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Teatro

Selección de textos de Gabriela Ponce

Número revista:

4

De Lugar (fragmentos):

Tres voces

Lu

Todos los lugares

Que no has estado

Que quieres estar 

Que no puedes estar en

Que no sean este lugar

Que estén lejos 

Que no puedas alcanzar

Que es un fantasma

Te niegan 

Te dicen no puede entrar

Este no es su lugar

Y sientes

Hueco  

Hueco enorme 

por el que se escapa 

Tu lugar

Cuál es 

(sigue hablando o gesticulando, no se la escucha)

Vi

Están en el centro de  

En un centro que puede ser 

En cualquier centro porque 

el centro es siempre inaccesible. Uno quiere ir a un centro pero ese lugar es    alguien más o cuando uno está llega al centro se da cuenta de  que el centro es otro

El centro está al otro lado y  puede ser el centro el cuerpo, lo que pasa cuando miramos este pueblo a mí sí me gusta También 

un centro ¿cierto? 

¿Por qué queremos irnos? 

Mi lugar

Acá también a veces pasan cosas. No pasan grandes cosas pero por ejemplo un día puede aparecer un cráneo en las puertas de un convento. 1977. Hay gente que camina, cruzan los perros o los carros que los atropellan, a veces tiembla la tierra, a veces uno que otro volcán, las caras de las gentes que siempre piden disculpas con muecas en diminutivo, se encierran y odian y matan con sus bocas, atravesando como si nada los cuerpos los perros sus carros,  

es como si no llegó a este lugar nunca ni la guerra ni la paz ni nada solo pequeñas catástrofes.

Una vez en este pueblo se cortó la cabeza de un tipo (mirándolas) en 1977 dejándolo en las puertas de un convento, se culparon a niños y a extranjeros, tan típico de este lugar

 A mí lo que me gusta es caminar con mi hermana a mi lado, subir y bajar las gradas llegar a las esquinas que conozco,  

mirar los árboles que rodean la casa y que también conozco

Adivinar las calles que no se ven por la neblina 

No se ve nada

Amar el jardín y el cuerpo  

No hay mucho que hacer acá 

Un cuerpo

Puede ser un lugar 

El pecho de alguien mejor si 

es de un hombre y mejor con el pelo y la piel y los poros y el corazón 

(se miran)

 como la canción

Mel 

Un cuerpo

¿Un bosque?

¿El mundo?

¿Como las noches?

¿Una esquina?

Otro país.

¿En dónde?

¿Las gradas?

¿Mío?

¿Una perra?

¿Mi cama?

¿Un hijo?

Un doble, 

¿Un cementerio?

El río

Montañas (en voz un poco más baja) lodo

El color puede ser el lugar

Un amigo

La amistad

Un avión

Aviones

La infancia

¿Panamá?

La tierra

Una biblioteca

Una librería

El tiempo

Un zaguán

Mi mamá

(apenas se la escucha) Aquí

Yo

Mi

Cuarto

El baño

Terraza

El lugar más turístico o el más visitado

El Panecillo

Cráneo

¿O el corazón?

Los lugares imaginarios

Como libros

Un libro

El pecho

Lugar inexistente

Otro lugar

Teatros

La amistad

¿Una conversación?

El Pecho

El Poro

La Piel

Del poeta

 

Como la canción

(Grito mudo)

Tres cartas

Lu:  No. Lo del suicidio no va. No hay en esta historia suicidio. Punto. No va. 

 

Mel:

1. La mujer de trenza, desolada va a su habitación en ese mismo hotel, busca el collar de su perra y regresa a la playa dispuesta a hundirse pero en el camino encuentra un libro de portada roja que reposa sobre la arena. Una reescritura que una vez haría un autor norteamericano de Las Tres Hermanas de Chéjov. La mujer se encuentra con el libro y tiene un recuerdo repentino. Piensa que es un amuleto. Y adicta como es a la fe, cree que ese libro la ha salvado y escribe al reverso de la portada una carta a su perra y vuelve a dejar el libro sobre la arena. Acto de psicomagia no. 1 se titula la carta. Termina de escribirla y va por sus cosas dispuesta a seguir su viaje.                                                                                        

 

Vi: ¿En vez de matarse decide escribirle una carta a la perra?

