Requiem por un homo sacer

Ensayo

Réquiem por un homo sacer:
la vida nuda en la novela de Ramón J. Sender

Mario Conde

Número revista:

6

Tema dossier

Réquiem por un campesino español es una obra emblemática entre la abundante producción literaria sobre la Guerra Civil española. La novela de Ramón J. Sender (1953) se desarrolla a inicios del conflicto español y describe la fragmentación social y la violencia de aquellos años. No obstante, ningún pasaje menciona la guerra como tal, lo que evidencia una postura estética y a la vez crítica de Sender contra la represión y el tabú que impuso el régimen franquista de la época. En síntesis, el argumento se centra en los recuerdos de Mosén Millán, ­sacerdote de una pequeña comunidad rural que se prepara para celebrar una misa de réquiem por la memoria de Paco el del Molino, líder campesino ejecutado un año atrás. A través de una técnica de continuas analepsias, el lector cobra conocimiento de que Paco fue victimado por un grupo de señoritos —falangistas— que tomaron el control del pueblo cuando se marchó la guardia civil; es decir, cuando estalló el conflicto. La tensión narrativa gira en torno al sentimiento de culpa del sacerdote, que reveló el escondite de Paco, lo convenció para que se entregara y le suministró el sacramento de la unción antes del fusilamiento. En el presente de la narración, ningún miembro de la comunidad acude a la misa de réquiem pese a haber sido Paco una persona querida y respetada en el pueblo. Los únicos que se congregan en la iglesia son don Valeriano (el político), don Gumersido (el terrateniente) y el señor Cástulo (el burgués), representantes del poder y partícipes de la muerte de Paco tanto como el sacerdote.


De tal argumento se desprende el tema central de la novela: la rememoración del protagonista en el imaginario del pueblo. Paco constituye una memoria colectiva, una figura discordante que atenta contra el discurso hegemónico que impone la memoria oficial; de ahí que los representantes de la institucionalidad política, económica y religiosa del pueblo traten de conjurar la persistencia de su recuerdo mediante una misa de réquiem. El vacío en la iglesia devela la negativa y oposición de la comunidad a olvidar la ejecución de Paco.


Desde una perspectiva actual, la obra de Sender se puede leer a la luz de la teoría del homo sacer, el poder soberano y la nuda vida planteada por G. Agamben (2006). Según el filósofo italiano, la condición de homo sacer ¾hombre sagrado en una primera acepción¾ consiste en la doble exclusión de un sujeto tanto de la esfera sagrada como del orden jurídico. En consecuencia, no es elegible para el sacrificio ritual; sin embargo, al quedar fuera del orden jurídico, cualquiera puede ejercer la violencia contra él y quitarle la vida sin que el hecho constituya un crimen punible. Históricamente, la condición de homo sacer es una figura contradictoria del derecho romano arcaico, época en que las esferas de lo sagrado y lo profano se hallan muy próximas. De acuerdo con Agamben, esta proximidad entre las dos esferas da como resultado, en la actualidad, la noción de sacralidad de la vida humana, principio sobre el que se fundamentan los derechos y las constituciones de las naciones soberanas (p. 109).[1] No obstante, en el devenir social suelen acontecer situaciones marcadamente conflictivas en las que una nación, basada en el principio de decisión soberana, decreta un estado de excepción en el que la ley se exceptúa a sí misma. Como consecuencia, la sacralidad de la vida, excluida del derecho jurídico, se convierte en nuda vida, y el ser humano, en homo sacer: sujeto no elegible para el sacrificio pero al que se puede matar impunemente (p. 111). Tal relación de doble exclusión ocurre en la ejecución del protagonista de la obra de Sender. Paco el del Molino se vuelve un homo sacer, sujeto insacrificable a quien, contradictoriamente, se asesina con impunidad.


Establecida la teoría de Agamben, se puede postular que a inicios de la Guerra Civil española, el protagonista de la novela de Ramón J. Sender, Paco el del Molino, es excluido del derecho jurídico y legal por oponerse al sistema monárquico mediante un movimiento colectivizador de corte revolucionario; en otras palabras, se convierte en homo sacer o sujeto sobre el que se puede ejercer la violencia. Bajo esta condición, su ejecución no constituye un crimen punible; sin embargo, al ser también un sujeto insacrificable, su memoria discordante sigue presente en el imaginario colectivo y popular de la comunidad. Tres interrogantes se desprenden de este postulado: ¿Por qué Paco el del Molino, un líder querido y respetado es ejecutado sin que la institucionalidad del pueblo ni sus habitantes traten de impedirlo? ¿Por qué Mosén Millán y los tres representantes de la institucionalidad, responsables directos de la muerte de Paco, intentan celebrar una misa de réquiem a la que no acude ningún miembro de la comunidad? ¿Cómo se manifiesta la tensión entre la institucionalidad del pueblo y los habitantes de la comunidad tras la muerte de Paco?


