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Narrativa
Huacos familiares

Grietas

Alba Martin de Villodres

Número revista:

Huacos

Mamá tiene una grieta que nunca sanó, la abuela lleva una tristeza que nunca contó y yo me aferro a hacer algo con esa grieta, con esa tristeza, por eso escribo.


Mis antepasadas son árboles tristes que no recuerdan su nombre.


Yo camino entre ellas en silencio buscando señales guardadas sólo para mí.

¡Para mí y nadie más te digo!


Y me sorprendo siendo árbol triste luchando por no ser triste, recordando mi nombre una y otra vez, repitiendo los nombres de mis antepasadas una y otra vez, para que no se pierdan, para que no se olviden. Camino entre árboles y juntas creamos un bosque.






Sufro una huelga sexual;

huelga porque protesto por algo,

sufro porque también me toca quedarme sin follar.

Hace meses que siento náuseas cuando me toca, le adoro pero su prepucio me recuerda a todos los prepucios del mundo y me vienen a la mente todas las que follaron sin ganas, violadas en casa, solo porque ellos querían, porque ellos poseían, porque ellos mandaban.

Yo quiero mandar y digo que no.

Quiero acariciarle sin pensar en ese hombre que la pilló desprevenida una tarde por detrás mientras colocaba la leña agachada frente la chimenea.

Quiero acariciarle sin pensar en ese hombre que la pilló desprevenida una tarde por detrás mientras regaba las plantas agachada en el jardín.

Quiero acariciarle sin pensar en ese hombre que la pilló desprevenida una tarde por detrás mientras doblaba con amor sus calzoncillos limpios en el cajón.

Y eso significaba embarazo, un hijo, o peor aún, una hija.

¿Cuántas disfrutaron, gozaron y amaron? ¿Cuántas eyacularon? Yo no. No lo logro, mi cabeza demasiado pensante no me deja concentrarme solo en el cuerpo.

Ellas habitan mi cuerpo y estar en huelga es mi revolución.







Mi cuerpo nació en el sur y sin apenas pensamiento lo llevaron al norte.

Ahí deambuló por parques, autobuses y suburbios. Lo metí en una mochila para poder viajar, lo empaqueté con papel burbuja y me llegó por Servientrega.

¿Qué hago ahora con esto?

A mi cuerpo no le gusta que le desgarren de los brazos de mi madre recién parida, doctor.

A mi cuerpo no le gusta que en la clase de gimnasia se le suban encima, profesor.

A mi cuerpo no le gusta ir a misa los domingos, señor cura.

A mi cuerpo no le gusta que le obliguen a sentarse en la mesa sin hambre, papá.

A mi cuerpo no le gusta que le obliguen a chuparte la polla la primera noche sexual, caballero.

A mi cuerpo no le gusta que le pongan un corsé a los trece años para estar derecha.

Él quería ser un cuerpo expresionista.


A mi cuerpo lo que le gusta es gritar.

Estirarse despacito entre las sábanas sintiendo sus imperfecciones, perderse en el bosque rozando el musgo, persiguiendo pájaros, masturbarse al sol en un balcón abierto de par en par completamente desnuda,

completamente sin mente mi cuerpo logra volver a mí

y ocupar lo que le pertenece.

*Texto resultado del “Taller de escrituras familiares” de Gabriela Wiener, llevado a cabo en el Centro Cultural Benjamín Carrión , en Quito, en marzo de 2022.




Alba Martin de Villodres Cantero (Granada, España, 1988)

Escribe, dibuja y habita en una comunidad a orillas del Pacífico en Ecuador, cuida de las cabras y las gallinas, colabora en la escuelita de la comunidad. También es mamá y arteterapeuta; recibe a mujeres en su espacio de retiros creativos frente al mar “mamacucha”. Escribir y dibujar como práctica de autoconocimiento, trabajar simbólicamente con la realidad para que esta no nos atraviese; Alba insiste en crear por la necesidad de comprender el mundo.