Los pasos fugitivos de la bella errante

Ensayo

Los pasos fugitivos de la bella errante

Mario Conde

Número revista:

7

Tema dossier

¿Puede alguien huir de sí mismo? Responder esta interrogante es el desafío que se plantea Sergio Ramírez en La fugitiva (2011), novela en la que la protagonista intenta la autoevasión a fin de encontrarse y encontrarle un sentido a su vida. A más de esta temática existencial, el Premio Cervantes 2017 propone también un reto estructural, pues construye la obra con tres voces distintas que tratan de seguir los pasos fugitivos de Amanda Solano, la mujer más hermosa, inteligente y libérrima de su tiempo, un bello cometa errante destinado a una constante fuga. Moviéndose con maestría entre la biografía, el testimonio y la novela ⎯un saltar y discurrir por la realidad y la ficción⎯, La fugitiva relata la vida novelada de la escritora costarricense Yolanda Oreamuno (1916-1956), caracterizada en la ficción por el personaje Amanda Solano. Según las coordenadas del relato testimonial, la errancia de Amanda por Costa Rica, Guatemala, México y los Estados Unidos es referida por tres informantes que alternan sus versiones con la voz del narrador principal, una ficcionalización del mismo Sergio Ramírez. La primera versión, Sólo a la muerte se llega demasiado temprano ⎯epitafio en la tumba de Yolanda Oreamuno⎯, relata la vida social y sentimental de Amanda con una voz que profesa admiración por su belleza, una admiración que raya en la idolatría. La segunda versión, Las islas de la agonía y los montes de la estupidez ajena, narra la vida intelectual y artística de Amanda a la vez que resalta su inteligencia y genio desafiantes, un genio que incordia a la sociedad conservadora costarricense de la primera mitad del siglo XX. Por último, la tercera versión, Cuántas luces dejaste encendidas, yo no sé cómo voy a apagarlas ⎯letra de la ranchera Que te vaya bonito⎯, rememora la vida de la protagonista en México a través de una caracterización de la cantante mexicana-costarricense Chavela Vargas. A diferencia de las dos primeras informantes, la tercera ama a la protagonista sin condiciones, más allá de los convencionalismos sociales del género y el matrimonio. Una voz de idolatría, una de admiración intelectual y una de amor incondicional: tres voces cuentan la constante fuga de Amanda Solano.


Se planteó ya que la protagonista trata de huir de sí para encontrarse y encontrarle un sentido a su vida. Este texto intentará explicar el porqué de esta autoevasión y analizará si finalmente lo logra. Para ello, se considerará solo la vida del personaje ficticio, Amanda Solano, sin establecer un paralelismo con la biografía de la persona real, la escritora Yolanda Oreamuno. Fijada esta directriz, el lector constata desde un inicio que tal caracterización literaria se distingue por tres cualidades singulares e inherentes a ella: belleza, inteligencia y un sentido idealizado de la libertad. Estas tres cualidades, que por lo general labrarían la felicidad y la fortuna de su poseedor, constituyen la desgracia y la perdición de Amanda. Tres razonamientos prueban esta afirmación. Primero, el infortunio en el amor a causa de su belleza perfecta. Segundo, la oposición y rechazo de los demás por su brillante inteligencia. Tercero, el autoexilio como vía de evasión de la realidad y de sí misma. Demostrar cómo las cualidades de Amanda Solano forjan su desgracia es el objetivo de este texto.


En primer lugar, por paradójico que parezca, la belleza perfecta de Amanda es la causa de su infortunio en el amor. En distintos pasajes, las tres informantes testimoniales retratan al personaje como una mujer tan bella que “a la hora en que cerraban las oficinas [del Registro Civil donde trabajaba] los empleados se apiñaban al pie de la escalera para verla bajar”[1] (2011, p. 54). Y todos los hombres “se enamoraban irremediablemente de ella y era una tragedia constante” (2011, p. 62). Pero no solo los hombres, la tercera informante, la caracterización ficticia de Chavela Vargas, refiere también cómo le asalta el hechizo de la belleza de Amanda:


Tenía ahora frente a mí la verdadera sustancia de su rostro de hembraza, podía sentir la palpitación de su piel [...] Sentí que su atracción irresistible se ocultaba en un lugar más allá de su hermosura perfecta, y por fin adiviné que ese escondite era la seguridad en su propia belleza. (2011, p. 231)


Estos breves pasajes ejemplifican la perfección estética de la protagonista. A más de numerosas adjetivaciones que subliman su belleza ⎯natural, singular, perfecta, serena, subversiva, virtuosa, fantasmal, deslumbrante⎯, las voces testimoniales le confieren la condición de hermosura a través de la fascinación que despierta en los demás tras observarla. Ahora bien, ¿por qué esta belleza hiperbolizada hasta lo sublime es causa de infortunio en el amor? Una posible respuesta se puede hallar en los estudios de género que analizan las diferencias entre el rol masculino y el femenino en una sociedad patriarcal, el hombre como sujeto poseedor y la mujer como objeto poseído. Así, Simone de Beauvior plantea en El segundo sexo (2005) que los hombres quieren y exigen que la mujer sea bella: “El ideal de la belleza femenina es variable; pero ciertas exigencias permanecen constantes; entre otras, y puesto que la mujer está destinada a ser poseída, es preciso que su cuerpo ofrezca las cualidades inertes y pasivas de un objeto” (p. 83). Desde esta perspectiva, las tres informantes testimoniales revelan que el entorno de una sociedad machista y conservadora juzga y sanciona a Amanda por rehusarse a ser objeto de posesión, lo que le acarrea el escarnio y la desaprobación social:


La veían los hombres y se enamoraban perdidos de ella, y si no les hacía caso venía enseguida la calumnia. Que era liviana, que se le metía a los hombres casados, que destruía matrimonios por placer […] en lugar de amor terminaba despertando odio. Ya hubiera querido yo la mitad de su belleza, pero, claro está, ni la cuarta parte de sus pesares. (2011, p. 40)

Por otro lado, el carácter y espíritu libre de Amanda se revelan contra esa sociedad patriarcal, de modo que se enamora sin medir riesgos ni limitaciones de hombres que en su imaginario representan ese sentido idealizado de libertad, aunque no le convengan ni social ni emocionalmente: “De quien fue amante Salomón fue de Amanda. Fueron amantes en Costa Rica, entre tantos que ella padeció. Te digo padeció, porque para ella los amantes eran como la enfermedad, puros dolores y quebrantos” (2011, p. 188). En suma, la belleza deslumbrante de Amanda hace que todos los hombres quieran poseerla cual objeto; a su vez, su sentido de libertad la lleva a idealizar parejas que causan su desgracia.


El segundo razonamiento, la oposición y rechazo de los demás por su brillante inteligencia, está estrechamente relacionado con el anterior. Amanda Solano es descrita no solo como una mujer hermosa, sino también inteligente, instruida, intelectual; de ahí la referencia intertextual a la obra de Proust, particularmente a los volúmenes cinco y seis de En busca del tiempo perdido: La prisionera (1923) y La fugitiva (1925). Amanda es una mujer llena de habilidad e inteligencia, un genio talentoso en cualquier actividad que emprende: “una criatura que lo que tocaba lo hacía perfecto. Si era de coser una prenda, la cosía lindísimo; si era de dibujar, dibujaba con primor” (2011, p. 68). Sin embargo, su inteligencia y talento son incomprendidos, mucho más cuando su espíritu libre y rebelde la impulsa a la lucha social y la aproxima al Partido Comunista costarricense:


Amiga de los líderes del Bloque de Obreros y Campesinos […] y preocupada por hacerse literata y escribir novelas como su gran ídolo Marcel Proust. Y eso de ser una beldad, como la llamaban en el periódico, y ser escritora y rebelde, a mucha gente no le calzaba, y más bien desagradaba. (2011, p. 58)


