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Poemas de 'Zugunruhe'

Kelly M. Grandal

Traducción de Margaret Randall

Número revista:

9

Contra Goliat


Yo aquí fui feliz,

me hice polvo de este polvo.

Cerbatana salvaje,

supe lo que era amor.


Sigue rodando emigrante,

todo aquello que soñaste o su revés.

Sigue rodando emigrante.


Flores malvas en otoño, amarillas en verano,

mi esposo me regala tardes espléndidas.

Nadie me revisa, me requisa.

Bueno sí el banco,

pero aquí puedo disentir,

vociferar.


En tu país eras alguien pero aquí no eres nadie.

Nadie

la ceguera del cíclope,

la ira de Poseidón,

la bruja Circe.

Pero mañana la aurora,

la honda contra Goliat.


Sigue rodando emigrante.

Todo aquello que soñaste

o su revés





Against Goliath


I was happy here,

I became dust of this dust.

Savage blowpipe,

I discovered love.


Keep rolling immigrant,

everything you dreamed or it’s opposite.

Keep rolling immigrant


Mauve flowers in fall, yellow in summer,

my husband gives me splendid sunsets.

No one follows or seizes me.

Well yes the Bank,

but here I can dissent,

vociferate.


You were somebody in your country but here you are nobody.

Nobody

the blindness of Cyclops,

rage of Poseidon,

Circe the witch.

But tomorrow the dawn,

the sling against Goliath.

Keep rolling immigrant.


Everything you dreamed

or it’s opposite.





Boat people


A Michaelle Ascencio



Los trajeron en barcos, amarrados como bestias.

Congos, creían que cuerpo y alma

al morir

regresaban juntos a la tierra de los ancestros.

Para eso había que ser enterrado en el propio suelo.

Algunos se arrojaron al mar.

Otros vinieron a Haití, a la mordedura blanca,

cuerpos sin casa que podían ser revividos.

Luego vinieron los boat people,

miles de muertos en el estrecho de La Florida.


—No te juntes con haitianos —me dijeron—

                               No trabajes con haitianos. Pero una enfermera

                                                haitiana acuna a mi padre en lopital*,

lo ayuda a morir.


Punto sin luz en América Latina, parece que el terremoto

                                               quiere barrerlo. Con el vudú no te metas.


Hollywood hace películas sobre zombies,

series sobre zombies,

zombies sobre zombies que

infectan todo

mientras ella canta en lopital, lo ayuda a morir,

la bata blanca de Maman Brigitte.

Pero no te juntes con haitianos, me dijeron, con zombies.

Los trajeron en barcos,

amarrados como bestias.




*Hospital en creole.





Boat people


To Michaelle Ascencio



They brought them in ships, tied like beasts.

Congos, they believed

when they died

body and soul returned together to the land

of their ancestors. This meant they must be

buried in their homeland.

Some of them threw themselves into the sea;

some came to Haiti, to the invisible bite mark,

those homeless bodies that could be revived.

Then came the boat people,

thousands dead in the Florida Strait.


—Don’t hang out with Haitians— they told me—

                                             Don’t work with Haitians But a Haitian nurse

                                                                          cradles my father in the lopital*,

helps him die.


Dark point in Latin America, it seems an earthquake

wants to swallow it. Don’t play with Voodoo.


Hollywood makes movies about zombies,

series about zombies,

zombies about zombies

infecting everything

while she sings to him at the lopital, helps him die,

white dress of Maman Brigitte.

But don’t hang out with Haitians, they told me,

with zombies. They brought them in ships,

tied like beasts.




*Hospital in creole.





Salvatrucha


El desierto es un monstruo, el sol

un espanto luminoso.


Quema la tarde como un papel.

No te vayás en esta fecha,

le dijeron,

no seás idiota,

te va a comer la arena.

No te vayás por ahí,

no crucés el desierto.


Pero él tenía que irse, cruzar,

alejarse de la sangre.

Tenía que clamar a Dios

que no sabe si existe,

si se acuerda de ellos,

místicos de barro

en la pesadilla dorada de las dunas.

Tenía que irse.


Y el desierto es un monstruo

y él cruzó el desierto

y en el desierto le llamaron salvatrucha,

en la frontera le llamaron salvatrucha

y en todas partes le llamaron salvatrucha

como si fuera hombre

que no tiene qué ofrecer.

Y todos dicen que es taimado, traicionero,

que calla mucho y baja la cabeza.

Indio

y no se puede confiar en los indios

y él tiene cara de indio, una cabeza maya,

antiquísima

y no sabe qué hacer con sus palabras y su acento,

con los muros

que separan a los suyos del desierto,

a él de los suyos.


Pero tenía que irse,

cruzar el desierto

y el desierto es un monstruo

y él un indocumentado

que bulle callado como el Conchagua.





Salvatrucha


The desert is a monster, the sun

a luminous dread.


It burns the evening like paper.

Don’t go now,

they told him,

don’t be a fool,

the sand will swallow you,

don’t go there,

don’t cross the desert.


But he had to leave, cross,

walk away from the blood.

He had to cry to a God

he doesn’t know exists,

if He even remembers them,

mud mystics

in the golden nightmare of dunes.

He had to leave.


