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Narrativa
Huacos familiares

Incisiones

Andrea Nathaly Almeida

Número revista:

Huacos

Puerta del quirófano, frasco recolector de orina. En su interior una masa informe compuesta de hilos entrecruzados de tejidos que simulan un espiral que se arremolina hacia el centro, un agujero apenas perceptible para que circule el aire, el orificio túnel que nos conduce hacia el fin. Compacta y maligna es la textura de la carne. Estaba a punto de comprometer la yugular, de bloquear la circulación, de matarnos a todos mientras crecía silenciosa. Los ganglios quedarán sensibles al tacto.


La marca subclavicular y la adenopatía me impiden apoyar la cabeza en tu hombro para ver televisión. A veces, en la noche, recuerdo el tumor y siento el zarpazo en el cuello, la navaja degollando la vena mayor, la interrupción del fluido de la vida, el corte cirujano que desliza la piel y el informe médico que nos acompaña. Las células grandes de bordes irregulares tipo B se reproducen a gran velocidad, basta que se desprenda una de ellas hacia el torrente sanguíneo y se hospede en un lugar secreto, a elección.


Siempre sospeché que la vida se alberga en el plexo solar, donde se siente el amor cuando te sucede y la náusea cuando se acaba. Sé que ahí se concentra la angustia,  las células tipo B que amenazan, en la boca del estómago, el mesenterio.


Esa misma tarde, después de la extirpación migró la primera célula tipo B hacia el plexo, y en un ejercicio paciente y corrosivo conquistaría todo lo demás, nos devoraría vivos, la carne. Pero como el ruido de la conquista era imperceptible, nosotros jugábamos a ser felices en el entretiempo, a pesar del fastidio y del peso de mi cabeza en tu hombro para cerrar la herida.


Papá, no todas las incisiones cicatrizan de la misma manera y la del hombro no es igual a la del intestino, ni aquella que abrimos atravesando el vientre. Yo recuerdo la mía cuando apoyo mi cabeza en tu almohada sin hombro.


La incomodidad en el cuello es algo a lo que he debido acostumbrarme. En la pantalla de la tv resuenan las risas de alguna escena boba y mamá gira la perilla para cambiar el canal, como hace años. La imagen, ahora a color, guarda la nostalgia del blanco y negro, cuando el mal era acechanza y el futuro promesa. En el sucederse de las tramas veo nuestra historia, sueño en la paz del momento previo a la apertura yugular, antes de la masa informe.


Apago la luz, en otro capítulo, en otra muerte.




*Texto resultado del “Taller de escrituras familiares” de Gabriela Wiener, llevado a cabo en el Centro Cultural Benjamín Carrión , en Quito, en marzo de 2022.



Andrea Nathaly Almeida (Quito, Ecuador, 1990)

Socióloga, máster en sociología. Lectora y amante de la literatura. Consultora e investigadora independiente.