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Entrevista

Jacqueline Goldberg: ‘La escritura es un espacio de libertad’

Número revista:

5

Por Pamela Rahn Sánchez

Jacqueline nos habla desde su encierro particular, el cual es, sobre todo, un encierro en donde el temblor y la enfermedad permean, quitándole el romanticismo a ciertas nociones de ser escritor con una dureza de quien ha tenido que esconderse para escribir con libertad, reflexiona sobre esa palabra,  siendo ciudadana de un país en donde todos los días la palabra “libertad” cambia de significado y se va volviendo cada vez más nimia. Jacqueline, al igual que en su poesía, con sus versos que te cortan y te hacen sangrar, siempre con un suspiro dislocado al final, busca ese mismo fuerte contraste en sus fotografías que toma desde su cotidianidad en el aislamiento junto a su hijo y a su esposo. En esta entrevista habla conmigo, como quien  afirma rectitud en su temblor bajo el ejercicio de la escritura.

Foto: de Andrea Daniela, lustermagazine.com

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1. Sabemos que el encierro nos afecta mentalmente en general, pero como artista, específicamente como escritora, ¿tenías alguna rutina de escritura que involucrara estar afuera, como salir a caminar con un cuaderno en la mano o escribir en cafés? ¿Cómo has adaptado tus rutinas de escritura a esta era pandémica? 

 

Tiemblo. Me duele escribir. Literalmente. Me duele la mano que toma el lápiz o bolígrafo. Por eso nunca he escrito sin una prótesis: alguna vez la máquina de escribir, luego la computadora, ahora, a veces, el teléfono. Afuera nunca existió como lugar de escritura. Si acaso anoté palabras sueltas en una libreta. Y pensé y vi y traté de memorizar. Por eso este laberinto del encierro no ha significado ningún tipo de cambio en mi rutina escritural. Veo con curiosidad a escritores que prefieren mesas públicas para escribir. No sé si es auténtica necesidad de aire —contaminado, supongo— o de exhibirse y rememorar ajenos cafés parisinos, estampas de un melancólico romanticismo que jamás vivieron. No sé de eso. Nunca escribí en servilletas. Cuando he estado en el café sola, cuando espero a alguien, siempre leo, que es lo mismo y mejor que escribir.

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2. En tus lecturas actuales, ¿has decidido decantarte por la literatura sobre el encierro/plagas o tomar el camino contrario (literatura de viajes por ejemplo)? 


He leído sobre encierros porque me topé con ciertos libros, como Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh. Empecé con La montaña mágica porque estaba escribiendo sobre un sanatorio y era una lectura pendiente. Puro azar. Terminé de escribir un poemario sobre viajes y un libro sobre mi viaje a Iowa también azarosamente este año de no viajar, de creer que ya jamás viajaré. He recorrido varios temas en este año pandémico, pero no por el encierro mismo.

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3. He visto en tus redes que estás trabajando un proyecto sobre faros, ¿era una obsesión antigua o nació de este encierro, del deseo de verlos, de ir hacia ellos? 

 

Vengo pensando en faros desde hace mucho tiempo. Años ya. Podría precisar exactamente el día si reviso mi muro de Facebook. Ocurrió después de una discusión laboral y escribí que anhelaba tener empleo en un faro, ser sola en el fin del mundo, farera. En adelante busqué imágenes de faros, visité uno en la isla de Margarita, escribí, leí y compré libros sobre faros. Una amiga me regaló un farito que tengo sobre mi escritorio y comencé a recibir imágenes de amigos y conocidos que se topan con faros y piensan en mí. Hace poco pude por fin tener en mis manos dos libros importantes sobre faros de mi país; sobre ellos escribiré un día, cuando pueda visitarlos sin miedo, en libertad. Los faros son una hermosa metáfora de luz y horizontes, que es lo que más necesitamos.

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4. ¿Cuánto ha cambiado el significado de la palabra libertad desde que anunciaron la pandemia, en marzo de 2020?


Libertad es una palabra puertas adentro. Desde hace mucho en Venezuela su carga política y ética es muy dolorosa porque no podemos ejercerla. La escritura —literaria— es un espacio de libertad y en ella no intervienen pandemias ni sátrapas, por lo pronto. Sin embargo, la sola idea de que si quisiera salir no puedo hacerlo, es perturbadora. Y no solo por el Covid. Me atormenta pensar que salir también implica miedo a las fuerzas públicas, miedo a su extorsión, a su contagio del mal. Pesa mucho en estos días la palabra libertad y no le veo fin.

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5. ¿Escribes mucho sobre el encierro?, ¿estar encerrada ha despertado una carga nostálgica y te encuentras escribiendo sobre el pasado, o te enfocas en escribir sobre el momento histórico que estamos viviendo?

 

El año pasado escribí varios textos sobre el encierro —solicitados y por voluntad  propia—, llevé un diario, publiqué poemas sobre el tema, hice muchas fotos de recodos de mi casa. Ya no. Pasé a otra cosas. Me cansé del encierro como reiteración. Solo lo vivo. Hemos normalizado un encierro sin fin y desde él hay que buscar otros temas. Siento haber olvidado un poco los momentos más urgidos de merodear el encierro como interrogante. Me he volcado un poco más hacia temas pendientes sobre el cuerpo, sus dolores, sus prisiones.

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6. Como ejercicio fantasioso, te pido que imagines o encuentres un futuro distópico o utópico en un poema tuyo o de otro autor que nos dé esperanza o miedo para el futuro, y así nos despedimos. 

 

Me gusta este texto de la poeta argentina Amelia Biagioni, de alguna manera me asoma a la vida.

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Manifiesto

Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre,
de usar reloj y placidez,
aventura a cuerda,
palabra pálida y mortal
y ojos con límites.

Yo me resisto,
entre las muelas del fracaso,
a cumplir la ley de cansarme,
de resignarme,
de sentarme en lo fofo del mundo
mortecina de una espada lánguida,
esperando el marasmo.

Yo me resisto,
acosada por silbatos atroces,
a la fatalidad
de encerrarme y perder la llave
o de arrojarme al pozo.

Con toda la médula
levanto, llevo, soy el miedo enorme,
y avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes.

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