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Reseña libro

Los hechos en la oscuridad y súbitas revelaciones
'Consejos de G. I. Gurdjieff'

Edmundo Mantilla

Número revista:

6

Enfrentado a los nudos que la vida teje en las vidas de otras personas y en la mía, he sentido que dar un consejo es una tarea ingrata. No obstante, no es tan difícil juntar la experiencia y todo cuanto hemos sentido como don y aprendizaje para construir un faro que sea advertencia, guía o invitación para un ser que amamos. Al menos, su dificultad no es igual de exigente que aceptar esa exhortación para nosotros mismos, que seguir las líneas que trazamos. Y más arduo todavía es recoger aquel salvavidas desinteresado que las personas amadas nos lanzan cuando nos encuentran en el mar agitado o cuando esperan que jamás caigamos a él.


Quizá, si en la cubierta de un barco nos encontrásemos solos en la hora en que todos duermen, bien porque nosotros somos el vigía o porque el centinela ha escuchado la dulce música del sueño, si en esa soledad ruidosa del mar y del alma escuchásemos de pronto con claridad la voz de alguien, temeríamos no tanto sus palabras como su aparición, no tanto su verdad que nos hiere como su ausencia que es presencia de fantasma. No dejo de rescatar el hecho extraordinario de que a veces conversamos con el pasado, con épocas, edificios y personas. Los lectores nos hemos acostumbrado a la nigromancia del libro. Pero a veces conviene saber que aquellas páginas que tenemos entre manos están llenas de conjuros que desafían a la muerte.


George Ivánovich Gurdjieff es la clase de espíritu que cuando aparece atraviesa tu cuerpo para hacerte sentir su inmaterialidad y tus ataduras a pesadas cadenas. En vida fue conocido como el “archidisturbador del sueño”, un tábano que, como Sócrates, no podía dejar tu vanidad intacta. Sus años iniciales están envueltos en misterio. Incluso su año de nacimiento es incierto. Sabemos que insistía sobre una idea fundamental: los seres humanos estamos dormidos. Creemos que estamos despiertos y tenemos libre albedrío, pero todas nuestras acciones son mecánicas, como las de un sonámbulo. Todas las personas son máquinas. Y, lo que es más desconcertante, los seres humanos no nos recordamos a nosotros mismos. Absortos en las demandas de la vida, olvidamos nuestra propia existencia.


Por eso, Gurdjieff nos susurra al oído: «Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces». Y cuando nos recuperemos del susto, quizá hagamos memoria de esta sabiduría en formato mínimo. Como una semilla desconocida, sus posibilidades en este universo de tierra y agua son infinitas. Más vale que sea así, nos indica en un nuevo sobresalto, no te definas. La amplitud de la vida está en su tentativa de vuelo, en su irrupción secreta, en sus dones inesperados.


Necesitamos aquietar este confuso agitar de manos que somos, este nervioso extender de piernas, esta ruidosa existencia que llevamos. Nos urge ocupar menos espacio, cerrar la mano y retirarla cuando la extendemos para apropiarnos de las cosas y de las personas. Es difícil estar lejos de la moda, terminar lo que se empieza, comer y dormir lo estrictamente necesario. Tendemos al exceso para compensar esa pérdida de nosotros.


Mi uso constante de la frase de Bacon que Kant incluyó al comienzo de su Crítica de la razón pura ha producido numerosos viajes de significados y a veces sospecho que me alejo de su significado real. Pienso que nos habla de que solo podemos encontrarnos cuando dejamos atrás ese «yo» tan insistente. Dice: de nobis ipsis silemus (de nosotros mismos callamos). Y Gurdjieff añade: «no hables de tus problemas personales». Un buen consejo llega siempre. Llega como un espectro frío hasta el pabellón de nuestra oreja y se pierde en el laberinto del oído y desciende por los intrincados pasillos del cerebro. Busca en nuestro corazón y nos pide lo mismo: toma tu corazón en tu mano, sentirás un dolor agudo, no lo aplastes, azul o herido, tómalo como a una hoja que se desprende de un árbol y no dejes que caiga al suelo todavía, prepara la tierra del ahora y del mañana, transforma tu envidia, transforma tu vida y entonces siembra en la fértil imaginación el centro de tu movimiento y mueve tu ser despacio hasta dejarlo quieto por entero. Medita.

Referencias:

Gurdjieff, G. I. (2019). Consejos de G. I. Gurdjieff. Eufonía Ediciones.
Lachman, G. (2015). The Secret Teachers of the Western World. Penguin Random House.
Ouspensky, P. (1949). In Search of the Miraculous. Harcourt, Brace.