgenrique Adoum. Poesía hasta hoy 1949-2008 II. Quito: Archipiélago, 2008, p. 895.

[2] Ídid., p. 867.

[3] Íbid., p. 913.

[4] Simone Weil. “Condición primera de un trabajo no servil” en La condición obrera. Madrid: Trotta, 2014. p. 302.

[5] Kojin Karatani y Joel Wainwright. “‘Critique is impossible without moves’: An interview of Kojin Karatani with Joel Wainwright”, en Dialogues in Human Geography, marzo 2012, Vol. 2, No. 1, p. 34.

[6]Jorgenrique Adoum, Poesía II, p. 897.

[7]Th. W. Adorno, Notas sobre literatura I, Madrid, Akal, 2013, p. 65.

[8]Jorgenrique Adoum, Poesía II, p. 883.

[9] Saúl Yurkievich, “De lo lúcido y lo lúdico” en Cuadernos hispanoamericanos, Madrid, 291, septiembre 1974, p. 728.

[10] Agustín Cueva, Entre la ira y la esperanza, Quito, Planeta, 1987, p. 138.

[11] Jorgenrique Adoum, Poesía hasta hoy 1949-2008 I, Quito, Archipiélago, 2008, p. 257.

[12]Jorgenrique Adoum, Poesía II, p. 877.

[13] Alain Badiou, La ética. Ensayo sobre la conciencia del mal. Internet desde http://www.elortiba.org/badiou.html.

[14]Jorgenrique Adoum, Poesía II, 909.

[15] Th. W. Adorno, Notas sobre literatura I, Madrid, Akal, 2013, p. 61.

Adorno, Th. W. Notas sobre literatura I. Madrid: Akal, 2013.

Adoum, Jorgenrique. Poesía hasta hoy 1949-2008 I. Quito: Archipiélago, 2008.
---. Poesía hasta hoy 1949-2008 II. Quito: Archipiélago, 2008.

Badiou, Alain, La ética. Ensayo sobre la conciencia del mal. Internet desde http://www.elortiba.org/badiou.html.

Cueva, Agustín. Entre la ira y la esperanza. Quito: Planeta, 1987.

Karatani, Kojin y Joel Wainwright. “‘Critique is impossible without moves’: An interview of Kojin Karatani with Joel Wainwright” en Dialogues in Human Geography, marzo 2012, Vol. 2, No. 1, pp. 30-52.

Weil, Simone. “Condición primera de un trabajo no servil” en La condición obrera, Madrid: Trotta, 2014. pp. 301-312.

Yurkievich, Saúl. “De lo lúcido y lo lúdico” en Cuadernos hispanoamericanos, Madrid, 291, septiembre 1974, pp. 724-728.