 

Mel: Es escritora o desea serlo/

8. Mientras sube las gradas que comunican a la playa con la carretera, ha recordado un episodio de la infancia que ha hecho que se le llenen los ojos de lágrimas: en el funeral de su madre, las palabras de amor de un hombre que estando enamorado de la difunta toda la vida, nunca se le había declarado. Un hombre que era su padre. Era una carta –Carta no. 1 que decía Oh dónde está dónde se ha ido mi pasado yo era joven alegre inteligente soñaba y pensaba con elegancia en amarla para toda la vida… creo que desde ahí se ha obsesionado con el amor y con escribir y con las cartas. Quiere cortarse la trenza. Hipi como es piensa Acto Psicomágico no. 2, entonces entra a una peluquería y espera su turno mirando el pelo de una hermosa mujer asiática caer. Luego será su turno.                                                              


 

[…]

 

A ver cómo decirte esto. Ahora que el mar te ha tragado. Te encontré una noche calurosa. No tenía adónde regresar y adicta como soy a caminar y a mirar tras las ventanas de casas ajenas imaginando el mundo que las habita o por el puro placer de los lugares y las cosas que tienen vida ajena. Me paré detrás de esa ventana y habiéndome ese día quedado yo sin casa, quise que esa casa esquinera fuera mía, era una casa vieja pero firme, las luces prendidas, me imaginé que esa era mi casa, me imaginé que yo era otra, entré a la casa que estaba abierta y saliste tú, y me dijiste me voy contigo y yo te dije nada más que hablar, claro que te vas conmigo perra hermosa. No fue un robo. En esa casa no te querían. Estabas encerrada, estabas flaca y estabas triste. Te encontré, llena de piojos, con trozos de legañas de años pegadas en tus ojos y supe que nos salvaríamos. Llevaba yo una maleta con las pocas cosas que saqué de la que había sido mi casa. Poca ropa y unos libros. Había dejado a un amor y no tenía adónde ir y sentía el abandono inmenso, era yo incapaz de amar justamente porque cuando empezaba a amar empezaba a sentir el abandono y de ahí todo iba siempre para abajo hasta que llegaste tú. Y yo cursi como soy dije todo se va a la mierda de una puta vez por todas. Y tú me seguiste. No solo me seguiste, me miraste y me dijiste todo se va a la mierda de una puta vez por todas. Tú no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor. Nos habíamos encontrado. Yo acababa de dejar a un hombre. Tú eras ahora mi perra. Había estado huyendo todo el tiempo. Desde pequeña. Cosas que no se quieren recordar. Experiencias. Sabemos. Cosas dolorosas. Incluso muertes. Y uno huyendo. Y de pronto este sentimiento rotundo de que eras mía. Y yo tuya. Y las dos viviríamos juntas, eso era lo que verdaderamente importaba, tu cuerpo y el mío. Piel tuya donde se esconde el calor. Tu piel que era la espera y yo besaba, adoraba, lamía tu espera que era la mía. Perra. Tú me das la fuerza que se necesita para no marcharse te dije. Tú dijiste, tú me das amor. Los días siguieron, viajamos. Juntas. Con una maleta. Dimos vueltas, vivimos en casas, en edificios, en carpas, durmiendo nuestras pieles juntas, yo sintiendo que nada era necesario. En un peregrinaje nuestro, incierto. Cuando llegaban amantes, tú dormías a mis pies, te gustaba vernos haciendo el amor, te gustaba el olor, nosotros te esquivábamos y tú juguetona excitándote de modos tan genuinos lamías nuestros cuerpos. Todo genuino en ti. Perra. Eso era lo inmensurable, esa forma tuya genuina, el lugar mío eras tú, Ramona.

Ahora sin ti. Siento que no tengo cuerpo para verme ni pensar.

Es la orfandad.

 

[…]

 

Vi:

Papá. Hubiera querido que las cosas fueran distintas. Sobre todo hubiera querido poder tener otro padre o quizá decirte que siendo el mejor padre todo ha sido demasiado frágil y tus manos incapaces, tus pobres manos nunca pudieron tocarme. Alguna vez posaste un dedo, una vez intentaste incluso abrazarme, taparme del frío arropándome con una colchita celeste, pero no lo lograste, mi piel quedó expuesta y el hielo me quemó. Bajábamos del campo, y la nevada infame estalló sin avisar y tú, incapaz de hacer nada más, me cobijaste, pero era demasiado para ti papá, y no lograste ver el pedazo de carne que transparente se fue congelando. Ese día empezó todo papá. Llegamos a la casa y me dejaste en la cama y en el silencio de las tablas la tos se vino como un remolino que se hizo mi casa, yo y mi tos, para siempre, la tos mi padre y mi hermano y mi esposo también la tos. Tú preparaste una bebida caliente, yo te pedí ir a tu cama, intenté pararme para lanzarme sobre ti, el frío era insufrible, pero tú me dijiste que no, que no podías, que la cama era pequeña, me mandaste de vuelta a la mía, y cuando entré otra vez en la cama fría, sentí que el tiempo se apresuraba sigiloso, se extendía en las cobijas, se asía de mi cuerpo y se revelaba como eternidad. Esa noche no dormí. El músculo congelado se sentía como un animal, como un cóndor, o como un tiburón, ahí creciéndome debajo de la piel, queriendo nadar o volar o salir corriendo y yo extrañamente pensaba en la fuerza de tus brazos que debajo de la tela marrón del abrigo eran unas torres o el horizonte eran tus músculos papá queriendo elevarse y soltar la sangre para salvarme a mí. El espesor del mundo, el lodo debajo de todo, la madera o el árbol. Yo quería que en esa carrera eterna quedemos los dos, que nos revolquemos en el campo y el frío levante nuestros cuerpos, los eleve, nos hubiéramos muerto juntos papá, enterrados en la nieve y eso habría sido la felicidad pero en cambio la mano murió. Hubiéramos quedado ahí haciéndonos esqueleto, los dos, nuestros cuerpos momificados la sangre congelada los cuerpos conservándose en el frío, pero murió solo la mano y me vino la tos como pedazo de hielo cadáver enterrado entre mis senos, no lo dejaré salir, ¿Serás tú la tos, papá, atrapado entre mis tetas? ¿Tus músculos incapaces de abrazarme? No nos morimos ese día. Yo me enfermé. Tú me dijiste a mi cama no. Y luego dormiste como duermen los hombres cuando están cansados y nada es más importante que su descanso. El fin del mundo o mi muerte, qué más da. El congelamiento de mi mano que desde entonces se siente como carne rota que va dejando sangre invisible por donde paso, por donde haya algo vivo. Tú papá nunca pudiste abrazar, acaso eso hizo que ese día me congelara, se muriera mi mano y el resto del tiempo se triplicara la tristeza eterna como el tiempo, somos tres, queremos salir de acá (hay una que nunca podrá caminar y otra que perdió el tacto). Un año papá, suficiente tiempo para guardar un luto que es la flor, que es el lugar, que son tus pies y las medias con las que los cubrí el día en que tiesos los pude ver por fin, te besé los músculos papá, que se habían endurecido como mi mano, tan lejos ya de esa carrera por la nieve, papá, un año y tu muerte se siente como toda la vida. Un hombre razonable, tú, papá. Un hombre guapo y razonable.

De Corro, acelero el paso hacia el flanco fantasma del arupo y aparece nuestra casa (el cielo se cae en veintiún partes) (fragmentos)

5. En la cocina: debajo de la mesa (I)

Todo en completa oscuridad.

1: Cuando explotó esa pequeña guerra dentro de la casa, nos metimos debajo de la mesa de la cocina y los oímos lanzarse el tenedor: el tenedor volaba mientras afuera, en la calle, explotaban bombas lacrimógenas. El olor de las bombas entraba a la casa y lo impregnaba todo; nosotros tosimos y entonces nos descubrieron ahí abajo; nos colocaron toallas mojadas sobre la cara y la guerra adentro de la cocina terminó, se oían los gritos y se olía el caucho de las llantas quemadas. Nuestro escondite era ese; él a veces se hacía pipí ahí, debajo de esa mesa; y a veces se iba la luz, y la casa se volvía una sola oscuridad con olor a meado.

(2 y 3 se meten debajo de la mesa, todo es obscuridad).

 

2: ¿Te hiciste pipí?

3: No, fue la Cariño.

2: ¿Tienes miedo? Puedes dormir conmigo si quieres, a mi cama el caballo no viene.

3: ¿A dónde van los caballos en la noche?

2: Si estamos juntos, nadie se atreve a entrar en nuestra cama.

3: En el día te equivocas, pero en la noche tienes razón.

(Se acercan casi hasta tocarse las bocas).

3: Sobre los caballos van los policías y ¿los otros, los estudiantes, sobre qué van?

2: Corren con sus pies y sangran /

3: El caos eres tú, el universo eres tú, la relatividad eres tú.

2: ¿Qué es lo que hace que los cometas regresen, cada cierto tiempo?

3: El cometa puede destruirlo todo, a su paso. Puede chocarse contra la casa.

 

6. El cielo se cae (primera imagen)

En la casa vacía una perra dando vueltas. Se escucha la voz de 4 en off.

 

4: Nunca quise salir de esa casa. Me gustaba especialmente la manera en que había ordenado las plantas. Estaban distribuidas de un modo arbitrario pero comprensible. En el balcón, en el salón y en cada espacio libre. Imaginen las plantas acá ocupando este espacio con su color.

Imaginen formas verdes, formas anaranjadas. Imaginen hojas de distintos tamaños.

Imaginen la tierra e imaginen mis manos. Imaginen mis manos metiendo los dedos en la tierra húmeda.

Yo lo hacía por el puro placer del tacto. De tocar lo húmedo.

Cierren los ojos e imaginen meter sus manos en lo húmedo.

A veces me llevaba una pizca de tierra a la boca, solo por la gana de saborear eso húmedo.

Al espacio lo llené de plantas, cada planta un recuerdito. Algún momento de fragilidad. Cualquier cosa. La memoria, en su modo atropellado de organizar, se queda con lo que le da la gana.

Imaginen ahora que a esas plantas les cae ceniza blanca.

Imaginen que el escenario se llena de ceniza blanca.

1,2 y 4 detrás de una ventana. Las tres mujeres se están vistiendo. La perra desaparece.

1: En el / horizonte

2: Frente a mí /

1: Un volcán empieza a botar ceniza.

2: Me tiemblan los ojos / me tiemblan las manos, llega la imagen algo retrasada a la voz.

4: La ceniza sale no violenta, no apurada, sale organizándose ondular para elevarse sobre la nítida mañana, sobre un azul incrédulo se va formando un hongo, sobre los aullidos de los animales, sobre las piedras y sobre la sábana y sobre un horror alegre que va tomando forma. Todo se hace espacio para que esa imagen pueda existir.

2: El hongo crece sobre el pico del Guagua Pichincha y crece sobre mi piel / sobre mi espalda.

1: A mí me da risa nerviosa. Me río. Digo: finalmente en esta ciudad va a nevar. Digo, qué carajos pasa, digo la puta madre, digo hasta aquí llegamos.

2: Se hace blanco el cielo y se empieza a caer de a poco, sobre la ciudad y sobre nosotras/ todos barremos el polvo blanco. Los sueños de hongos creciéndome en el cuerpo, en la espalda, en la boca, se vuelven recurrentes.

4: Yo me quedo quieta, mientras el volcán lanza piedras que no nos alcanzan, pero nos asustan. Dos días después se muere mi hijo. Se estrella contra un árbol. Yo me he tragado su ceniza. Siento las piedras aterrizar en mi cuerpo. Las plantas se van. Todas. Sus formas. Se van. Su color. Todo se vuelve transparente y se disuelve. Lodo blanco queda entre mis pies, que no consiguen volver a pararse.

 

Se proyecta la frase sobre la pared, mientras las tres mujeres se sacuden de manera violenta la ceniza:

La mañana del 7 de octubre a las 07:06 se registró una explosión de vapor,  gas y ceniza del volcán Guagua Pichincha que generó una columna de erupción de más de 12 km de altura que pudo ser observada desde toda la ciudad de Quito y los alrededores del volcán. La nube de emisión se dirigió hacia el noroccidente y al este, en la ciudad de Quito, Nono y Mindo, y afectó con una importante lluvia de ceniza a la capital. La ceniza también provocó problemas respiratorios y en la piel de las personas y los animales, por lo que se recomendó que todas las casas estén totalmente cerradas y las hendijas que pudieran dejar entrar la ceniza se cubran con nylon y cinta adhesiva gruesa.

8. El cielo se cae (segunda imagen)

1, 2, 3 mirando al cielo. Sobre el cielo, que también puede ser un techo pintado de distintas tonalidades de azul, se proyecta otra vez el cuadro de los caballos, del Ejército rojo de liberación nacional y luego, una imagen que cruza despacio el cielo: el cometa Halley.

1: Se iba la luz todo el tiempo en esa época.

2: Siempre andábamos con velas y una de esas noches yo escuché a la alemana entrar al baño y golpeé la puerta y le pedí que me dejara bañarme con ella, tenía miedo y quería sentir su cuerpo blanquísimo.

1: Racionamiento de luz. La casa se ponía especialmente oscura en algunos lugares.

2: Bajar al jardín, corriendo, los tres, rodarnos las gradas y tumbarnos a mirar el cielo, a imaginar cómo se nos caía.

1: La alemana era de un ejército rojo y huía, qué nombre bonito ejército rojo de liberación. Yo imaginaba soldaditos rojos liberando leones de jaulas y de circos.

Otra vez atraviesa el cielo el cometa Halley.

2: Caer en la hierba, después de dar vueltas, completamente mareados, sintiendo la casa como una gran madre a punto de derrumbarse; y las nubes, que contenían a todos los muertos, también rodar hacia nuestros pies: como un coro alborotado, sus voces bajando hacia la tierra.

3: Cierra los ojos e imagina que el cielo se cae.

1: ¿Dónde exactamente están los cuerpos de los muertos que van al cielo?

3: ¿Cómo que dónde están?

1: ¿En dónde, en qué parte del cielo están?

3: No están en el cielo, están enterrados.

1: Pero me habías dicho que estaban ahí arriba.

3: Es un decir, no me digas que te creíste que la gente muerta se va al cielo.

Silencio. 1 y 2 se paran, mientras hablan observan a

3, su cuerpo pequeño, muerto sobre la tierra.

1: Pum. Se cayó. El cielo.

Te has preguntado cómo sería todo, si no se moría.

2: Cada día. En algún momento del día lo imagino vivo.

Lo imagino de vuelta en mi cama. Imagino que tendríamos una conversación, cualquier conversación, y que después me pediría que le deje tocar mis tetas.

1: ¿Te tocaba las tetas?

2: Lo imagino entero, aunque la última imagen que tengo de su cara es troceada por vidrios. Ya no me acuerdo de su voz.

1: ¿Te tocaba las tetas?

2: Era lo único que le tranquilizaba en la noche, cuando afuera se escuchaban los caballos. Decía que le gustaba sentir mis tetas crecer. A mí me gustaba que me las acariciara y sentía que en sus manos efectivamente crecían.

13. Toda la casa se ilumina

Por primera vez vemos toda la casa. Es una escena simultánea. En cuatro planos distintos: 1 desnuda parada frente a una puerta. 2 enterrando a la perra. 4 otra vez sentada frente a la ventana. 3 ensayando modos de estrellarse contra un árbol.

4: Sacaron las cosas. Las metieron en cajas. Anunciaron una vida diferente.

1: Imagen de una casa. Adentro la gente hace las cosas que se hacen todos los días, un paisaje que muestra la evolución genética de la ilusión.