La excepción soberana y la nuda vida


Como representación artística y estética de una realidad en tensión y polarización política, Réquiem por un campesino se sostiene en una estructura basada en la contraposición. En principio, se evidencian cuatro personajes de la clase dominante, los que acuden a la iglesia, y cuatro personajes pertenecientes a la clase popular: Paco el del Molino, la Jerónima, el zapatero y el monaguillo. Cada uno desempeña una función de oponente con respecto a su “contrario”:


Don Valeriano (político pro aristocracia)  ⇏ Paco el del Molino (líder popular)


Don Gumersindo (terrateniente ultrajador) ⇏ La Jerónima (partera lenguaraz)


Señor Cástulo (burgués calculador)    ⇏ El zapatero (artesano ácrata)


Mosén Millán (voz oficial religiosa)   ⇏ El monaguillo (voz del pueblo)


En el extremo de la polarización, igual que en la sociedad española de la época, los primeros tratan de acogerse a los beneficios del poder; los segundos, en cambio, son excluidos; es decir, homo sacer sobre los que se ejerce una violencia excepcional tras la llegada de los pijaitos al pueblo:


Normalmente a aquellos tipos rasurados y finos como mujeres los llamaban en el carasol pijaitos, pero lo primero que hicieron fue dar una paliza tremenda al zapatero, sin que le valiera para nada su neutralidad. Luego mataron a seis campesinos […] y dejaron sus cuerpos en las cunetas de la carretera entre el pueblo y el carasol. (Sender, 1970, p. 78)[2]


En este contexto de violencia excepcional e impunible, la Jerónima termina sus años excluida en el carasol, llena de miedo y hablando a solas; poco más que la loca del pueblo. El monaguillo, pese a ser un muchacho aún, es amedrentado por el discurso ultrajante de don Gumersindo, lo que deja traslucir el régimen de terror que se impuso a las nuevas generaciones: “—No lo digas todo, zagal, porque aquí, el alcalde, te llevará a la cárcel” (p. 67).


La contraposición de los personajes —recreación simbólica de la tensión entre los dos bandos que condujo a la Guerra Civil—, se enfatiza en la dualidad don Valeriano- Paco el del Molino, representantes políticos de la monarquía y la república, respectivamente. Una discusión entre ambos personajes, sobredimensionada en la iglesia y el carasol ¾espacios donde uno y otro se reúnen y difunden sus ideales¾, pone en evidencia el enfrentamiento del dirigente campesino contra la monarquía: “Dígale al duque que si tiene tantos derechos, puede venir a defenderlos él mismo, pero que traiga un rifle nuevo, porque los de los guardas los tenemos nosotros” (p. 74). Esta escena marca un antes y un después en la vida de Paco: el momento que queda excluido del derecho jurídico; en otras palabras, al atentar contra los preceptos sagrados de la nación, esta, como defensa, aplica el estado de excepción soberana y su existencia se vuelve nuda vida.


Ahora bien, ¿por qué Paco el del Molino, líder querido y respetado es ejecutado sin que la institucionalidad del pueblo ni sus habitantes traten de impedirlo? En primer lugar, se debe precisar el término: no se trata de una ejecución, sino de un asesinato —el primero implica un proceso de juzgamiento al que un homo sacer no tiene derecho—. En segundo lugar, los representantes de la institucionalidad: don Valeriano, don Gumersindo, el señor Cástulo y Mosén Millán no intentan impedir el asesinato; al contrario, lo propician pues, al ser ciudadanos de la nación, el estado de excepción soberana se aplica también a ellos, es decir, su existencia es nuda vida. La misma condición se aplica a los demás habitantes del pueblo. Nadie puede ni se atreve a ayudar a Paco; el estado de excepción soberana los vuelve sujetos sobre los que se puede ejercer la violencia. Como plantea Agamben, la excepción soberana se fundamenta en la sujeción de la vida a un poder de muerte (p. 110).


La insacrificabilidad del homo sacer


La segunda característica de la figura del homo sacer es su condición de insacrificabilidad. Desde la teoría de Agamben, tal condición se justifica en el hecho de que la sacratio es “un residuo debilitado y secularizado de una fase arcaica en que el derecho religioso y el penal no se habían diferenciado todavía, y en el que la condena a muerte se presentaba como un sacrificio a la divinidad” (p. 95). Así pues, el homo sacer ¾hombre execrable en esta segunda acepción¾no es sujeto de ejecución pues esta constituiría un sacrificio. En este sentido, el asesinato de Paco el de Molino es, en cierta forma, un sacrificio que lo eleva de la condición humana a una condición sagrada.


