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El cuerpo es un territorio político

Entrevista a Issa Aguilar Jara por Sandy Vallejo

Número revista:

8

Poliamor Town, así se titula el último libro de la poeta cuencana Issa Aguilar, quien, anteriormente, en Con M de mote se escribe mojigata ya nos había descolocado con su crítica a la sociedad curuchupa cuencana. En esta ocasión, describe a la mujer que ahonda distintas prácticas eróticas, el amor, los vínculos amistosos y filiales, en un país donde subyacen actos de pedofilia y xenofobia; a través de la voz singular, firme y descarada que caracteriza a su autora.

Sandy Mel Vallejo (SMV): ¿Cuál fue el primer impulso que originó la escritura de Poliamor Town?


Issa Aguilar Jara (IAJ): Tener algo que decir, ese algo que el periodismo muchas veces me lo impedía. Entre 2018 y 2019, tiempo en que fue escrito el libro, yo estaba trabajando en un medio de comunicación público, muy de cerca con temas de derechos humanos, y claro, vulneración de derechos. Cuando redactaba mis notas debía limitarme por aquello de la ética, la mal llamada ‘objetividad’ y demás. Poliamor Town me permitió juntar los pedazos que debía cortar de mis textos periodísticos, para convertirlos en poesía.


SMV: Desde tu experiencia, ¿qué es el poliamor?


IAJ: El poliamor es una condición natural del ser humano, pero no todos la asumimos como tal. Con asumir me refiero a aceptar que forma parte de la vida. No confío en las personas que aseguran querer/desear a una sola persona o ser fieles. La infidelidad va mucho más allá del sexo, de lo corporal. Se puede tener 30 años de matrimonio y en todo ese tiempo, haber amado en silencio a otra persona que no es tu pareja; a veces creo que la fidelidad es un invento para justificar ese sentido de pertenencia un tanto enfermizo que se desarrolla en las relaciones románticas. La lealtad es otra cosa, y además es honesta, maravillosa. El poliamor mismo está concebido únicamente como una relación que surge de un acuerdo entre las partes, cuando en realidad lo practicamos a diario, de manera consciente e inconsciente. Manuel Jabois, un periodista español al que sigo un montón, escribió un artículo llamado “Hay más cuernos en un buenas noches”. Todo aquel que pretenda comprender el poliamor, debe leerlo.


SMV: Inicias el libro con el poema “Triunfará todo, excepto el poliamor”, en donde afirmas que «pudimos embanderarnos del poliamor desde lo LGBTIQ, desde el aborto, desde la marihuana; desde cualquier frente noble, pero... decidimos fallar». ¿De qué manera la militancia ha fallado en el poliamor?


IAJ: Antes que nada, debo decir que el nombre del libro es una trampa de ratón, porque si bien escribo sobre el poliamor desde las relaciones de pareja (o más), Poliamor Town es, sobre todo, un manifiesto sobre las cosas dañinas que hacemos en nombre del amor y el imaginario colectivo que creamos a su alrededor: Dios, por ejemplo. En el texto que mencionas, me refiero a los seres humanos fallando dentro de una relación de pareja, quiero decir, ese punto exacto donde tomas la decisión equivocada teniendo la oportunidad de dirigir tu energía amorosa hacia la militancia. Pero me emociona mucho que tu lectura sea distinta, de eso se trata.


SMV: En “No perdono” hablas sobre los factores que inducen a la pederastia criticando a los sacerdotes, así como su pensamiento, lo que remite al cuestionamiento del poder religioso que realizas en Con M de mote se escribe mojigata. ¿Cómo puede la poesía acercarse a quienes han sufrido todo ese daño y abuso desde estos grupos de poder?


IAJ: No creo que existan factores o pensamientos válidos para cometer un crimen tan atroz como la pederastia. En 2019 tomé la decisión de borrar mi nombre de las filas de la iglesia católica; justamente, el detonante fue el caso César Cordero Moscoso, un sacerdote cuencano pederasta con un poder económico tal, que hasta hoy no ha pisado un juzgado, mucho menos una prisión. Investigué y escribí mucho sobre este caso. Antes que periodista, soy un ser humano; debo confesar que tocó fibras muy sensibles porque estuve cerca de las víctimas. De ahí nace ese poema que, por cierto, también incluye citas periodísticas, porque aún me cuesta mucho separar al periodismo de la literatura. Y claro, la Mojigata también tiene estos tintes de protesta contra la religión, pero en un sentido menos político si se quiere. Poliamor Town es un homenaje a esas personas valientes, a las que la vida les ha enseñado con mucho más dolor que al resto. No sé si este libro y su poesía puedan aliviar ese dolor, pero sí que estoy convencida de que, por lo menos, van a saber que tienen dos manos más para cargarlo.


SMV: Tus poemas se caracterizan por tener un discurso afilado y sin tapujos en la línea de lo erótico y lo político. ¿Cómo confluyen ambas áreas durante tu proceso creativo?


IAJ: Es chistoso porque, aunque soy consciente de que mi personalidad tiende a provocar, a veces me sorprendo con la percepción que tienen otras personas de mí y de mi poesía. Eso me emociona y me hace sonreír, porque creo que soy más inofensiva de lo que parezco. Desde que era una adolescente, nunca tuve tapujos para hablar de ciertos temas, capaz y por eso estudié lo que estudié. Y por supuesto, eso me ha traído un sinnúmero de problemas, pero ha valido la pena. Me encanta tu pregunta porque puedo decirte que para mí, el cuerpo es un territorio político; por lo tanto, Poliamor Town es un libro erótico y político, resultado (creativo, espero) de esta mezcla.


