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Reseña libro

El cuerpo extraño del relato en 'Jaulas', de Mauricio Montenegro

Alejandro Gordillo

Número revista:

8

Jaulas es el primer libro de cuentos de Mauricio Montenegro compuesto por nueve cuentos que van desde la abyección al silencio, del duelo a una lejana melancolía que problematiza la memoria y los oscuros instantes que marcan la construcción de la identidad personal.

“Jaulas”, el relato que titula la colección, narra la visita de una pareja de amigos a un acuario. La primera escena muestra a ambos personajes contemplando a un animal marino enfermo (una foca gigante, según ella), un espectáculo que cifra el tono del cuento, en el cual, durante su estancia en este lugar, el hombre intentará fallidamente revivir su viejo amor con la chica. Entre las cosas que los separan y hacen imposible la relación están, sobre todo, la memoria: el recuerdo que él tiene de ella no coincide ya con la mujer que tiene delante, lo traiciona el viejo ideal que había soñado para ambos y la realidad presente lo refuta sutil pero brutalmente: "Y mientras aún copulaba con estas fantasías, la realidad lo había encontrado desnudo y obligado a despertar de ese sueño añejo con su mazo de carnicería".


Durante la escena final, la memoria de nuevo traiciona al hombre, quien conduce a la chica a una suerte de enorme jaula de aves sin recordar que ella tenía una profunda aversión por los pájaros. Lejos de ser una escena hitchcockiana, ella declara no sentir ya tanto temor, pero algo se adivina irremisiblemente roto entre ambos. Ella se  marcha apresuradamente y lo que podría ser un final anticlimático que subraye el fracaso del proyecto amoroso de ambos, se desvía hacia la contemplación de la imagen superpuesta del perfil de la mujer sobre el plumaje desplegado de un pavo real (“... observando la belleza artificial de ese Edén en miniatura…”), el despertar en pleno momento de la expulsión del paraíso cuando ella le pregunta si no va a salir de una vez, el instante irónicamente epifánico que cesa para cerrar el cuento y dejarnos con esa misma sensación de exiliados del paraíso.


El encierro es metáfora y realidad en los cuentos: solipsismo, silencio, imposibilidad de comunicación.


El trauma es el eje configurador del libro o, más bien, cada cuento representa un ejercicio belicoso de hermenéutica sobre algunas variaciones del trauma. Ejercicio belicoso en tanto el trauma se resiste siempre a ser simbolizado de una vez, en tanto exige siempre que se lo revisite para terminar escapando y volver a acecharnos, como ocurre hacia el final de “Transporte escolar” en donde un padre de familia, que ha empezado evocando sus viajes cotidianos a la escuela a partir de ver a su hijo marcharse en el bus escolar, no puede dejar de revisitar, años después, la ominosa escena de violación a la Sorda, una chica que viajaba junto a él cuando niño, en un vehículo similar.


Los cuentos de Montenegro huyen del tono confesional porque no son meros recuentos de victimización: diseccionan al trauma, lo miran de cerca, pugnan por descifrar su núcleo irreductible para fijarlos en el drama y abstraerlos de la región de lo fantasmático.


La escritura de Montenegro no se rinde jamás ante el trauma: ni lo venera ni lo condena, lo vuelve literatura en un ejercicio de interiorización y, a la vez, extrañamiento que le permiten simbolizarlo; lucha a favor y en contra de la memoria en la medida en que desanda el camino hacia el evento traumático y lo consigue repetir, una vez más, dotándolo esta vez de estructura dramática, construyendo un nuevo significante (símbolo) y añadiendo todo un contenido imaginario que logra crear un nuevo paisaje narrativo que oscila entre lo que ha sido (el evento traumático) y lo que no es (la ficción).


El humor y la ironía subyacen en todo el libro. El decalaje fundamental que parece gobernar sus relatos hace que sus personajes lleguen siempre tarde a un momento trascendental, lo único que se vive plenamente es el dolor del trauma, mientras que la memoria escamotea detalles, rasgos, vuelve imposible la plena identificación de los personajes consigo mismos. El presente de los relatos parece siempre sumido en lo espectral, acechado por lo que retorna e, incluso, aquello que está más allá, un porvenir que tampoco promete seguridad, sino incertidumbre, desasosiego, amenaza.




Alejandro Gordillo (Quito, Ecuador,  1987)

Máster en Estudios comparados de literatura, arte y pensamiento por la Universidad Pompeu Fabra en 2014. Doctorando en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra. He trabajado como docente en la Universidad de las Américas y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.