Se mencionó en el apartado anterior que Paco el del Molino, el zapatero, la Jerónima y el monaguillo son excluidos de la esfera político-religiosa de la sociedad y adquieren la condición de homo sacer. En el caso de los dos últimos ¾la partera de las dijendas y el monaguillo ayudante del sacerdote¾, no pierden la vida pues no representan una amenaza para el estado soberano; en ellos se cumple la condición de insacrificabilidad, aunque su existencia se reduce a la represión y el miedo al ser sujetos sobre los que cualquiera puede ejercer la violencia. El caso de Paco el del Molino y el del zapatero es opuesto. Ambos se convierten en amenazas a los que se enfrenta la “cruzada nacional” franquista, enemigos a los que se elimina —sacrifica dada la proximidad de lo político con lo sagrado—, pese a ser insacrificables por su condición de homo sacer. Tal lógica contradictoria se representa en la novela de Sender desde dos perspectivas: El zapatero es asesinado; sin embargo, su muerte no constituye una ejecución-sacrificio. Por el contrario, Paco pierde la vida y su muerte se enmarca en la ejecución-sacrificio. ¿Por qué? ¿En qué radica la diferencia?


Al igual que Paco, el zapatero es excluido del derecho jurídico por su posición de ácrata, un francotirador que descarga su discurso contra cualquier forma de autoridad. No obstante, su muerte no constituye una ejecución-sacrificio debido al anonimato del agente de acción; el zapatero es asesinado violentamente por su condición de homo sacer, pero el poder hegemónico no participa del asesinato, al menos no directamente:


Al día siguiente de haberse burlado la Jerónima del zapatero, éste apareció muerto en el camino del carasol con la cabeza volada. La pobre mujer fue a ponerle encima una sábana, y después se encerró en su casa, y estuvo tres días sin salir. (p. 79)


La construcción impersonal “aparecer muerto” elimina, por un lado, la responsabilidad de un sujeto agente; por otro, el énfasis de con la cabeza volada ¾resaltado en itálicas por Sender¾ denota que la muerte no está vecindada con el deceso natural. La novela denuncia una serie de asesinatos que ocurren en el pueblo, pero el responsable —el grupo falangista— no es sujeto de una acción punible pues las víctimas están fuera del derecho jurídico: “Nadie sabía cuándo mataban a la gente. Es decir, lo sabían, pero nadie los veía. Lo hacían por la noche, y durante el día el pueblo parecía en calma” (p. 80). La muerte del zapatero y de otros personajes secundarios es un llamado de atención, un rechazo a la violencia, un grito contra el silencio que se impuso a la sociedad española.


Con Paco el del Molino sucede lo contrario. Como protagonista, su muerte es referida en detalle y se lleva a cabo por una doble traición de Mosén Millán al revelar su escondite y convencerlo de que se entregue, con la ilusoria promesa de que se respetará su vida. Luego, es transportado en el auto del señor Cástulo y recibe la extrema unción de Mosén Millán antes de ser fusilado, lo que convierte su muerte en sacrificio y ejecución pues la esfera política y la esfera religiosa obran juntas:


—Si me matan por haberme defendido en las Pardinas, bien. Pero los otros dos no han hecho nada.


Paco se agarraba a la sotana de mosén Millán, y repetía: «No han hecho nada, y van a matarlos. No han hecho nada». Mosén Millán, conmovido hasta las lágrimas, decía:


—A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres. (p. 91)


Si en el apartado anterior se dijo que la discusión de Paco con don Valeriano lo convierte en homo sacer; en este caso, la confesión de Mosén Millán convierte su muerte en sacrificio, asociada manifiestamente con el mártir que muere por sus creencias. Desde la esfera política, asimismo, Paco se erige como un héroe pues prioriza la vida de los otros antes que la suya. En suma, la muerte de Paco el del Molino resulta contradictoria pues su condición de homo sacer lo excluye de ambas esferas que participan del hecho.


Tal contradicción responde la segunda interrogante planteada en la introducción: ¿Por qué Mosén Millán y los tres representantes de la institucionalidad, responsables directos de la muerte de Paco, intentan celebrar una misa de réquiem a la que no acude ningún miembro de la comunidad? El intento del réquiem evidencia una vez más que las esferas de lo político y religioso obran juntas. La misa de réquiem tiene dos finalidades. Desde la esfera religiosa, eliminar la figura de mártir que adquiere Paco tras su sacrificio-ejecución; es decir, eliminar su condición de homo sacer mediante su reintegración en la esfera religiosa. Desde lo político, en cambio, se busca la aceptación y aprobación de la comunidad a la ejecución; de este modo, la muerte de Paco respondería a un ideal más alto: el bien de un estado regido por una teología política (Viestenz, 2014, p. 5). El vacío en la iglesia expresa la negativa de la comunidad a aceptar. Un pueblo que guarda silencio por miedo; pero aun así, un pueblo que se niega a aceptar el miedo.