4: Ver a los hijos en el jardín y hacerse la pregunta: a qué rato pasó esto. No puedo yo hacerme cargo de estas vidas.

1: La ilusión tiene su pico a los siete años.

4: En qué momento me sentí capaz de parir esos cuerpos, de tener esas almas adentro.

2: Un hermano se muere, todo se desorienta, un cosmos roto.

4: E inmediatamente pensar que ahí están, yo me hago cargo. ¿Qué es hacerse cargo? ¿Qué es asegurar que otro cuerpo esté limpio y listo?

1: El número de los elementos que pueden ser percibidos simultáneamente sin correlación entre ellos es del orden de tres.

4: Tener el impulso de abandonarlo, pero saber que sus dientes se le van a caer. ¿Cómo explicarle que sus dientes se le van a caer y que luego vendrán otros?/

1: Una señal continua, por ejemplo, de tipo visual, solo es realmente pregnante en el momento en el que es efectivamente percibida.

1 y 3 empiezan a inflar, cada uno, un globo negro.

2: Se estampa contra un árbol, su muerte sucede así:

4: Ver sus dientes salir: la mandíbula rota, los dientes asomando y vivir con el miedo de su muerte.

2: Dilatación de la aorta que la hace ensancharse como a un globo y que en cuestión de instantes estalle o se rompa, inmediatamente viene el sangrado interno: su cuerpo se pinta entero de rojo.

 

Estallan los globos.

4: Apenas me dijeron que se había matado yo me senté frente a la ventana para ver si podía reconstruir su cara. Hundí esta vez toda la mano en la tierra negra. El resto, recogió la casa.

Todos los personajes sostienen los cuerpos durante diez segundos, en completa quietud. Debajo de cada cuerpo se lee —en lo que podría ser un cartel o una proyección—:

 

Debajo de 1 ¿Cómo fue cuando perdiste la virginidad? 

Debajo de 2 Ecuador nunca fue un país amazónico 

Debajo de 3 El estallido del volcán es un evento premonitorio

Debajo de 4 El cielo se cae cuando se muere un hermano. Se acaba el mundo cuando se muere un hijo

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15. Frente al árbol de Navidad (yo, mi perra muerta y el fantasma de mi hermano)

1 frente al arupo, con la perra muerta entre las manos. Se escucha a 3 en voz en off.

1: Es Navidad. Todas las Navidades hay bulla y los árboles brillan. El arupo está solo y a mí me conmueve su soledad. Digo, voy a hacer una Navidad con el arupo, y entonces mi hermano viene y dice,

3 (en off ): te acompaño, estoy a tu lado, he visto los ojos de los caballos, tengo miedo, pero me aguanto.

1: Salimos y el cielo se siente en su cercanía como una mirada, mi hermano tiene las medias blancas y siento que no estoy sola exclusivamente por que él está a mi lado, y porque sus medias blancas yo también me las pongo. Compartimos las medias y nos salen a ambos verrugas en las manos. Eso es la hermandad. Tenemos los dientes separados. Hemos aprendido a comer callados mientras ocurre la guerra y mientras a nuestro alrededor vuelan tenedores y se esconden guerrilleras. Imaginemos que el arupo es nuestro padre, esta Navidad no le vamos a pedir zapatos. Esta Navidad ya no se nos va a decir: a su padre, le escriben y le piden que mande zapatos.

(Silencio)

 

¿Es posible hablar con un muerto?

 

Yo he desarrollado formas de hablar con un hermano muerto.

