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Lírica fracturada para traductores tristes

Juan Romero Vinueza

Número revista:

7

monkeying around in my garden


sucede que tengo un jardín, no, sucede que tengo dos jardines,

el tuyo y el mío, aunque siempre sean inefablemente el nuestro,

sucede que hay infinitos puntos de vista que están bifurcados

y encendidos en este el jardín nuestro, caleta, calabozo y calabaza,

desdibujado pero siempre real, en esta y en todas las realidades,

circunstancias y muertes, tu jardín y mi jardín son solo uno y, a la

vez, ninguno, sucede que el uno es el plagio del otro, sucede que

mi jardín es el corazón del tuyo, y el tuyo el pulmón del mío, una

mirada equivocada y un tren con un destino fatal pero inexistente,

por eso salgo a mi jardín y encuentro a mis flores, que son tuyas,

y veo que son otras, paseo por mi patio, a modo de espejismo,

precario y prehistórico, donde hay insectos que detesto pero que

tú amas, que tienen colores que conozco y tiempo que tú demandas,

este jardín es una mentira, rayo de sol, escarcha y soledad, porque

huye de sí mismo y de su forma, porque nada es más engañoso que

hablar de algo que nos figuramos como nuestro, cuando nada nos

pertenece, ni nosotros, ni el tiempo, ni el espacio donde estamos,

donde creemos que somos los propietarios de algo, como este jardín,

que es mío, pero también es de nadie, como yo que soy de nadie,

pero, a veces, sí soy mío, me pertenezco en la medida de lo posible,

tal y como el jardín le pertenece al otro jardín que yo desconozco,

pero que también es enteramente mío, y tuyo, bifurcado, esencial

y absurdo, como siempre han sido nuestras vidas, nuestras palabras





traveling across an imaginary texas


entonces, miro el desierto, viento cadáver, carretera sin final,

terreno irresoluto, irascible e infinito, donde toda la verdad se

presenta a sí misma como una muerte sin fin, como un espiral

de arena, de sed, de destierros involuntarios, pero así me uno

y así huyo de ti y de mí, porque en el fondo lo único que he

querido ser es un columpio de mimbre perdido entre la arena,

aunque también he querido repensar lo que unos cactus o un

mar silente, lúgubre y feo, podrían significar en la vida, esta vida,

que se ubica detrás de un mapa que me guía pero me pierde más,

que me difumina sobre la tierra y que me dice que no existo aún,

que no importo en lo más mínimo porque soy lo mismo que otro

nombre cualquiera que se ha perdido y se ha convertido en otro

cesto de mimbre que sigue columpiándose sin cesar, sin cesárea,

y, entonces, me miro, búfalo sin ilusiones, esperando la caída,

y pienso qué más podría decirme el desierto que no trate sobre

el conocimiento de los cráneos que estoy pisando, de los cuerpos

que escapan de mi memoria, ave frágil, voz horrísona, porque

no hay manera de que exista el tiempo más que en el frío de mis

huesos, en mi piel roja quemada por un sol solitario, solipsista,

prófugo de la noche y de la palabra amanecer, amante disecado,

como yo y mis manos cansadas, como yo y mi jeta sin líquido,

como yo y este poema imaginario, como el desierto, mar sin

retorno, con olor a caballo y nopal, como yo mismo, mal de

todos mis males, que me muero sin saber por qué y que vivo

porque desespero en la búsqueda de una verdad, dibujada en el

brillo de la arena que destroza mis ojos, ojos, tan tiernos mis ojos





make poetry great again


me encomiendo a ti, oh padre santo, amo y señor del universo,

tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos, y por las siglas

de las siglas, me encomiendo a ti, oh capitán, oh capital, oh casta,

oh castillo, oh campana, camareta y camarote, me encomiendo así,

porque no sé hacer otra cosa, no sé cómo volver a subir la poesía

al olimpo, a lo celeste, a los parques hermosos que nos figuran los

cielos que son inalcanzables, cómo, oh padre mío, harás que pueda

llegar hasta esa última e ínfima noción de verdad, de grandeza, de

toda belleza y de toda algarabía, yo que soy tan arabesco, tan árbol,

tan monte y tan mozalbete, porque la vida no me dio los limones

que necesitaba, porque nunca aprendí a hacer un jugo con lo que

me llegaba a las manos, porque mis manos son torpes, no como las

tuyas, brillante arquitecto de la palabra, astuto conocedor de todo

lo imaginado, ayúdame, por favor, a no ser un segundo más en la