The desert is a monster

and he crossed the desert

and in the desert they called him salvatrucha,

at the border they called him salvatrucha,

everywhere they called him salvatrucha,

as if he were a man

with nothing to offer.

And everybody says he is sly, tricky,

really silent, that he lowers his eyes.

Indian

and you can’t trust Indians

and he has an Indian face, a Mayan head,

ancient

and he doesn’t know what to do with his words

and his accent, with the walls,

that separate his loved ones from the desert,

from him.


But he had to

leave, cross the

desert

and the desert is a

monster and he is an

illegal

who is quietly bustling like the Conchagua.





República del Rajatabla


Cuando se prendía, se prendía.


Aguanile* y sudor,

barro de los cuerpos abrazando otros cuerpos.

Bar Rajatabla y el chin chin de las botellas,

república independiente de juglares y locos,

de una ciudad neón y la tenue vasija de su noche.


Allí la lucha de clases se resolvía bailando. Era tan fácil.

(Marx, obvio, nunca se bañó en las playas del Caribe)

Luego lo cerraron en nombre de la lucha de clases,

como todo el país se convirtió en espacio yermo

y no estaba Oswaldo, que se fue a México

ni Mauricio, que está en Los Ángeles

ni Wendy, que ahora vive en Costa Rica

mientras Ariana pasea por Barcelona y visita a Tomás

y a Mariana, que está en Irlanda

Enrique no baila a Jéctol** en las calles de París

y yo escribo desde Miami.

Ya no quedaba nadie.


Bar Rajatabla, en tu barriga besé,

tuve amores infieles.

A dentelladas mordí

la carne de mis vergüenzas.

Fui

con toda la furia mis veinte.

En tus entrañas retamos a Dios

para ser expulsados, errantes

hijos de una república descolorida,

despedazada.





Rajatabla Republic


When it was on fire it was on fire.


Aguanile* and sweat,

Mud of bodies embracing other bodies,

Rajatabla Bar and the clink of bottles,

independent republic of jugglers and crazy ones,

a neon city and the tenuous vessel of its night.


There they dealt with class struggle by dancing. It was so easy.

(obviously Marx never swam in Caribbean waters).

Then they closed it in the name of class struggle,

like the whole country it became a wasteland

and Oswaldo wasn’t there, he went to Mexico

or Mauricio who lives in Los Angeles

or Wendy, who lives in Costa Rica now

while Ariana is spending time in Barcelona visiting Tomás

and Mariana, who is in Ireland

Enrique isn’t dancing Jéctol** in the streets of Paris

and I’m writing from Miami.

There’s no one left.


Rajatabla Bar, in your womb I kissed,

took clandestine lovers,

nibbled rabid

on the flesh of my shames.

I left

with all the rage of my twenties.

In your womb we defied God,

only to be expelled, wanderers

children of a faded,

mutilated republic.





* Aguanile is the name of a song by Puerto Rican salsa singer Héctor Lavoe.

** This is the way Héctor Lavoe pronounces his own name in his songs.



Kelly M. Grandal (La Habana, Cuba, 1980)

Es Licenciada en Artes y Magister en Literatura Comparada, ambos títulos otorgados por la Universidad Central de Venezuela, país donde vivió por veinte años. En esta misma institución fue profesora por siete años, y dictó cursos que abarcaban temas como la sociología del arte y la crítica literaria. Por más de diez años se ha dedicado también al trabajo editorial.


Sus poemas han sido incluidos en varias antologías: 102 poetas en Jamming (OT Editores, Caracas, 2014), 100 mujeres contra la violencia doméstica (Fundavag Ediciones, Caracas, 2015) y Aquí [Ellas] en Miami (katakana editores, 2018), entre otras, así como en revistas digitales: Literal Magazine, Revue Fracas, Emma Gunst, Nagari Magazine y Suburbano. En el 2017 publicó su primer libro, Medulla Oblongata (CAAW Ediciones, Miami). Actualmente vive y trabaja en Miami.



Margaret Randall (Nueva York, Estados Unidos, 1939)

Es poeta, escritora, fotógrafa, militante feminista y activista social. Es autora de más de 150 libros de poesía, ensayo e historia oral. Nacida en Nueva York en 1936, vivió por largos períodos en Albuquerque, Nueva York, Sevilla, Ciudad de México, La Habana y Managua. También mantuvo breves residencias en el Perú y Vietnam del Norte. Durante los años sesenta fundó y editó, junto con Sergio Mondragón, la revista literaria bilingüe El corno emplumado / The Plumed Horn, que por ocho años publicó la literatura más innovadora e importante de la época. Entre 1984 y 1994 fue profesora en varias universidades estadounidenses.


Las colecciones de poesía y fotografía más recientes de la autora son Their Backs to the Sea (2009), My Town: A Memoir of Albuquerque, New Mexico, y As If the Empty Chair / Como si la silla vacía, She Becomes Time, About Little Charlie Lindbergh and other Poems, The Morning After: Poetry and Prose for a Post-Truth World, Against Atrocity y Starfish on a Beach: The Pandemic Poems (todos publicados por Wings Press), y Ruins (University of New Mexico Press). Para más información acerca de Margaret Randall y su obra, visitar su página web: www.margaretrandall.org