Se los puedo explicar de un modo sencillo: les invito a hacer un ejercicio y encontrar las palabras de sus muertos en las bocas de la gente con la que hablan. Cuando alguien te dice, por ejemplo: ven, te puedo acariciar la espalda. O cuando alguien te dice: si quieres te acompaño a tu casa. O cuando alguien te dice: no me veas con esa cara. O cuando alguien te dice: si hay un fuego repentino salimos corriendo. O cuando alguien te dice: trágate la emoción como cuando te tragas las lágrimas. O cuando alguien te dice: va a pasar solo tienes que contar hasta tres. O cuando alguien te dice: a la vuelta podemos ir a la librería y luego a ver un árbol, te quiero enseñar un árbol. O cuando alguien te dice: decide tú, no tengo muchas ideas. O cuando alguien te dice: nos vemos a tu regreso. O cuando alguien te dice: ¿es una ciudad tan estupenda no crees? O cuando alguien repite: si quieres me duermo acá, contigo. O te acompaño a tu casa. Podemos vivir juntos. O cuando alguien te escribe: y en estas cartas, está, o aparece desnudo, el amor genuino, algún amor genuino. O cuando alguien promete: aquí voy a estar para siempre.

¿Es posible hablar con un muerto?

También leyendo, se puede hablar con un muerto, porque hay frases como la siguiente que pudo haberla dicho mi hermano, o quizá la habría leído si tenía más tiempo y se habría emocionado al reconocerse en ella, como me emocioné yo:

(Se observa, proyectada, nuevamente la frase:)

Nunca he tenido otra dirección ni más camino que la pasión que no se agota en mí y que no se retira de mi vientre, de los bajos de mi vientre, de mis pulmones, de mis manos, de mi cabeza y que, a cada instante en que tengo la convicción de que está a punto de abandonarme, regresa sin cesar como una marea. Pasión que es sonar en silencio.

Mi muerto suena en su silencio y no es raro que los paisajes también contengan su voz: cuando llega la noche, por ejemplo, en su plenitud, yo camino por una plaza desconocida y un ombú inmenso se planta sobre el asfalto con su tronco monumental y entre sus ramas, la desconocida ciudad se cuela a través de un rayo luminoso que lo atraviesa, y que repite una imagen vacía: un fantasma en el flanco del árbol que hace que aparezca toda mi casa, mi hermano y yo enterrando a nuestra perra.

 

También se puede poner a dos actores en el escenario, y hacerlos hablar, para escuchar al muerto.

Aparece 3.

3: Te acompaño, estoy a tu lado, he visto los ojos de los caballos, tengo miedo, pero me aguanto.

2: Me angustia un poco la Navidad.

3: ¿Te gusta cuando abrimos los regalos?

2: Me molesta tener que partir la Navidad, mitad de la noche con la mamá, mitad de la noche con el árbol. Desde que te estampaste contra el árbol no supimos qué hacer con la Navidad, yo salía a cenar con el árbol.

3: Te acompaño, estoy a tu lado, he visto los ojos de los caballos, tengo miedo pero me aguanto.

2: Entonces intentamos celebrar la Navidad, pero se volvió un acto fallido; nosotras intentando recomponer un pedazo ausente, el cuerpo que recuerda las últimas veces, tu último regalo, que trata de leer algo por fuera del infinito misterio de que un segundo estás y en el siguiente ya no. Esa idea no me entra en el cuerpo.

Me gustó siempre tenerte cerca, eras un soldado rojo con una verruga en la mano que se meaba del miedo en mi cama.


 

17. En el baño (III): el cielo se cae (por tercera y última vez)

 

2: Son dos episodios los que se van a relatar a continuación.

1: Esos dos eventos cruzan el cielo de nuestra casa y clausuran el tiempo de la infancia.

Para esto vamos a pedir se escuchen los siguientes sonidos:

Silencio.

Lo que no pueden escuchar es el sonido de un cometa. Porque los sonidos del cometa, la canción que está emitiendo ahora, ocurre en una frecuencia menor a la capacidad auditiva humana.

Escuchen entonces el silencio.

Suena el canto del cometa.

2: El cometa Halley pasó el 9 de febrero de 1986 por la órbita de la tierra.

El transbordador espacial Challenger había estallado el 28 de enero de 1986.

Escuchemos ahora los últimos 10 segundos, el conteo previo al lanzamiento del Challenger:

10

9

8

7

6

5

4

3

2

1

 

Se proyecta, sobre una de las paredes, el despegue del transbordador y su desintegración.

