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Kaspar de piedra

Laure Gauthier (extracto)

Traducción de Mariano Rolando Andrade

Número revista:

9

CAMINATA I



corrí, desnudo de otoño hacia las casas bajas


con la pesadez de la grava

y mis suelas de piel


Ese camino hacia nada seguro



que se quiebra en rancios susurros

ni siquiera un murmullo conocido, ni el término,   oculté, entonces

mi rostro en la tierra,

aplacado con la dulzura de la gleba, su olor





¿Y qué hacer con el dédalo del aire?


yo, él, infla el pulmón, solo conoce el remolino,





Tendido al mundo       eché el ojo al sol allá, y titubeé más lejos, blanco de ausencias y


Sin preguntas



Y nunca una exclamación en mí, ni asombro, ni siquiera una raya ni el punto,


Los dedos del pie aferrados a las glebas desconocidas


yo, él, corrrr mutilado hacia el campo siempre de nuevo girasoles


lágrimas perdidas, que podrían ahogarse bajo el mentón,


¡si tuviese un buche!


Mi cabeza es el estómago de una gallina.


llega cada imagen que   debo digerir, triturar


dentro del bolsillo


sorda elocuencia de una cabeza llena de aire y de ruidos de esquirlas,


al ritmo de las imágenes


que se detienen, de vidrio, en mí,


¿Pero por qué la crónica no cuenta que    me perdí en el amarillo?



¿y que entonces la rodilla apoyada adelante de la primera flor?





Yo que iba a descubrir las nubes y lo escrito en el mismo segundo,


(eso que me dice la dilatación  del recuerdo)


escuché el papel arrugarse con la letra ilegible que


yo, él, deb b bo    trazar


           de repente

y que significó muy pronto: CAMINAR



Al salir   recordaba las nubes


Como el ciego imagina el círculo




Y allá entre los altos pantanos, me abro paso a la altura de los hombros


y veo al fototropo inclinarse ante mis pasos


y cuanto más yo, él, camina na naba más sofocantes y negros se volvían los soles


llegué entonces al país rendido,


la tierra me daba frío bajo las uñas


Mis plantas gastadas un poco rojas ya


¿de dónde?





en un dolor sordomudo, me dijeron que camine,


Sin una palabra, sin deseo, más que por la vida, allá me van a llenar


de restos de todas las rajaduras


                     mis brazos se balancean


y avanzo en un impulso petrificado


vacunado


¡Viva el siglo XIX!





tierra casi demasiado mullida,


y esos topos que quizás ya no saldrán, ese término que solo aprenderé de un libro


y la hierba tan fresca de la primavera





salí del hoyo como quien vuelve a la vida,





¿Cuenta uno su lapidación? Surgimiento de debajo de la piedra. Para


qué voz,



Los versos del niño en el armario están en la tierra



La ciudad se sacudió con un espasmo eugenésico, el bello heredero del ducado de Baden, mi piel tan suave, mis ojos tan azules, mi inocencia, escribían ustedes, o el espantoso usurpador, solo grandezas


me otorgan ustedes


pero tú la niña cochina, sabíamos de dónde venías, del vientre de la campesina que por la noche gozaba cerrando sus postigos,


sabiéndote entre las bestias, en el lodo. Menos azul tu misterio entonces


todas las hojas,


blanc ca ca cas


Desaparecen de tu boca cosida de angustias


Hoguera de cuatro patas que las veía por debajo de la puerta de gruesa madera. ¿Podías imaginar que venías de ellos?


Y en mí, el inicio no va a ser dichoso


Promesa de saciedad,


yo, él, se arrastra hoy en modo futuro anterior


                                                     y camino con una vaga esperanza de calveros como quien se hunde en el lago negro de una montaña imaginada





Yo, él, atrap p pa imágenes al vuelo, como ahogan a las mariposas, y tengo a mi tristeza en bandolera.


incluso de las piedras       ignoraba el nombre


vi todo allá, por primera vez.


Cuántas hojas había, de pronto


y todos esos vientos que zumbaron entonces entre mis silencios


yo que solo vi muros y puerta


sin saber que unos retienen y la otra abre


sin experimentarlo





La humedad me reconoció fácilmente,


              la agonía del despertar, el imposible recuerdo del primer abismo,

                     el grito primero


de la mañana,


la ausencia de caricias,


olas de carencias,


cabeza rociada de ausencias


de dónde habría      aprendido que el sufrimiento se arroja hacia,


que el dolor tiene una dirección


Ningún animal de mi talla pasa por el horizonte      y        no deduzco nada de ello, nunca.


¿Y la caricia de mis cintas que marcaban el día?


rayas oblicuas, estriaron el polvo del escondite


Aún mojado de murmullos, sin que haya sido necesario levantarse,


Cuando las preguntas eran solo agujeros blancos


Que ellos no cesaron de llenar


Mi silencio


había cubierto todos los crujidos de las hojas, todos los pasos, ningún abrazo


las piedras incluso ellas, se volvieron hacia mí, y ya nunca tendrán la fuerza de recibir a un niño,


es insoportable pensaban.


E   ignoro forzosamente todo del mausoleo de verso que me levantaron nuevamente cada vez, y


Uno se arrodillará elocuente y melancólico ante las manchas en mis frases por venir,


Encerrado = sin experiencia = corazón puro = verbo primero = ¿¡poesía!?


      construí con mis tutores mis primeros recuerdos,    hice un album, fabriqué mi cuerpo defendiendo una crocronología


Sin alboroto se echa a volar la casa de los silencios


Todo me deja en este momento,


Lejos de las piedras que me miran


Y      vacilo en la vida


Y todos esos ojos que me esperan en la ciudad


Y la espuma de sus por qué





kaspar de pierre (extrait)



MARCHE I



   ai couru, nu d’automne vers les maisons basses


avec la lourdeur du gravier

et mes semelles de peau


Ce chemin vers rien de certain




qui se brise en bruissements rances

pas même une ronce connue, ni le terme,   ai caché, donc

mon visage en terre,

apaisé à la douceur de la motte, son odeur






Et que faire du dédale de l’air?


Jl bombb le poumon, ne sait que le tournoiement,





Tendu au monde      ai louché vers le soleil là-bas, et titubé plus loin, blanc d’absences et


Sans questions




Et jamais d’exclamation en moi, pas d’étonnement, ni même un trait ni le point.


Les orteils cramponnés sur les mottes inconnues



Jl courrrr tronqué vers le champ toujours à nouveau de tournesols


des larmes perdues, qui pourraient s’étouffer sous le menton,


si    avais un jabot !


Ma tête est le estomac d’une poule,


chaque image vient que   dois digérer, concasser,


en dedans la poche


sourde éloquence d’une tête pleine d’air et de bruits de bris,


au rythme des images


qui s’arrêtent, de verre, en moi


Mais pourquoi la chronique ne raconte-t-elle pas que    me suis perdu dans le jaune?




et qu’alors le genou posé devant la première fleur? 





Moi qui allais découvrir les nuages et l’écrit à la même seconde,


(ce que me dit l’évasement  du souvenir)



entendis le papier se froisser à la lettre illisible que


jl devvv  tracer


     soudain


et qui significa bientôt : MARCHER



En sortant    me souvenais des nuages


Comme l’aveugle se figure le cercle




Et là parmi les hautes fagnes, me fraie un passage à l’hauteur d’épaules


Et vois le phototype s’incliner à me pas


Et plus jl marchch ch ch plus les soleils devenaient lourds et noirs


   arrivai donc au pays capitulé,


la terre ne donnait froid sous les ongles


Mes plantes usées un peu rouges déjà


d’où ?





dans une douleur sourd-muette, on m’a dit de marcher,


Sans mot, sans désir, outre à la vie, on va me remplir là-bas,


des copeaux de tous les ébréchés


                suis ballant


et avance dans un élan pétrifié


vacciné


Vive le XIXe siècle !





de la terre presque trop meuble,


et de ces taupes que ne sortiront peut-être plus, de ce terme que n’apprendrai que d’un livre


et l’herbe si fraîche au printemps





suis sorti du trou comme l’on reviendrait à la vie,





Raconte-t-on sa lapidation ? Émergence de dessous la pierre. Pour 


quelle voix.



Les vers de l’enfant placard sont dans la terre



La ville s’est secouée d’un spasme eugénique, le bel héritier du duché de Bade, ma peau si douce, mes yeux si bleus, mon innocence, écriviez-vous, ou l’affreux usurpateur, que de grandeurs



vous me prêtez 




mais toi l’enfant cochon, on savait d’où tu venais, du ventre de la paysanne que le soir jouissait en fermant ses volets,


de te savoir parmi les bêtes, dans la fange. Moins bleu ton mystère alors


toutes les feuilles,


blanch ch ch


Disparaissent de ta bouche cousue d’angoisses


Brasier à quatre pattes que les voyait de dessous la porte de gros bois. Pouvais-tu imaginer que tu venais d’eux ?