SMV: El erotismo presente casi en la totalidad del libro tiene matices de desolación y de furia que desatan «una acústica animal de gemidos y risas de triunfo» en la subjetividad del lector. ¿Qué procesos emocionales o experiencias fueron la fuente de su escritura?


IAJ: Podrían matarme si te cuento que hay muchos guiños a las historias amorosas de algunos amigos, pero sé que no me matarán porque nunca revelaré sus nombres. He tenido la suerte de que mis amigos han confiado en mí para confesarme cosas que no han contado a nadie más; en ellos he visto develada la hermosura del poliamor y también tienen su homenaje, aunque quizá no saben ni quiénes son. Pero claro, también están mis experiencias allí. Hay personas que se han quedado en mis retinas, en mi inconsciente, en mi corazón de algún modo, y esas personas siempre merecen un poema.


SMV: En el poema “Tempo narrativo”, la yo poética se muestra frágil y «muy en el fondo» —tal como lo describes—, alejada del egocentrismo, junto al temor que el tiempo ejerce al andar. Incluso, expone cierto hastío y, al mismo tiempo, una cuota de consolación hacia los concursos de poesía. ¿Cuál es tu punto de vista sobre ellos en la escena literaria ecuatoriana? ¿Cuáles son las ventajas de ser acreedor/a de algún premio, aparte del beneficio económico?


IAJ: Los concursos son y seguirán siendo una plataforma importante para los escritores. Y como todos sabemos, los ganadores y el jurado serán cuestionados eternamente, los amaremos y despotricaremos contra los unos o los otros. Lo realmente triste de los concursos es la envidia enfermiza de los adversarios e incluso, de los escritores que ni siquiera han participado en determinada convocatoria. En el escenario literario ecuatoriano falta muchísima humildad, nobleza, bondad, (como quieras llamarlo) para alegrarnos con el triunfo y la luz del otro, porque de esa misma luz nos alimentamos. Pero no nos pongamos tristes porque hay de todo: en este entorno he conocido también a amigos escritores valiosísimos de los que aprendo constantemente. Y bueno, el Premio Nacional Eugenio Espejo es otro cantar, no es un secreto para nadie. ¿O será que a alguien le cabe en la cabeza que la trayectoria o la valía de un escritor sea decidida por un político y no por sus lectores?


SMV:  En las últimas páginas del libro aparecen textos dedicados a un personaje cercano, disidente y migrante, en los cuales reafirmas nuestra condición de niños latinos desde la vista del xenófobo, pero reapropiándote del término al finalizar con un «¡Latina y qué chucha!». ¿Crees que la literatura puede romper la frontera mental de una sociedad indolente ante los desplazamientos humanitarios entre países hermanos?


IAJ: Sucede que todos somos migrantes y esto no es retórica. La migración es más una cuestión de memoria histórica, de lógica, con mayor razón si eres latino. Yo fui migrante a los ocho años, la pasé muy mal con eso de la xenofobia en Estados Unidos, los niños pueden llegar a ser muy crueles con otros niños. Hace un par de años, cuando conocí a Edy, la protagonista del poema que mencionas y una de mis mejores amigas, entendí el significado real de la palabra ‘resiliencia’. De allí nació no solo el poema, sino justamente lo que dices, el convencerme aún más del poder que tiene el lenguaje, las palabras, para abrazar esas partes que tanto nos duelen. La verdad, yo no sé si pueda mejorar la vida de los lectores de mis textos, pero si de algo estoy segura, es que ellos sí me hacen sentir que todo esto vale la pena, cuando me dicen que alguna emoción (por chiquita que sea) les he provocado.


SMV: Issa, cuéntanos acerca de tus próximos proyectos literarios.


IAJ: Este último y caótico año me he arriesgado a explorar en géneros literarios nuevos, pero no para publicarlos, porque les guardo un gran respeto. Con la poesía sigo adelante, en esa búsqueda, aprendizaje y respeto constantes. No sé, pienso que cuando haces click con ella y se convierte en tu lugar seguro en el mundo, ya no hay vuelta atrás.




Issa Aguilar Jara (Cuenca, Ecuador, 1988)

Periodista cuyo trabajo aparece en varios proyectos y medios de comunicación locales y nacionales. Ha escrito los libros de poemas Con M de Mote se escribe Mojigata (La Caída, 2018) y Poliamor Town (Ganador de la convocatoria de publicaciones de la CCE Núcleo del Azuay, 2020). Sus textos se encuentran publicados en la antología iberoamericana Wiwasapa (2016). Cofundadora de Ninacuro Editorial Cartonera. Issa Aguilar fue ganadora de la cuarta edición del Poetry Slam de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay. Su trabajo literario ha sido compartido en varios encuentros y festivales nacionales. Actualmente, escribe en su blog: sincablesintierra.blogspot.com



Sandy Mel Vallejo (Guayaquil, Ecuador, 1993)

Lic. En Turismo y Hotelería. Experimenta con el lenguaje a través de la poesía, la fotografía y el collage digital. Su trabajo visual se encuentra en Instagram como