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Éxodo X: Amor y odio entre “el yo y el otro” en la ciencia ficción

Diálogo con Luis Carlos Barragán, por Mario Morera

Número revista:

10

Durante el verano y otoño de 2021, al realizar la investigación para preparar un curso de postgrado de ciencia ficción en América Latina para Stephen F Austin State University, Texas, tuve la grata sorpresa de leer el cuento Éxodo X, del colombiano Luis Carlos Barragán. Un texto en el que el autor explora, según sus propias palabras, su obsesión por navegar las dinámicas de comprensión recíproca entre “el yo y el otro”, en una realidad alternativa en que cada criatura, humana o animal, vive con la latente posibilidad de transformarse un “algo/alguien” diferente al que/quien se era antes.


El Tercer Mundo después del Sol, antología de la que toma “Éxodo X”, es, como lo indica su contraportada, una vitrina en la que se propone la idea de que: Latinoamérica no es el tercer mundo, no es posibilidad de desarrollo, es una realidad en la que se amalgaman los saberes ancestrales, la ciencia, el realismo y la fantasía.[...] Cada cuento descubre que los cóndores, los jaguares, la ayahuasca, los indígenas, el chamanismo, los videojuegos, las inteligencias artificiales y el ciberespacio tienen su lugar en la ciencia ficción.

Mario Morera (MM): Luis, hemos leído tu cuento Éxodo X en nuestro curso de posgrado de ciencia ficción hispanoamericana. Lo leímos luego de obras de Borges y Cortázar, y los estudiantes fueron muy productivos al leerte usando los mismos parámetros aplicados con estos escritores. Para escribir un cuento, hay que considerar que se escribe como preparación para la última línea. En el caso de Éxodo X, esto funciona.


Luis Carlos Barragán (LCB): Yo escribo de una forma muy intuitiva. Más o menos sé cómo va a terminar la historia. Yo sé dónde quiero llegar, pero no sé exactamente qué palabras voy a usar. Sabía que quería terminar con el personaje aceptando su transformación, y convertir el ‘mantener su identidad’ en el enemigo. Aceptar que el sistema tiene que continuar.


MM: ¿Dirías que es un cuento de ciencia ficción?


LCB: Yo diría que sí, porque intento tomar el tema desde una perspectiva científica. Por ejemplo, cuando hablo del suero que puede inhibir la hormona que provoca la transformación, uso la ciencia, aunque no se explica lo que hay detrás del fenómeno.


MM: ¿Se deben incluir detalles para incluir un sentido de verosimilitud más cotidiana que científica?


LCB: Claro, se debe ser realista. Por ejemplo cuando se da el ciclo en el aeropuerto, qué se siente estar en ese mundo, en esa transformación, cómo es el día a día ahí.


MM: Muy inteligente el uso de un lugar así. Un área de paso internacional, de interespecies, en este caso, porque es un sitio de espera donde un perro aprende a ser una mujer, y un hombre va en camino a convertirse en ballena, por ejemplo. Luis, ¿el cuento es una pesadilla o un sueño?


LCB: Yo creo que no es un blanco o negro. Es una escala de grises, porque no se sabe si es algo positivo o negativo. Me interesa y obsesiona la idea de entender al otro. Sería muy bueno el poder entendernos de una manera más profunda. Saber qué se siente ser el otro, incluso antes de interactuar. De hecho, creo que la comunicación es eso. Somos dos extraños y, a través de una comunicación muy imperfecta, tratamos de expresar lo que sentimos. Todo se basa en eso, por eso es tan deseable la idea de entender al otro. Pero, también, para mucha gente podría ser una pesadilla tener que olvidar toda la vida de uno y tener que cambiar. Es una zona de grises, porque alguien pobre y de mala calidad de vida puede convertirse en alguien rico y famoso. Algo hermoso, ambiguo. De pronto, alguien podría ser más feliz siendo un animal que un humano. También puede darse que alguien no quiera ser el otro, aprender a ser el otro, odiarlo.


MM: Aunque trabajas varios personajes, y sus enigmáticas historias correspondientes (hombre-ballena, perro-mujer, mujer del medio este-norteamericana), te enfocas en Dennis y desarrollas la trama a través de él. ¿Por qué?


