Un hombre mira la rama vaciado de sus ojos y de toda esperanza En la hierba las avispas oscilan levantadas AQUÍ HAY UN ZUMBIDO QUE HACE QUE LAS PALABRAS QUE USAS SOBREN SIEMPRE ESTORBEN
Mujer moneda, me llamaste desde los intersticios de tus miembros sin juntura. Cuando decidí escucharte, era ya parte de los juegos de agua de tu vientre.
Un día Dios contagió la epidemia de un punto suspensivo y cinceló las historias que un fabricante de lápices espoleaba en un paisaje; no tenía madera para predecir el aroma del agua, ni el infinito en su reflejo.