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La poesía, para mí, no es nada, lo que diga de ella es el trueno, y ella el relámpago

Entrevista a Hugo Mujica por Santiago Vizcaíno

Número revista:

3

He estado leyendo y releyendo tu poesía y, en ese devenir, ha surgido la gran angustia: no encontraba preguntas, sino respuestas. Ha sido un encuentro con «la llaga abierta», con «el juguete que nunca tuve», es decir, con aquella verdad que solo es posible al reconocernos en un otro radicalmente diferente.

V: Encuentro en ti una poética urdida en y desde el silencio. En tu poema Aria dices, por ejemplo, «La voz, no el silencio, es la desnudez de las palabras». ¿Cómo puede la voz ser la desnudez de las palabras?


M: Si lo supiera hubiera escrito un ensayo, basado como suelen ser en un lenguaje lógico, una gramática basada y encerrada en su principio de identidad en la que todo lo que ella no abarca queda fuera. El poema queda fuera de ese lenguaje que me pides, esa explicación que lo castre, pero me alegra que lo preguntes porque un poema, cuando se cumple, no responde: abre una pregunta, y de paso nos entrega eso que la lógica intenta clausurar, y tú,: nos abre a un sentido, no nos cierra en una significación, que no puede ser decodificado. Un poema no es que dice, sino qué me pasa, a qué me abre.


V: La confluencia entre la poesía y la pintura es clara en tu obra, pero esa obviedad va más allá de la relación texto e imagen. Tu relación con lo blanco o con la transparencia la haces palpable. ¿La poesía es para ti un acto de perderse en lo blanco, en la transparencia?


M: Te contesto con versos de un poema: “busco el nacer de la luz/ no su alumbrarme”… El blanco es luz, y “para la transparencia hasta la luz es sombra”, inevitablemente. La poesía, para mí, no es nada, lo que diga de ella es el trueno, y ella el relámpago.


V: En tu poesía lo fragmentario es un siempre, pero en esa fragmentariedad hay un gran hueco. ¿Ese hueco tiene hebras de música?


M: Un hueco es un hueco, y escribir es mantenerlo como tal, cavarlo día a día, palabra a palabra. No escribo para llenarlo sino para sostener la apertura, y hebra a hebra hasta intentar desnudarlo, hasta que se llame abismo y no solo hueco.


V: Todo poema parece ser como un hijo perdido en la muchedumbre, pero también un hijo sin haber nacido. ¿De dónde nace tu poesía o a dónde remontarías su origen?


M: Nace del silencio, en años que pasé en silencio comencé a escribir, y cada vez que escribo lo hago desde ese silencio, escribir es escuchar lo que la vida nos cuenta que aprende de sí misma mientras vive nuestra vida, silencio y escuchar, después intentar dejar decir, pero siempre dando la delantera a las palabras, a lo originado desde el silencio que nos busca para saberse.


V: Entre tus temas se encuentran la imposibilidad y la ausencia, además de lo blanco y la transparencia antes mencionados, pareciera que escribes desde la falta, desde el desnudarse, despojarse, deshacerse y me atrevería a decir desde el deser (dejar de ser). Dices en uno de tus versos: «Es lo ausente lo que más se muestra» ¿Se trata acaso de una búsqueda de la ausencia como huella?


M: Se trata de la búsqueda como búsqueda: si es búsqueda de algo es repetición, volverme a encontrar con quien ya soy, búsqueda sin objeto, “búsqueda de…” es siempre repetición, extensión y no salto: se trata de olvido de sí –desnudez- que es un dejar llegar (no un “buscar”): lo que la creación da que es lo que no se puede esperar porque hasta crearlo no estaba, no tenía nombre.

Fotografía:
Par Polaco — Travail personnel, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12883641