LCB: Hay algo que me atrae mucho de la ciencia ficción, de hacer ciencia ficción en Colombia y en Latinoamérica, y es localizarla en espacios que no se han mencionado antes. Espacios locales. El Chocó, en Colombia, es un lugar pobre muy olvidado por el Gobierno. Me imaginé qué se sentiría pasar de ser un gringo blanco, a transformarse en una persona de un lugar que ni siquiera sabía que existía, en el lugar más pobre de Colombia. Siento que tenía que ver con los privilegios y cómo es inimaginable vivir sin ellos. Esa posibilidad de sentir al otro en esos términos de privilegios.


MM:. ¿Está relacionado el tema de los privilegios con el hecho de que la transformación de Dennis comienza con una mancha? ¿Por qué específicamente esa imagen?


LCB:  Creo que, en este caso, me lo imaginé como una enfermedad, algo manifestado en la piel que pronto abarca todo el cuerpo como manifestación completa. Algo que, además de ser visual, es violento, doloroso.


MM: ¿Hay influencia de Kafka?


LCB: Sí, un poco. Todos tenemos en la cabeza esa historia de La Metamorfosis, pero tengo también otros referentes.


MM: ¿Qué es la ciencia ficción en América Latina?


LCB: Es siempre un debate enorme. En nuestra área, tiene un carácter distinto. Hay un nivel político diferente, porque tiene que ver con visibilizar espacios que antes no habían sido ciencia-ficcionalizados y que tienen mucho contenido que puede pasar por ese filtro. Diría que es una especie de herramienta para que imaginemos nuestra propia historia y nuestro propio futuro, a fin de ampliar nuestra imaginación. Es un espacio para autoanalizarnos con respecto a la tecnología y la política, que son temas que, juntos, no son comunes en los temas literarios locales canónicos.


MM: ¿Te influyó esto al momento de diseñar la portada de El Tercer Mundo Después del Sol?


LCB: Por supuesto. Me influyó mucho leer el prólogo del editor y pensar en la cholita con el robot. Hace mucho tiempo diseño portadas para ciencia ficción y Rodrigo (el editor) me solicitó ser tanto el creador de la portada, así como uno de los escritores incluidos en la antología. La ciencia ficción nuestra es más blanda, está más cerca de la ciencia sociales, de los sentimientos, aunque podemos crear, también, ciencia ficción dura. De hecho, mi trabajo Tierra contra futuro va por esa línea. Tenemos que hacerlo. Me influyó mucho el trabajo de Kim Stanley Robinson.


MM: Hilarante el momento del cuento cuando el piloto anuncia a los pasajeros que ese día había amanecido con esa nueva profesión. ¿Lo consideras un mundo perfecto, que permite la normalidad diaria?


LCB: Claro. Se van heredando las características sin problema, aunque demora un poco. Se van descargando las habilidades de alguna forma, desde alguna especie de nube, hasta que la persona nueva se convierte en la que era antes. Algo así es como me lo imagino.


MM: Tu base académica es en arte. ¿Eres un artista que escribe o un autor que diseña? ¿Quién es más importante?


LCB: Soy más pintor, escribo pinturas. Imagino claramente lo que está pasando.


MM: Entre tus varias actividades, colaboras con grupos LGBTI. Eso me hizo pensar, de nuevo, en la escena del aeropuerto. Hombres que no sabían cómo ser mujeres porque nunca les enseñaron a ser otra cosa que no fuera ser hombres. ¿Cómo explicarías esta parte de la narración?


LCB: Por tres años, hice ilustraciones para una organización de personas trans. La mayoría de ellos pasaban de chicas a chicos por medio de tratamientos hormonales. Eso me ayudó a cuestionar lo que es ser hombre o mujer. Me llevó a concluir que la vestimenta, el actuar, el hablar de ciertas maneras, definen el género de una persona. Es una cárcel que no nos deja ser, hablar, movernos de ciertas maneras. Me imaginé un mundo en el que algunos hombres se transformaban en mujeres en contra de su voluntad, por lo que van a recurrir a esos roles enseñados-aprendidos, con esa sensación de no saber cómo actuar como el sexo opuesto a causa de esas lecciones monolíticas de lo que es ser hombre o ser mujer. La forma de convertirnos en el otro es reproduciendo esos patrones aprendidos. No hay otra forma de ser que no sea así, como esas cajas de identidades.


MM: ¿Qué visión del mundo propones?


