Galería

Desde el margen

Santiago Montoya Ordóñez y David Pinto

Fotografías y Poemas, Ecuador Octubre 2019.


1


El fuego que abre la tierra

es la llama sin rostro


el incendio es blanco

la suerte parece arreglada


un relámpago acecha

el pensamiento


desde el margen

se escucha mejor

este momento





2


En la cima de esta línea

los ojos de la madre

los restos humeantes del padre

un trazo en las cenizas


las paredes se abren


el cuadro se mueve


Nada permanece en su sitio





3


Le faltan pájaros al cielo

le falta verdad a tus palabras

hay tantos sentidos en tus gestos

es difícil creer que este día

cambiará nuestras vidas

es difícil pero no imposible

es un país de niños

y los niños creen cualquier cosa





4


La afirmación de un mundo, por lo general, tiende a la aniquilación de sus posibilidades. En el giro de los dados, todas las decisiones ya han sido tomadas con refinado cálculo. Se sabe lo que se gana y lo que se pierde. Todos son jugadores.





5


Alguna vez se encontrarán nuestras manos

alguna vez aprenderemos a decir todo lo

que el frío ha escrito en el aire que nos separa

esta calle olvidará la forma de los cuerpos

que la han habitado y la calle también

hundirá sus ojos amarillos en el barro

alguna vez volveremos a pensar en las

imágenes que fuimos en los ojos de

alguien más y sabremos que nada fue real


Santiago Montoya Ordóñez






I


La vida se despierta ávida —sigo impotente—, sobre el suelo, con un sabor que no me pertenece, bajo las cenizas, al borde de un río que oculta el contorno de una humareda abrazadora.





II


Es tiempo de abandonar las cenizas

en mis ojos se impregna el espejismo de otro escape

aprieto las manos

mis bolsillos pesan

—debemos rescatar lo que queda de nosotros—

olvidar la multitud

y

considerar seguir

el impulso que precipita las partículas-recuerdo

al infinito.





III


Al fondo, un movimiento interno,

los muros y las paredes reciben

los resultados,

los fracasos,

las insomnes vibraciones

de una estatua que se mantiene vacía.

Comienzo a dejar de ver

la fuga lastimada de un posible regreso.


Al fondo, el humo.


—Erige el muro de un paisaje—

—Erige el corazón de una nube—.





IV


Detengan los camiones, cisternas

llenas de cuerpos

—siguen la corriente—.

Muchedumbre y pantanos, un solo

grito de coraje.


Vagón que se arrastra a la deriva,

abatido

por gemidos

subterráneos.


David Pinto