1: La secuencia de sucesos críticos previos a la tragedia. Suena el teléfono: su hermano ha tenido un accidente. Ya no hay nada que hacer. El cuerpo sin vida, pueden venir por él. Un cuerpo sin vida, la imagen del terror.

¿Cómo imaginar un cuerpo en el cielo?

Un cuerpo sin vida en el cielo, yo los imaginaba flotando, una vez que se atravesaba las nubes y el azul del cielo, cuerpos que viven entre las estrellas, desde el fondo del azul ya invisible, a través de una fisura, una cosa vaga que va haciéndose una cara: los ojos de la Cariño.

Entonces comienza el conteo final.

1: Mi madre nos junta en el cuarto y nos dice, lo que hace la alemana lo hace por amor.

2: Va a pasar el cometa Halley. “¿Qué es un cometa?”, pregunto mientras pienso en un pedazo de cristal que cruza el cielo

1: Miramos en la televisión los restos de la nave que caen del cielo. Un pequeño hongo blanco, imagen que se repetirá, alterada, crecida, cuando estalle el volcán.

2: No cae ceniza, caen los cuerpos de los astronautas a una velocidad inusitada.

1: Mi mamá comenta, ¿qué hace que una mujer quiera viajar al espacio y deje a tres hijos, venciendo el miedo por todo lo desconocido?

2: Los astronautas activan sus reservas de oxígeno.

1: Una madre ve a su hija caer del cielo y piensa al mismo tiempo: esta escena es increíble, horrorosa, esto no está pasando.

2: Estoy viendo a mi hija morir, cae ella del cielo.

1: Una de las misiones del Challenger era seguir de cerca el paso del cometa, pero el cometa no quiere que nadie lo mire, ama su soledad, quiere solo emitir un sonido lejano, toda su voluntad está puesta ahí, en cantar:

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2: Así se vería un cometa y un árbol ¿quizá un arupo? Nosotros, mirando el cometa desde el árbol, seguros de que iba a estamparse contra nuestra casa.

1: Podríamos iniciar un conteo también para ver el cometa. Mi mamá verá la catástrofe del Challenger haciéndose las más extrañas preguntas, mientras concluye que la tragedia tiene toda la relación con el cometa próximo a pasar por la Tierra.

2: Nos subimos en el árbol para ver al cometa, su cola larga está hecha de lo que se muere: el hielo que se hace agua.

1: El cometa se estrella contra el planeta y ocurre el fin del mundo.

Yo al fin del mundo claro que lo relaciono con la caída del cielo, con el estrellarse de todo contra el suelo, lo que tiene que pasar.

2: Fue un problema con el hielo: exactamente eso pasó con el Challenger, dice mi mamá.

1: Fue un día excesivamente frío, y unos cauchos que tenían que trasladar el gas no lo lograron, por el frío: toda esa tragedia, por el frío. Y por todo el dinero invertido en la propaganda "teachers in space". Fue culpa de Reagan, no solo del clima, añade mi mamá.

2: La tecnología opera así, a través del funcionamiento de lo más pequeño, se suceden toda una serie de encadenamientos que garantizan el éxito de eso que es volar, y a la vez, todo depende de las coincidencias más misteriosas y arbitrarias.

1: Un cometa visto a través de un microscopio.

2: Papá manda un microscopio desde París y nosotros vemos una hoja del arupo ahí, en la lámina transparente, debajo de la mesa del comedor.

1: Se dibuja en el cielo un brillo que vuela. Pocos días después, estalla una nave que iba al espacio con siete tripulantes, uno de ellos una profesora de colegio. Todos los niños mirando la tragedia.

2: Setenta y tres segundos después del despegue, la explosión y la caída.

Trozos cayendo al océano.

Se lee proyectada, sobre una de las paredes, la siguiente frase:

The meaning and content of our politics  are part  of  our lives,  an inseparable  and existential unity, and that’s why we struggle for these. (Fracción del ejército rojo)

2: Toda la ceniza diez años más tarde, tapándonos los ojos, en un hongo de igual tamaño.

*Fotografía de Edu León