historia de una humanidad, un plagio más dentro de otros plagios,

plagios que yo mismo ya premedité, antes mismo, contando los

años de antelación, oh padre nuestro, que estuviste en los cielos,

no temas que tus hijos se rebelen contra ti, mejor agradécenos,

con toda el alma, que no queramos ser tú, que nos neguemos

a seguir tus enseñanzas, que no queramos hacer que tu figura

vuelva a ser grande, non grato eres para mí, para mi escritura,

non plus ultra soy yo, yo y mi causa, yo y mi circunstancia, sí,

porque no puede haber nada más grande que yo en el mundo,

nada, ni siquiera lo que pienso de la poesía cuando la escribo,

ni siquiera el estribo de mi voz cuando mido mis palabras, y

veo que no tienen un principio y espero que tampoco un final





the places where we were happy also die


me interesan los espacios, los territorios, los lugares, pero

sobre todo me interesan los no espacios, los no territorios,

los no lugares, porque en ellos hay que caer muerto, porque

en ellos podemos reconocernos y ser, pacíficamente, unos

individuos felices, o quizás no, quizás no lo seamos porque

no necesitamos de una superficie realmente tangible, ruido,

y espuelas de caballo, para decir que somos los portadores

de una felicidad igualmente tangible, porque la felicidad es

viento, una hoja de papel quemándose, rutas sin destinos,

armas calientes, libros de malos poemas que comunican el

mensaje implícito de que yo puedo hacerlo mejor, que mi

vida tiene algún significado, que mi vida es ese lugar feliz,

sin sentido, sin colores, sin espacio y sin tiempo, en donde

he podido desarrollar una inmensa cantidad de ideas que

me llenan o me vacían, temperaturas anaranjadas, cactus

verdes y con espinas que me pueden herir sin pensarlo

dos veces, porque mi cuerpo es un globo lleno de aire,

porque no puedo estar muerto por dentro porque mi

yo interior no existe, por eso, y para eso, camino sin

rumbo, pensando en los lugares donde creo que he

sido feliz, y descubro que han muerto, y que lo han

hecho sin pena ni gloria, que han caído sin vergüenza

alguna en el extravío, o tal vez que jamás existieron,

porque mi felicidad, como todo lo que ha salido de

mis labios, siempre ha sido un objeto invaluable, sí,

un bello objeto sin valor, siempre anclado a lo irreal,

como el agua tibia de un oasis perdido en el desierto





poetry as a large and unsanswerable brief


y entonces, pienso: y sí, y no, ¿y si?, ¿y si sí?, ¿y si no?, ¡y sí!, ¿no?,

porque no hay otra manera de pensar en la poesía sino como en

una larga e incontestable carta, incontestable y cartesiana, en la

que obligatoriamente debemos perdernos porque la deriva es lo

más importante del ejercicio poético, porque saber que todo lo

que digamos no es más que nuestro propio viaje hacia la nada,

hacia el calabozo que se esconde dentro de todo este lenguaje,

dentro de los sonidos, dentro de la casa en llamas que siempre

es escribir, pero recordemos que acá no puede existir la calma,

la tranquilidad, aquel que diga que la poesía está tranquila, que

la poesía está en calma, no ha entendido nada, pobrecito de él,

me compadezco de vos, y espero que tu poesía, o la que lees,

algún día entre en crisis, en ese remolino que la alimenta, porque

no hay forma de escribir sino desde la crisis, recuerda, que acá,

acá no hay carnavales, mijo, acá nada más hay una férrea actitud

frente a las calaveras, frente a los carros que chocan contra tu

cara, contra esa canasta donde coleccionas los poemas calatos,

ellos, todo calladitos y complacientes de sí mismos, sin siquiera

pensarse como las cartas que son, como las cartas que serán,

pero más que nada como el intento de carta que siempre han

sido, ya, mijo, es momento de decirte a ti mismo, a ver, cállate,

silencio, estáte tranquilo que no todo está tan mal, mi querido,

no puede estar todo tan mal: la vida es una mierda, pero eso ya

lo sabías, vos debes seguir escribiendo, como loco, como si no

hubiera un porvenir, como si sí hubiera un porvenir, como si

algo existiera fuera de estas líneas, dentro de, esa, tu cabecita,

vamos, chiquillo, fuerza, escribe como siempre lo has hecho,

por si acaso, por si las moscas, por si las dudas, por si la vida





*Esta selección forma parte del libro Lírica fracturada para traductores tristes, ganador de la Convocatoria Editorial 2021 de la Dirección Municipal de Cultura de Cuenca.