LCB: Un mundo en el que las personas no estén tan encerradas en sus propias identidades; en el que la gente se permita ser más empática con el otro. Un mundo en el que nos permitimos ser nosotros mismos, sin importar lo que nos dice la sociedad. Evitar que la sociedad, la familia, dicte las convenciones del cómo ser, vestir, actuar. Imagino un mundo distinto, que tuvo que crear regulaciones globales para aceptar los fenómenos migratorios causados por estas mutaciones mundiales.


MM: ¿Cuestionas los conceptos de verdad y realidad?


LCB: Sí, porque son subjetividades. Inclusive la ciencia no sabe lo que es la verdad. Es como un don, porque permite experimentar la identidad del otro y rompe por completo el concepto de lo que es la verdad.


MM: ¿Cuál es el concepto del amor, romántico o familiar, en Éxodo X? ¿Es posible enamorarse en esta realidad, cuando en cualquier momento amaneces con alguien que es tu nuevo cónyuge?¿Te sientas a la mesa con la nueva transformación de una nueva familia?


LCB: Creo que es posible que sí. Enamorarse de más personas. Me imagino que el amor familiar de la identidad anterior se mantiene, pero a medida en que te transformas uno comienza también a enamorarse de ese otro individuo que te acompaña, la madre, la familia. Ese amor se va descargando de algún lugar y poco a poco desarrolla esos vínculos. Y en ese sentido, no sabemos cuántas veces una persona se transforma en la vida. Es como amar a muchas familias o enamorarse muchas veces de alguien distinto. Es como un tipo de amor universal, que lo veo como algo muy positivo.


MM: Una de las mayores fuentes de información para la persona que se transforma y asume su nueva identidad, son las redes sociales.


LCB: Sí, me lo imagino como una clase de descarga informática. La persona que antes era quien tú eres ahora te va a entregar tu Facebook, tarjeta de crédito y correo electrónico. Algo así como: Mira, eso es tuyo. Ya no es mío.


MM: Ese proceso de pasar a ser del otro al nuevo yo se puede ver como un estado de limbo. ¿Es el cuento un limbo? ¿Es Luis-artista y Luis-escritor un individuo que vive en un estado similar?


LCB: El cuento sucede en un momento de limbo. Solamente vivimos la transformación. Creo que lo que hay de mí en el limbo es las veces que he viajado muy lejos en avión y la cosas comienzan a cambiar. Primero, te encuentras en un ambiente donde se habla en idiomas que reconoces, para luego llegar a otro lugar donde se comunican con un idioma que no reconoces. Mi propia experiencia tiene que ver con viajes y cambios de cultura, porque ahora soy el extraño; por ejemplo, cuando estuve viajando por Irán y Camboya: soy una persona rarísima en este lugar. De hecho, el cuento inicia en San Antonio, Texas. Un lugar blanco, donde entiendo que hay una gran población latina. Tengo un amigo ahí y eso me inspiró a usar un sitio conocido. El cuento puede proponer, de nuevo, el posible odio de ser otro que representa a grupos víctimas de racismo practicado por quienes eran antes.


MM: Entonces, ¿no fue tu intención usar un lugar específico para intentar valorar a Colombia frente a los Estados Unidos?


LCB: No. Realmente, mi intención fue experimentar, comparar esa forma de irse a vivir a un lugar tan diferente como el Chocó. Cambiar de identidad e irse a otro país.


MM: ¿Quién más te ha influenciado?


LCB: William Gibson, J G Ballard.


MM: Ahora que hablamos de Gibson, ¿piensas explorar el ciberpunk?


LCB: Un poco, en mi propio estilo. Me encuentro ahora escribiendo una novela que navega entre ese género y la fantasía. Es una especie de ciberpunk esotérico, pero debo aceptar que el género ya se ha explorado demasiado y se ha vuelto un poco repetitivo. Si lo escribo, tiene que ser una propuesta distinta. Sabes que en Colombia hay mucha novela relacionada con el narcotráfico, entonces, estoy intentando hacer una narconovela ciberpunk con temas esotéricos.


MM: Hablando de los grandes, ¿novela, cuento, película que más te ha calado?


LCB: Muchas sin duda, pero en mi top 10: Solaris, de Stanislaw Lem y Marte Rojo, de Kim Stanlet Robinson. Otra novela que no logro superar es Solenoide, de Mircea Cărtărescu.


MM: ¿Cuál es el checklist de tu estilo?