Réquiem por un homo sacer


Los cuatro representantes de la institucionalidad del pueblo comparten una responsabilidad por la muerte de Paco. Mosén Millán al denunciarlo y convencerlo de que se entregue. Don Valeriano que escuda los intereses de la monarquía contra los que lucha Paco. Don Gumersindo que se inclina a favor de sus intereses de terrateniente. El señor Cástulo al defender sus intereses de burgués, que pone su capital —en este caso el coche— al servicio de quien lo paga. Tal responsabilidad compartida es sancionada con la exclusión y la indiferencia de la comunidad el día de la misa de réquiem. Por otra parte, una de las condiciones para que una liturgia sacramental se lleve a cabo es la solicitud de quien requiere el sacramento. Por ejemplo, tanto el bautizo como el matrimonio de Paco son ceremonias solicitadas y pagadas por los familiares; no así el sacramento de la unción antes de la ejecución y la misa de réquiem, que son propia iniciativa del sacerdote y evidencian que se trata de una imposición. Como parte de la oficialidad del pueblo, don Valeriano y don Gumersindo se ofrecen a pagar la misa; es decir, cumplen de manera formal el requerimiento de la solicitud:


Al ver que Mosén Millán seguía con los ojos cerrados sin hacerle caso, [don Valeriano] se sentó y dijo:


—Mosén Millán, el último domingo dijo usted en el púlpito que había que olvidar. Olvidar no es fácil, pero aquí estoy el primero.


El cura afirmó con la cabeza sin abrir los ojos. Don Valeriano, dejando el sombrero en una silla, añadió:


—Yo la pago, la misa, salvo mejor parecer. (p. 56)


Más allá de constituir una formalidad de solicitud, el pago devela el objetivo de la misa de réquiem: convocar a la conciliación por medio del olvido. Desde la perspectiva de la oficialidad, es decir, desde el lado del bando nacionalista vencedor, hay una intensión manifiesta de llamar al olvido como vía de conciliación nacional. Paradójicamente, tal llamado a la paz resulta una imposición. Desde la perspectiva contraria, la del bando de la comunidad, que representa a los republicanos o en última instancia al pueblo desvinculado de la política, se muestra en cambio un rechazo a la imposición del olvido.


Explicada la postura de los representantes de la oficialidad y la de los habitantes de la comunidad, se puede ofrecer ahora una respuesta a la última interrogante: ¿Cómo se manifiesta la tensión entre ambas clases sociales tras la muerte de Paco? Por el lado de la oficialidad, se evidencia un llamado a la conciliación a través de un pacto de olvido. Por el lado contrario, la comunidad se resiste al olvido y dado el asesinato de sus dos principales defensores ¾Paco y el zapatero¾, emerge la figura del monaguillo, personaje de aparente inocencia y candidez pero poseedor de un saber tradicional y discordante, el romance popular que atenta contra el discurso y la historia que impone la oficialidad. Si bien sobre este personaje se proporciona mínima información, está asociado directamente con las dijendas de la Jerónima y con el carasol, espacio de concentración popular donde se reproduce la cultura y la tradición oral del pueblo:


Ya lo llevan cuesta arriba

camino del camposanto...

aquel que lo bautizara,

Mosén Millán el nombrado,

en confesión desde el coche

le escuchaba los pecados. (p. 68)


Evidentemente, hay una marcada tensión entre uno y otro grupo. La composición poética popular es la forma contestataria en que la comunidad se opone a la memoria oficial, una memoria dominante que el régimen franquista trata de imponer en la sociedad española.


En conclusión, la condición de homo sacer, extraída de la ficción y aplicada al contexto de la Guerra Civil española, explica el origen y el sustento de la violencia pues la dictadura franquista, constituida en una teología política, emplea el elemento religioso para legitimarla. Paco el del Molino es una representación literaria de las miles de víctimas de la guerra. Mosén Millán intenta oficiar una misa de réquiem para acallar su memoria colectiva. Esta liturgia nunca tendrá lugar: así como no se puede sacrificar a un homo sacer ni mucho oficiarle un réquiem, tampoco es posible acallar la memoria colectiva. Ambas son formas discordantes contra el poder.



[1] Las citas de Agamben provienen de la edición en español de Pre-Textos, 2006.

[2] Las citas de la novela provienen de la edición de Editores Mexicanos Unidos, S. A., 1970.

Listado de referencias

Agamben, G. (2006). Homo sacer: poder soberano y vida nuda. Traducido por A. Gimeno Cuspinera. Pre-Textos.
Sender, R. J. (1953). Réquiem por un campesino español. (1970). Editores Mexicanos Unidos, S.A.
Viestenz, William. (2014). By the Grace of God: Francoist Spain and the Sacred Roots of Political Imagination. University of Toronto Press.