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Reseña libro

Sanguínea de Gabriela Ponce

Karla Proaño

Número revista:

4

“[…] la memoria está preñada de imágenes que al mínimo roce con la materia se presentan ante uno con la devastadora realidad de la ausencia, lo que siempre falta.”

Gabriela Ponce


Palabras provenientes de una voz nunca identificada, un personaje que no conocemos, sin nombre, pero que encierra en sí mismo un concepto tan complejo y lleno de aristas como lo femenino. ¿Qué se entiende por femenino? ¿Qué significa ser mujer? ¿Qué implica ser mujer? Estas son las preguntas que a lo largo de Sanguínea, de la escritora Gabriela Ponce, el lector va desentrañando para descubrir una feminidad compleja y desbordada.


Sanguínea (2020) de Gabriela Ponce postula, desde su portada, una composición estética que derrama la imagen que acompaña a la novela: la sangre. Una sangre que representa la vida, la sexualidad, el dolor, el cuerpo. Ponce nos presenta la historia de una mujer que después de vivir el fracaso de su matrimonio, vive una serie de relaciones amorosas que forman parte de su viaje de autoconocimiento: entender el fracaso de su matrimonio, descubrir quién es y qué quiere para su vida, comprender sus emociones y sensaciones. Dentro de este proceso también se entrelazan las premisas de feminidad, aquello que la protagonista desde su identidad de mujer siente, experimenta, desea, etc.; asimismo, el embarazo, estado inherente al cuerpo y biología femenina, se atraviesa en la vida de la protagonista.


La novela consta de dos partes. La primera corresponde a la experimentación y lo sensacional. El mundo de sensaciones e instintos que le permiten a la mujer acoger su sexualidad y gozar de ella. No obstante, esta etapa está acompañada de un proceso de duelo por su matrimonio fallido, vínculo que permanece incompleto: no ha llegado a un cierre definitivo como el divorcio, pero tampoco guarda esperanza de reconciliación. Este primer apartado va acompañado de la menstruación como símbolo insigne de la feminidad. El gran trabajo de la autora recae en abordar todas las percepciones que encierra la biología de este proceso natural. La incomodidad del sangrado espontáneo, que no se puede controlar, que deja huella y no se puede ocultar, que incluso llega a limitar, y, también, el recordatorio de la vida que no se concibe, y que después de un par de días permite continuar con la rutina: trabajo, encuentros amorosos, deporte, amistad.


Por otro lado, la segunda parte de la novela está marcada por el cese de la menstruación, evidencia de una nueva vida. La inseguridad e indecisión hace que el mundo de las sensaciones pase a segundo plano y la reflexión sobre sí misma, su pasado y su futuro, llenan las últimas páginas de la novela.


A partir de lo mencionado, se puede considerar que el relato posee dos ejes principales: la mujer y el amor. No obstante, nos encontramos frente a una historia donde la aproximación a estos dos términos baja de la esfera idealizada y se coloca en la objetividad. Describir lo que la mujer vive, siente y piensa, sin romantizar términos o evadir situaciones: lo sexual, lo erótico, la decepción, la fertilidad, la desilusión, el fracaso amoroso. Procesos naturales y personales que la protagonista, a partir de una escritura en primera persona, caracterizados por el fluir de conciencia, abre para el lector y le permite esculcar en sus más profundas reflexiones.


La novela profundiza en la conciencia de la mujer. Un relato que sin tapujos y saltando cualquier clase de tabús devela todo aquello que experimenta el ser femenino. La mujer goza con el sexo, recibe y da placer, sangra como muestra de su propia vida y también como huella de la muerte, la mujer duda, ama y deja de amar. Todos aquellos detalles que componen a la mujer, pero que prefieren no decirse en voz alta. El lector, a través del relato, abre y esculca en lo más recóndito de la mujer. Una novela de gran deleite en especial para acercarse a un sentido alternativo de lo femenino.