LCB: Uno nunca quiere repetirse. Me influyó mucho la Beat Generation a la hora de ser intuitivo cuando escribo. Me dejo llevar mucho por la música, por la velocidad, que el relato vaya rápido. Que sea un poco frenético, que tenga elementos LGBT de alguna manera. Que haya algo, por así decirlo, electrónico, con neones, colores, la velocidad que tienen los computadores, la vida electrónica moderna. De pronto, un poco de telepatía, ya que es una de mis herramientas favoritas.


MM: ¿Cuál es el pecado que no debe cometer el escritor latinoamericano de ciencia ficción?


LCB: Llamar a sus personajes John, Michael, Jason. Imitar los cánones anglos. No todo tiene que ser nombres así, o temáticas de naves espaciales. Es probable que la academia aún tenga esa idea, pero creo que va a cambiar en la próxima generación. Hay que leer a los grandes del género.


MM: ¿Estamos encadenados aún a los conceptos de ‘realismo mágico’-‘real maravilloso’ a la hora de crear ciencia ficción?


LCB: Hay que empezar por ahí para hablar de fantasía. Existe una teoría de que son herramientas para elevar la fantasía. Al igual que con la ciencia ficción, existe el prejuicio de que la fantasía debe usar dragones, caballeros, etc. Aunque hoy se use, por ejemplo, el realismo gótico. En América Latina hay otros saberes que conviven junto a la ciencia y a la tecnología. Todavía la religión y los conocimientos ancestrales son muy importantes. Las comunidades indígenas tienen aún sus propias formas de tecnología, tiene sus formas para usar y procesar las plantas, cómo hacer una cesta, un tejido. Es posible pensar en esos otros conocimientos y que la ciencia ficción se alimente de ellos.


MM: Una particularidad de la antología es incluir, al final de cada cuento, un párrafo en el que el autor explica cómo usó la ciencia ficción para comunicar su intención. ¿Cómo fue en tu caso?


LCB: Rodrigo nos pidió un párrafo sobre la ciencia ficción, la forma en que la entendemos. Yo escribí un tipo de manifiesto político sobre lo que yo quiero que sea la ciencia ficción local, hacia dónde quiero que vaya. Creo que los escritores de ciencia ficción locales estamos traumados con la anglosajona. Es como el padre que nos dio todo, pero ahora queremos revelarnos al relatar nuestros problemas y condiciones de una forma diferente.


MM: ¿Vives en una distopía?


LCB: Si. Hay pobreza, corrupción. Colombia es un gobierno narco paramilitar. Si intentas cambiarlo, te matan. Sí, es distópico. En el cuento, aquel que no acepta la transformación se convierte en un prófugo.




Luis Carlos Barragán (Bogotá, Colombia, 1988)

Estudió Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Colombia y tiene un Máster en Historia del Arte Islámico de la Universidad Americana del Cairo. Su novela Vagabunda Bogotá fue ganadora del X Premio de novela de la Cámara de Comercio de Medellín y nominada al Rómulo Gallegos en el 2013, y en el 2012 ganó el II Premio de Historias de Amor de Timbío, Cauca. En el 2018 también ganó el Premio George Scanlon por sus tesis de maestría, así como el primer premio del Concurso de Ucronías Perú, y recibió una mención de honor por su novela El Gusano en el concurso de novela de ciencia ficción Isaac Asimov del Ateneo de Puerto Real, España, publicada en Colombia. Ha publicado varios cuentos en la revista Argentina de Ciencia Ficción PROXIMA, en España en la revista Supersonic, y en Colombia en Cosmocápsula, Circe Literaria y Capital Letter. Fue seleccionado en las antologías españolas de fantasía y ciencia ficción: Verbum, del grupo español Fata Libelli, Fabricantes de sueños de la AECFT y América Fantástica.


Mario Morera (Heredia, Costa Rica, 1971)

Obtuvo su bachillerato en inglés y traducción de la Universidad de Costa Rica, su Maestría en Estudios Interdisciplinarios: inglés, español y estudios latinoamericanos de Stephen F. Austin State University, y su doctorado en Español con especialización en Distopía, Ciencia Ficción, Posthumanismo, Futurismo, Retrofuturismo, en cine, narrativa y teatro de Texas Tech University. Labora como Tenure Track Assistant Professor en Stephen F. Austin State University para el departamento de Lenguas, Cultura y Comunicación en Nacogdoches, Texas y es Director Ejecutivo de SCOLAS (scolas.org).

 
 
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