Et chez moi, l’entame n’est pas à venir joyeux


Promesse de satiété,


Jl traine aujourd’hui en mode futur antérieur




                                      et marche avec un vague espoir de clairières comme l’on s’enfonce dans le lac noir, d’une montagne imaginée





Jl attrapp des images au vol, comme ils étouffent les papillons, et tiens ma tristesse en bandoulière,


mêmes des pierres            ignorais le nom

 

ai tout vu là, pour la première fois.

 

Que de feuilles il y avait, soudain

 

et tous ces vents qui bruissèrent alors entre mes silences

 

moi qui n’ai vu que murs et porte

 

sans savoir que les uns retiennent et l’autre ouvre

 

sans l’éprouver

 

 


 

L’humidité m’a reconnu facilement,


         L’agonie du réveil, l’impossible souvenir du gouffre premier, 

              le premier cri


du matin,

 

l’absence de caresses,

 

vague de manque,

 

tête brumisée d’absences

 

d’où aurais appris que la souffrance se jette vers,

 

que la douleur a une direction

 

Aucun animal de ma taille ne passe à l’horizon    et      n’en déduis rien, jamais.

 

Et la caresse de mes rubans qui hachurait la journée ?

 

traits de biais, ont strié la poussière de la cache

 

Encore mouillé de murmures, sans qu’il n’ait fallu se lever,

 

Alors que les questions n’étaient que des trous blancs

 

Qu’ils n’ont cessé de remplir




 

Mon silence


avait recouvert tous les bruissements de feuilles, tous les pas, aucune étreinte

 

les pierres, même elles, se sont retournées à moi, et n’auront plus jamais la force d’accueillir un enfant,

 

c’est intenable pensaient-elles.

 



  

Et   ignore forcément tout du mausolée de vers qu’on m’a dressé toujours à nouveau, et

 

L’on s’agenouillera éloquent et mélancolique devant les taches dans mes phrases à venir,

 

Muré = sans expérience = coeur pur = verbe premier = poésie !

   

    ai construit avec mes tuteurs mes premiers souvenirs,    ai fait album, fabriqué á mon corps défendant une chrchronologie





Sans fracas s’envole la maison des silences


Tout me laisse à présent


Loin des pierres qui me regardent


Et      vacille à la vie


Et tout ces yeux en la ville qui m’attend


Et l’écume de ses pourquoi






*Extraído de kaspar de pierre (La Lettre Volée, Belgique, 2017).



Laure Gauthier (Courbevoie, Francia, 1972)

Poeta y artista multimedia, concibe sus textos como espacios de vigilancia poética y política. En ellos se interroga al mismo tiempo sobre el lugar de la sensibilidad, especialmente de la voz y el tacto, en un mundo ultrarracionalizado, y el lugar del documento y el archivo en la experiencia de la violencia individual y política. Ha publicado recientemente kaspar de pierre (2017),  je neige (entre les mots de villon) (2018) y les corps caverneux (2022).


Sus textos tienen una dimensión polifónica que permite crear una distancia vigilante entre la perspectiva singular y la colectiva, la poesía objetiva y subjetiva. Ese trabajo continúa a través de diferentes colaboraciones con artistas contemporáneos, especialmente en el área del sonido: “back into nothingness” (música de Nuria Gimenez-Comas) fue creado en el Théâtre National Populaire en marzo de 2018, y la instalación “Etudes pour théâtre acoustique” (composición de Pedro García Velásquez) fue presentada en el  Zentrum für Kunst und Forschung (ZKM) (2018).


Laure Gauthier realiza de manera regular lecturas perfomáticas y publica en revistas francesas como Po&sie, Vacarme, La moitié du Fourbi, Phoenix, Sarrazine, l’Etrangère, Remue.net, así como manuskripte (Austria) e Insula Europae (Italia).



Mariano Rolando Andrade (Buenos Aires, Argentina, 1973)

Escritor, poeta, traductor y periodista. Vive en París y ha publicado Los viajes de Rimbaud (1996), Poesía Beat (2017), Canciones de los Mares del Sur (2018) y Aristas, relatos en los confines de Europa (2021). Editó Luisa Futoransky: Los años argentinos (2019), primer volumen de la obra completa en verso de la poeta argentina. Fue seleccionado en la antología de poesía Buenos Aires no duerme (1998) y Atlas de la Poesía Argentina (2019) y ganó el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional (RFI) a mejor cuento en lengua francesa (2001). Colabora en diferentes revistas literarias de América Latina y sus poemas han sido publicados en Argentina, México, Colombia, Chile, Venezuela, España, Francia y Marruecos, y traducidos al francés, el italiano y el árabe.