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Narrativa

EPIFANÍAS

Sandino Burbano

Número revista:

4

PRISIONERO  


     En el centro estaba una cartera ocupada parcialmente por un trozo de vidrio que remeda el sitio con labrados íntimos al detalle: huellas digitales, manchas pequeñas… Un perro, que por alguna razón se encuentra oculto dentro de las paredes, animado, va hacia la cartera y con el hocico se adueña del fragmento. 


     Rasgaba el aire por donde se moviera. 

     

     Suelta el vidrio para acariciar con la lengua los rasguños; sin embargo, se tragó uno.


     Con ese añadido ya no podrá volver a la pared. 


     Queda prisionero del verbo: 


MOVER.


ACTO DE MAGIA


     Con cuidado despega la manzana que brotó de un árbol: era de papel arrugado… Introduce un dedo en su bolsillo, para tomar el lazo brillante comprado en una tienda de la avenida que circunvala repetidamente: hasta adquirir forma de lazo. 

     Fuera del bolsillo parece una mosca en vuelo.

     Adhiere la mosca, o lo que fuere, a su fruta. 

     Que deja sobre una banca pública. 

     

     Eligió aquella, porque desde todos los ángulos es visible. Por cierto, miran con atención…, tanta, que el papel de la manzana, quizá, se alisa.


     Luego, despacio, muy lento, la contemplación se constituirá en 


APLAUSO.


EXILIO


     Desde su ventana, observando la banca de papel que está en la calle. 


     Sobre la mesa se hallan algunos trozos, de ahí, ¿salió la banca? 

     Qué bonito aquel paisaje.

     Al final, la expansión de su cuarto. 

     No sabe cómo se hizo; tal vez el silencio de los días.

     

     Cosa grande: la falta de ruido.


     Esta vez, él, unido a paisaje y habitación, reales e imaginados. 


     Es el exilio, vagamente intuido.



PROPIEDAD


     ¡La casa dándose a conocer en la soledad de un medio día!


     Cada paso del hombre arrastra su morada..., en una elástica, que se agranda y retuerce según como camine.

     Lo restante de ese paisaje, campestre: amaneceres y anocheceres, de espaldas al personaje no pueden descubrir el suceso.


     Por eso, aprovecha esa hora para mostrar la casa.

     ¡SU CASA!


UNIDAD DE MEDIDA 


     La piel de una muchacha, aliento callado, entró sola. En el restaurante comen dándose una relación especial con el plato: ¿es que intentan para siempre unir loza y cubierto?  

     La piel observa, erizada.


     Donde está la muchacha se esparce el silencio. 


     Entre este y los platos brilla una rama.


     Es decir, LA DISTANCIA.


FUGA


      Una anciana se desplazaba manteniendo el equilibrio sobre todos sus años, de la misma forma en que alguien lo haría sobre una cuerda. Siempre lo procuró y, por fin, había triunfado.

     Cuando no lo hace, se sienta y juega a pasar su edad de mano en mano…; su cuerpo: inerte; palmas y tiempo: cadena interminable de saltos.

     Con eslabones distintos.     

     Números nuevos.

     Sin nombre.


     ¿El vacío extendido?

     ¿Vía fresca?


LO AZUL


     Como la acera de la esquina se introdujo en su vuelo, frenó bruscamente… Transpirando, pugnaba por continuar. Intolerable la situación de su marcha, así…, entrampada; ella, ave libre, resulta que solo fue la apariencia. Empieza el ahogo y da marcha atrás procurando el lugar del estancamiento: de modo que picotea los puntos de la línea de acera buscando liberar su trayecto… ¡Desgracia! El pico, harto, se confunde con la línea aquella.


PASAN LAS HORAS. EL LUGAR, IMPÁVIDO,

ESPERA EL VUELO DE OTRAS AVES

PARA CONTINUAR LIBERANDO EL CIELO.