El recuerdo como castigo

Ensayo

El recuerdo como castigo

Valeria Levoyer

Número revista:

1

La caracterización del personaje de Molloy se da en su propia mente, el protagonista abre un monólogo interior donde recurre a sus recuerdos, los cuales permiten formar su ser ante el lector —por lo que dice, lo que hace o dice haber hecho—. Para ello, él mismo recurre a la memoria pero también al olvido. Molloy llega a sus recuerdos como el combustible que lo lleva a divagar en la existencia. Sin embargo, sabe que deberá regresar de una manera u otra al lecho de la madre. Recordar funciona para el personaje como una forma de catarsis; el recuerdo le permite mostrar parte de sus frustraciones, —por ejemplo cuando se sienta a observar tanto a la persona A como a la persona B, sin lograr entablar una conversación con ellos— son recuerdos que terminan convirtiéndose en un castigo. La figura de la madre es, desde el inicio, la más relevante en la vida de Molloy. Así, en el preciso momento en que la novela comienza se encuentra acostado donde se supone que fue el lecho de su madre, como también vuelve a ella en la comisaría mientras intenta recordar su nombre. Parte de este olvido se basa en los pequeños recuerdos que tiene desde niño, pues se conoce que su madre lo maltrataba:


“No, no me doy por satisfecho, pero siempre le tendré en cuenta a mi madre los esfuerzos que hizo por mí. Y le perdono haberme zarandeado un poco los primeros meses y haberme amargado el único período ligeramente potable de mi enorme historia” (p. 8)


La madre, quien de joven tuvo al pequeño Molloy, determina el sentido de la dirección por la que deriva el personaje principal de la novela de Beckett. La figura materna muestra el verdadero trauma que persigue al personaje cuando, por ejemplo, en la comisaría se dice a sí mismo: 


Y cometo la equivocación de que, en vez de reflexionar tranquilamente sobre lo que acabo de oír, y que he oído perfectamente, porque soy bastante fino de oído, pese a mi ancianidad, me apresuro a responder cualquier cosa, probablemente por temor a que mi silencio haga estallar la cólera de mi interlocutor. Soy muy miedoso, toda mi vida he tenido miedo de que me peguen. (p. 10)


Lo que remite al castigo que pesa sobre Molloy son los recuerdos que aparecen en su mente y provocan la confusión cuando interactúa con otros, pues no llega a saber con exactitud quién es o qué es. Para los seres humanos es necesario el nacimiento y el reconocimiento, por medio de un nombre, de quien se es, y así poder pertenecer a un grupo social. Para Molloy, el no reconocer sus propios sentimientos, el no saber quién es en realidad, hace que su agonía se expanda y el deseo por la madre se incremente conforme él llega a convertirse en ella. El personaje llega a sufrir una suerte de metamorfosis a través de la memoria. Todos los restos de olvido que yacen en la memoria conducen a un único recuerdo que pudo haber sido el mismo que acechó a su madre. 


Beckett permite que el lector vaya construyendo al personaje principal en conformidad con el pensamiento que se desprende del monólogo interior de Molloy. Este, a su vez, cuanto más recuerda, con mayor obstinación prefiere olvidar o mantiene la ilusión de poder olvidar aquello que le atormenta como un trauma. Molloy se desarrolla como un ser curioso que cuestiona lo que pudo ser en su momento y nunca fue y, al mismo tiempo, nace de contradicciones y de fantasías que le permiten comprender lo que en realidad no puede comprender: el maltrato de la madre, en quien en realidad se está convirtiendo.