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Madame Ho + Frenética Hedonista

Gabriela Ruiz Agila

Número revista:

9

Tecolote


La ola de calor y su ritmo

el pavimento se derrite en la suela de los zapatos.


Casi desnudos orillándose a la sombra y a la miseria

los dementes se tambalean en las esquinas

están tiznados de tristeza y extremo

buscan alojamiento en el hotel del norte

pero todos vamos de paso

incluso los viajeros que miran hacia la línea.


Caminando cerca del tecolote

pie a pie avanzo en la jornada de supervivencia

ahora todo va como en cámara lenta.


En el tiempo del infierno

arden las monedas, arden los vicios,

los periódicos se desintegran

con el olor del cigarrillo barato y el combustible alcohólico

compañeros de ruta.


El acento pesado y el salto sobre el muro

los botes de cerveza destellando en la banqueta

en una frontera cada vez más vidriosa y solitaria

pero tú sobrevives a todos los espejismos

y quemas.





La Frontera

Año Nuevo 1953*


1953 es el año que está pariendo

Me parió, casi a los 22 años.

Cada lunes, desde hace tres meses, sucede…

Las piezas del olvido aparecen

Cartas, fotografías, discos.


Creí leer mi nombre en el perfume del mar

Le había pedido que atravesara el continente

Como si se tratara de cruzar una avenida


Me llamo Carmen. Canto. No lloro. No puedo matar.

En un mundo paralelo me llamo Carmen.

Llegará ese día: Yo estaré. Tú serás.

Nos besaremos los ojos lejos de la rabia.

sin miedo a la caída,


Estoy en un trance agotador sin sueño,

Sin el deseo de comer, sin el deseo del agua.

Pensando en esa separación de los hemisferios,

De los continentes, de los mares,


Rezo para que siga haciendo calor

Pero en esta frontera soy Madame Ho

Transito con el corazón lleno de dudas.


*“Extraño sabor metálico en el aire” pruebas atómicas en Utah y Nevada, EE.UU. Hallazgos relevantes para descubrir la estructura del ADN.


*** Textos tomados de Madame Ho. Escrituras de viaje (La Caída, 2017).





«Alguien hace un cálculo numerológico de mi nombre y

del nombre del fotógrafo que me acompaña. Al fotógrafo

le sale todo blanco y el mar (...), pero mi nombre tiene un

símbolo de muerte doble».

Los que sueñan el sueño dorado

Joan Didion


Sueño fragmentado


En el sueño, alguien roba su nuevo libro de Chantal Millard, y ese alguien desaparece de su memoria.


También pertenezco a un sueño, en el repertorio de un león sobre el que se sienta una hembra. Un deseo taoísta. Suponiendo que herir a una bestia ocurre con un semejante impulso, te hiero.


La primera noche de enero la soñé así.


Una fuerza dionisiaca amenaza mi serena biografía. Para exhibirse frente a los otros no hace falta descubrirse los senos y levantarse la falda. Deja de espiarla.


Apareceré en el poema futurista de un géminis Flaubert que transcribe recetas de venenos. Las líneas indican: «juguetea un poco».


Mi invento pertenece a Huerta, Castellanos, Adoum, Bécquer. Donna Summer echa un grito en MacArthur Park.


El poema busca el contacto carnal

tomo un verso como quien se prende fuego

la noche corre heroína porque en una oración

los personajes que pactan

se olvidan

y tú tienes demasiada suerte

para que alguien

adivine tu pasado.


Detesto las prisas.

Es la aurora boreal una extrañeza. La aurora boreal es

el final de un poema.


El libro de Chantal Millard, lleva una dedicatoria:

«Querida: fragmenta el canto, no te vuelvas ‘buena’».


¡Despierta o te encierro!

Tu país de nieve continúa bajo la nieve.





«y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto».

Efraín Huerta



Contra el frío de primera hora


Salvo el zarape oaxaqueño, todo es corriente yendo río abajo. Bengala constante en la geografía de sus ojos. Los libros de B. Traven sacudiéndose el polvo. Las catrinas sacudiéndose de usted, de mí. La mayor injusticia es el tiempo.


El resto: Pachequito de las Batallas en el desierto, la historia del norte de Baja California, los discursos de Flores Magón y la Región más transparente, todavía envuelta en papel de cometa, están urdidos en la habitación blanca, de piso blanco. Aquí dentro están mis razones. Las perdí.


Fui una vez llena de presagios. Fui para encontrar la medicina del frío. ¿Qué fue del hombre que sonreía y se elevaba sobre el aire caliente? Salvo la distancia, hay mucho de mí encerrada en una caja con vestidos, soledad de seda, música de patio, cartas de extranjera.


La audacia que tengo para seducir, se lo debo al absoluto desinterés por el Esplendor. Me olvidarán, pero yo jamás perdonaré la livianidad del sexo, y la trivialidad. La menor infelicidad es la emboscada de una hora incierta, todavía en la madrugada.


No hay tiempo para amar a nadie más.


*Nota: Mariposa en la ventana a las 6:00.



***Textos tomados de Frenética Hedonista. Poemas para prolongar el verano al borde de un cuerpo que sueña (Inédito).





Gabriela Ruiz Agila [La Frontera, 1983]

Investigadora en prensa, estudios migratorios y derechos humanos. Es licenciada en comunicación por la UCE-Ecuador; administración pública y magíster en políticas públicas por la UABC-México. Colabora como articulista para diversos medios electrónicos. Miembro del colectivo Matapalo y del Taller literario Palacio (I) caza de palabras en UASB-Ecuador. Premios: segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño con Escrituras de viaje [Ecuador, 2016]; primer lugar en Crónica del Cincuentenario organizado por la UABC con Relato de una foránea [México, 2007].


Escribe habitualmente en el blog madameho.wordpress.com y produce la serie de archivos sonoros para FLACSO Radio en el programa “La loca de la casa”.