Para disgusto de sus detractores, Amanda publica sus reflexiones sobre arte, política y literatura en los periódicos. Se la describe como una articulista mordaz, hecho que genera el rechazo y repudio de los aludidos: “atacaba el arte mediocre, a los costumbristas, se burlaba de la literatura donde los personajes eran los conchos campesinos, y muchos se sentían ofendidos. La atacaban, hablaban mal de ella, pero no podían ignorarla” (2011, pp. 85-86). Al respecto, Simone de Beauvoir condena el prejuicio y estigma que se levanta contra la mujer inteligente, que debe asumir un papel pasivo pues el no hacerlo, no amoldarse a las reglas preestablecidas de la sociedad patriarcal, implica incluso perder su feminidad: “a los hombres no les agradan los «chicos frustrados», ni las sabihondas, ni las mujeres con cabeza; la audacia, la cultura o la inteligencia excesivas, o el demasiado carácter, los espanta” (2005, p. 329).  Los dos pasajes dan cuenta clara de la inteligencia y el talento de Amanda, a la vez que permiten entrever la situación de sus congéneres: cohibidos por su belleza e intimidados por su inteligencia. Dadas estas cualidades, la sociedad patriarcal en la que vive Amanda termina por ignorarla, silenciarla, invisibilizarla.


Por último, se planteó en el tercer razonamiento que el sentido idealizado de la libertad de la protagonista la conduce al autoexilio, una vía de evasión de la realidad y de sí misma. Como se expuso unas líneas antes, la sociedad costarricense condena la belleza e inteligencia de Amanda Solano. Así pues, su autoexilio es consecuencia directa del contexto en el que se desenvuelve. Para algunos críticos, La fugitiva contiene quizá una sobrecarga de información política, social, económica y cultural de la primera mitad del siglo XX de Costa Rica, Guatemala y México, pero esta sobrecarga permite comprender la realidad de la que trata de evadirse Amanda. La Costa Rica novelada es un espacio aún en formación, una aldea con el proyecto de dos tranvías, una sociedad conservadora que limita el sentido de libertad del personaje: “Fui libre todo lo que quise, míralo si quieres como una maldición que me cayó a mí y le cayó a Amanda, y también a Edith. Las tres maldecidas por la suerte sólo por no querer cárcel burguesa” (2011, p. 186). Como evasión de ese encierro que impide su libertad, Amanda opta por el autoexilio, mudándose constantemente entre los tres países, buscando un espacio donde su vida puede cobrar sentido:


Por una de esas rupturas amorosas que ni me acuerdo con quién, y porque se sentía siempre hostigada en Costa Rica […] se regresó de nuevo a México […] Allá va entonces otra vez el cometa errante, amargada de que la llamaran “la escritora guatemalteca” cuando se referían a ella en esos artículos tontos, envidiosos. (2011, p. 98)


En este contexto, el autoexilio constituye para Amanda una forma de evasión de sí misma, una fuga de la realidad y una búsqueda de sentido. Su idealizado deseo de libertad personal la lleva a transgredir y desafiar el orden establecido de una sociedad conservadora y patriarcal que la sanciona con la indiferencia.


En conclusión, como lo prueban los tres razonamientos, la belleza, la inteligencia y el sentido idealizado de la libertad labran la desgracia y la miseria de Amanda Solano. Su vida es una constante fuga —como la del personaje de la novela de Proust—, tratando de huir de una sociedad tradicional y conservadora que no acepta disidencias: “se fuga de Costa Rica para encontrarse y no lo logra, se fuga de sí misma para encontrarse y tampoco lo logra. Siempre está huyendo hacia adelante, persiguiéndose, y por eso será siempre una fugitiva” (Boccanera, p. 43). Al final, los pasos fugitivos de la bella errante no la llevan a ningún lado pues, aunque en cierta forma logra escapar de su realidad contextual, no consigue fugarse de sí misma, es decir, de su identidad. Un cometa errante, por su propia naturaleza, no puede huir de la hermosa estela que arrastra tras de sí.



[1] Los pasajes citados de la obra son de la edición Alfaguara, 2011.

Listado de referencias:

Beauvoir, S. (2005). El segundo sexo. (Trad. A. Martorell). Cátedra. (Trabajo original publicado en 1949).
Boccanera, J. A. (noviembre, 2011). Diálogo con Sergio Ramírez. Cuadernos Hispanoamericanos, (737), 41-45. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/portales/sergio_ramirez/obra/dialogo-con-sergio-ramirez/
Ramírez, S. (2011). La fugitiva. Alfaguara.