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Reseña libro

Un oso hormiguero hambriento que hoza en el baldío. 'Libro de las visiones', de Julio Pazos

Andrés Ruíz

Número revista:

10

Julio Pazos traza cada línea de su poesía como si diera un testimonio. Hay opiniones; por supuesto que el criterio de elegir temas y disecarlos evidencia ya un juicio, aun así, no llega a sostener un discurso. Aquello que parece ser de veras importante para Pazos es permitir que los objetos ingresen a raudales en su interior y desde ese momento dejarlos crecer naturalmente como símbolos para que puedan adquirir una nueva tonalidad, recuperar su luz. Tampoco es que la poesía del autor bañense sea impresionista. Mejor es apocalíptica o profética, aunque rara vez metafísica o escatológica; quien tenga afán de cuestiones divinas y trascendentales quedará con las manos vacías entre sus líneas. Lo que no quiere decir que le falte espiritualidad, de hecho, rebosa de un goce interno y místico del mundo. En Pazos la poesía es vida genuina.


“eso es la poesía,

superar en la ilusión

la fuerza irrevocable del tiempo”

(Conversación,Pazos, 2021)


El doble acto de escribir y rescatarse a sí mismo en el proceso se da en Pazos como un fenómeno de la visión. Por supuesto que paisajes, colores, objetos y mutaciones encuentran su lugar de forma gráfica directa; pero en más de una ocasión esta capacidad del poeta como vidente rebasa el plano meramente ocular y se permite “ver” con la ilusión, con el reflejo que se forma en el espejo interior. Este proceso de “descanso de los ojos” revela un mundo rebosante no solo de sabores y olores, sino también de memorias y, por qué no, de sueños.


“Escribir, escribir en el aire para que se iluminen las siluetas,

se posesionen de las pupilas,

se conviertan en sueños,

tal vez en ilusión y hasta en ritual”

(Deceso de la elefanta Kyu en la ciudad de Ambato)


Las visiones entonces constituyen la materia primigenia para realizar la obra de la poesía: el símbolo. Este término, a pesar de ser un lugar común en más de un contexto, es fundamental; como nos lo recuerda Jung, el símbolo no es ni una alegoría ni una interpretación, sino más bien es una realidad psíquica con autonomía y numinosidad (1970). Este último carácter intocable, sagrado y divino encuentra su expresión viva en los rituales más cotidianos y por ende auténticos de la experiencia humana, como lo es en el caso de Pazos la cocina.


“Remojo la noche en jugo de limón y la ablando.

Despanzurro la noche y lavo sus vísceras con agua aromática.”

(Paranoia)


El rito de preparar alimentos y consumirlos, ya sea en solitario o en comunidad, da cuenta de nuestra constitución como humanos. La comida es la materia que nos construye y es la expresión sincera de nuestra experiencia íntima con este mundo. Al comer nos encontramos con nosotros mismos.


“podrás mascarte.

Por obra de tus dientes

habrás encontrado tus huesos y el interior de tu carne.”

(Figuras de pan)


En la poética de Pazos, la vivencia del cuerpo es auténtica, sigue los caminos que han trazado las viejas costumbres, para cocinar el arroz de cebada o conservar el pan caliente y, así, mantiene vivas memorias y tradiciones; señas de un mundo espiritual que cada tanto sale a la superficie a raudales.


“En realidad el cuerpo se asoma a la ventana del alma

y espera la generosidad de la luz.”

(El gran cuerpo)


Esta naturalidad con que se realiza el hacer diario y el hacer poético, como haz y envés de una misma vida, son en Julio Pazos un registro de revelaciones y descubrimientos, muy significativos sí, pero nunca apertrechados de solemnidad. La forma de vivir que elige Pazos está repleta de sentidos, de recetas, observaciones absortas y sobre todo de un humor que no le permite tomarse demasiado en serio.


“ubicado en un punto de la curvatura del Planeta

desdigo la nada…”

(Distanciamiento)


Julio Pazos asume esta labor de poeta, cocinero, viajero y enamorado como constitución de su ser, como si no tuviera otra opción. Vive con su capacidad para tener visiones y fraguar incansablemente símbolos con éstas, para devolverlas al mismo torrente que le entregó sabores y recetas; sin poder cesar nunca en este hacer, como sucede con la biología natural de cualquier ser vivo.


“Soy un molusco atrapado en la canícula.

Parezco un oso hormiguero hambriento que hoza en el baldío.”

(Desesperación)




Referencias

La fugacidad tiene alas. (n.d.). Casa Carrión: Boletín Literario Cultural. Retrieved July 24, 2022, from https://ccbenjamincarrion.com/revista_digital/la-fugacidad-tiene-alas-julio-pazos/

Jung, C.G. (1970). Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós.

Pazos, J. (2021). Libro de las visiones. Centro de Publicaciones PUCE.



Julio Pazos Barrera (Baños de Agua Santa, 1944)

Poeta y catedrático ecuatoriano. Doctor en Literatura. Ha publicado 19 poemarios, entre los cuales destacan: La ciudad de las visiones (1979, Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit), Levantamiento del país con textos libres (Premio Casa de las Américas, Cuba, 1982) y Mujeres (Premio de Poesía Jorge Carrera Andrade, Municipio de Quito, en 1986). En 2010, obtuvo el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo. De su autoría son también: Versos y dichos de la provincia de Tungurahua; Arte de la memoria; El sabor de la memoria. Historia de la cocina quiteña y Elogio de las cocinas tradicionales del Ecuador. (La fugacidad tiene alas, n.d.)

Andrés Ruiz Amancha (Ambato, Ecuador, 1993)

Se graduó en Comunicación en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Realizó pasantías en la Casa de la Cultura Ecuatoriana y trabajó por un tiempo en algún periódico en línea. Actualmente es bibliotecario en cierta universidad jesuita.