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Jardín transparente, selección de poemas

Camila Peña

Número revista:

5

Un hueco en el talón derecho de donde se escapa la sangre. En la hierba un camino rojo que conduce al jardinero a cada herida. Encuentra a los seres con su piel transparente. Con sus venas que se asoman como relámpagos azules que declaran en silencio estoy vivo, esto que ve usted es mi piel.


El olor a sangre, un puñado de tierra sana en la mano del jardinero. Con una mano huele la tierra, con la otra cura la herida. Polvo de musgo blanco, manzanilla, una hoja que se llena enseguida de sangre.

Los caminos rojos cubiertos de pétalos para no olvidar.





Más allá de la flor azul la hilera de crisálidas.


Más allá de la hilera de crisálidas el llanto del niño mudo.


El jardinero pasa. Las manos del niño se abren de su posición de rezo, muestran pequeños pedazos de materia tornasol. Entre sus dedos el veneno: lo natural en su violencia inmóvil. Las voces se elevan desde cuerpos pequeños con alas. El jardinero limpia las plumas con agua de lluvia. Escucha su canto incendiario como lo único que es bueno. Al niño mudo lo nombra guardián de la tierra del canto y coloca una flor amarilla en sus omóplatos.





Después de la tercera colina el ser dorado se entrega al polvo. Corro para no morirme, con el sabor del amor en el centro de la lengua. Las plantas son madres también, sus mandíbulas lloran mi cuerpo. Toco sus dientes con mis labios, este es el beso final, esta es mi forma más perfecta.


Como un animal salvaje amo lo que queda después de la sangre.





El niño mira en el hongo al padre, muerde y sueña en el agua. El ritmo de las gotas no desafía nada (pero no le temen a la muerte en forma de manos), no le temen a su cercanía. Lame las gotas buscando la luz. Su nueva voz no tiene miedo.





El jardín se abre. Es eterno: un solo tallo roto.


Ahogada de alas.

Ahogada de lobos.

Me niego a morir y camino.





La hierba roza la piel

la hoja perfilada,

un cuchillo.


Con el verde

las ganas de sentirse extraño (de correr)

de destrozarse las piernas.


Repetir y repetir.


Cuando mis dedos

olviden esta luz

seré libre.

De Jardín transparente, Valparaíso Ediciones
II Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel