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Reseña música

Ábrete Sésamo

David Pinto

Número revista:

4

Ábrete Sésamo de Sr. Maniquí, proyecto de Mariela Espinosa, explora distintos gustos, universos y géneros, en el disco se perciben niveles de sutilezas o trazos, como el juego de las voces que se complementan y se desgarran junto con el sintetizador que se descubre en Mar demente. La parte más poética de Lumbre, que vuelve a la cuestión fundamental de la creación del mundo: los elementos, luz, fuego y agua atravesados por la evolución, me aventuraría a llamarla tiempo —recordé la trinidad creadora de la cábala, las tres letras, las tres madres: alef (aire), mem (agua) y sinh (fuego)—, se encuentra arropada por las otras partes del tema, justamente, como un secreto, una llave, palabras que anuncian algo remoto, distante, originario. Todo se mece dilata un espacio, un paisaje sonoro, que ahonda en la brevedad, lo puntual y lo preciso del poema de Ana C. Blum. El tema deja una estela que abre una temporalidad para que el fruto del poema —letra, cifra, palabras, emociones— germine y permita que la espacialidad del tiempo sea el reflejo de las imágenes de los dos primeros versos, la calle como balsa en un territorio extendido, el oxímoron entre la tierra y el mar, y el volcán —como dorsal oceánica— que explota hacia dentro —otra contradicción—, como el proceso creativo que se alumbra a sí mismo hacia afuera atravesando a la creadora, una estocada autoinfligida que atraviesa el pecho y sale, apenas viva, llena del hálito por una abertura en la espalda.


El punto álgido de A Huawei aparece cuando las voces —casi entrecortadas— se unen a la voz principal de Maya Villacreses, que desemboca en la voz de Elsye Suquilanda, dejando al poema tan solo con un teclado que lo acompaña, reconociendo el valor de la palabra como tal, funciona solo/se configura solo/suena solo/canta solo. El piano de La hierba, después del inicio en el que retumba en soledad, se abre con la ligereza del canto, una melodía melancólica que, cuando llega la percusión, se transforma en un caminar. El eco de la voces permite que el grito final del tema resuene, como un recuerdo lejano que vuelve al grano, al horizonte, al ruido. El tema más delicado es A Carmen —ahonda en la ternura—, voz poética pura e íntima que se une al cuatro rasgado, con el que inicia el tema, casi como una canción de cuna, sutil, suave, junto al susurro de la voz.


En Pobreza Narcisa se dibuja el rito, la ceremonia, la repetición y la marcha que se mezcla con el sabor del aire y el agua; convoca al poema, el mantra, el trance de las palabras que pierden o ganan sentido —el sin sentido reboza de sentido—; Rojo (Andrés Martín Arauz) agrega la capa de su voz quebrada, en el intento del grito, en el intento del silencio. El último tema, Ábrete Sésamo, con su métrica poco corriente, ahonda aún más en el tema del poema, el deseo incierto; el ritmo se une a la potencia a la que llega la voz, el poder del grito de guerra que anuncia, en un susurro, el final de las guerras —recuerdo la comparación a la que llega Quignard entre el arco y la lira en la Odisea, la cuerda de cada uno de estos instrumentos, la muerte y la música juntas, la voz como lo que desgarra, como el arco, el firmamento, que al final desaparece después del eco—. Ábrete Sésamo es un puente entre la poesía y la música, entre lo escrito y el sonido.


https://srmaniqui.bandcamp.com/album/brete-s-samo