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Lugares que no existen en las guías turísticas
(Fragmento)

Gabriela Vargas Aguirre

Número revista:

5

I


Una cama es también una prisión 

o una caja de cartón que se lleva a cuestas.

Mi carnet de identidad dice que yo existo,

que soy un número comparable 

con la cantidad de moscas que visten la naranja de mi plato.


Nos han dejado dormir junto a esta pared 

que es también el final de un puente.

Una pared en la que se lee: 

                                      NO ORINE AQUÍ, LO ESTAMOS FILMANDO.


Entonces en la filmación se vería:

perros que escoltan un camino de huesos,

zapatos como peces que saltan en un camión de basura

hombres que estiran las manos,

manos que buscan papel de arroz y lentejas, 

una madre que llora cuando un niño pregunta:

¿por qué el frío es tan rudo con nosotros?


Nos han dejado 

                                     AQUÍ,

                                     Con un golpe seco


haciendo en cada esquina 

una película sobre un hombre que muere cubierto de azúcar.

Aquí, como un asunto pendiente:


Somos los números que despiertan

                                                          demasiado cerca del suelo. 





II


Mi carnet de identidad dice que soy una ciudadana

y en mis sueños mi familia llena la sala de espera 

con tarjetas y globos en los que se lee:


                                     “Mejórate pronto”


Pero curarse de algo aquí es un ejercicio de agotamiento. 


Hay un paciente, por ejemplo, 

que lleva 5 días frente a un anuncio de la administración,

que en letras grandes y rojas declara:


                                     “Por favor, haga silencio”.


Alguien ha reparado en el favor que se le pide 

y ha empezado

repentinamente

a gritar.





III


Señora, su casa ha sido declarada en RUINAS 

luego de que su pareja la demoliera a golpes.


A todos los que miran por las ventanas les digo:

en mi carnet de identidad soy los nombres 

de miles de mujeres y niñas que una vez escaparon de la escuela;

que una vez quisimos escondernos bajo el agua

y, en el agua, pensar en lo hermoso que sería ver nadar un elefante;

que subimos el volumen de la radio para dibujar en secreto 

el lugar donde nos tocaron nuestros tíos;

que bajamos el volumen de la radio para contarles a las niñas 

por qué hay tantas velas encendidas en los altares;

que no pudimos guardar las manos, 

no pudimos con las ganas de agarrar un cuchillo;

que ahora tendremos hijos en una celda 

que es como un pedazo de carne y siempre sangra.

Estamos aquí, impregnadas por el olor de nuestra historia 

por eso solas

por eso a tientas 

sin dar un grito.


A todos los que miran por las ventanas les digo:

                                     Un día de estos su silencio matará al mío.





Batalla en la acera entre dos ejércitos de tapillas de cerveza


Tengo un niño en el espejo que dice: no tengo huesos.


Carga su luto en botellas, las guarda hasta llenar su mochila.


Dibuja un sombrero que es un pozo envuelto en papel periódico.


Corta el lazo, empuja a su padre a la mitad de una aguja, 

y se lava el apellido en la orilla de algún mar hecho de charcos. 


Niño sueña: su estómago es una pecera.

Llama, hace magia, colecciona animales solos.

Dirige, hace magia, recolecta pedazos, supera la sangre.


Entonces te presentas: caminas como un fantasma entre el velamen.

Construyes una cometa que al crecer se volverá la piel que acoge un hada triste.

Entonces:

yo veo un portal pequeño al fondo de un estrelladero,

donde se ha descosido los dedos y matado a sus mejores generales, 

donde se ha comido un mapa en blanco para ganarse un puesto

junto a un árbol de alambres.

Niño y yo salvaremos un bosque de dientes de león,

que es también el parque donde un día estaremos. 


Entonces sueño que le regalo la mitad de una caja.

Entonces, niño despierta

Mi niño nos viste para ir a la guerra.





Autorretrato 


Me llaman V., o eso dice un registro de ocasiones 

en las que mi cabeza giró para mirar hacia atrás. 

Si no me detuviera a contar las veces que quise llamar la atención 

de ese barco que se negó a ser solo un fragmento del paisaje 

el mar estaría invadido por millones de besos de buenas noches,

de besos lanzados y devueltos en pañuelos de hilo blanco.

Pero V. no sabe entender la distancia. Sólo mira hacia atrás.

Entonces, se hundirá en sus bolsillos, meterá sus manos, 

acariciará un pedazo de tierra, su bultito privado de arena. 

Bloqueará todo destino al que no pueda ir caminando,

porque sólo somos islas esparcidas que sueñan con nuevos puertos. 

Entonces V. pensará que ya no recuerda el mar, 

que desapareció de sus sueños recurrentes, 

querrá creer que ha decidido ahogarse. 


***
El libro Lugares que no existen en las guías turísticas ganó el Segundo Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro y fue publicado en 2021 con Valparaíso Ediciones.